La septentrionalidad del síndrome de Fausto

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Y es que mi hermano tiene tres aficiones fundamentales. La primera es la lingüística y la reflexión sobre el lenguaje y la gramática. La segunda es saberlo todo, lo cual se debe a que padece lo que un día descubrió que se llamaba el «síndrome de Fausto», del que luego hablaré con más profusión o, mejor dicho (que mi abuelo me ha advertido que profusión no quedaba bien aquí), con más detenimiento. De momento baste con saber que, por padecer este síndrome, mi hermano generalmente se pasa el día leyendo o viendo películas de las muchas listas que consulta y que se prepara.
Su tercera gran afición es salir de fiesta los viernes hasta muy tarde. Esto último podría resultar algo chocante en una persona seria y culta; y efectivamente, cuando era más pequeño no salía mucho, pero un día un amigo le dijo que aunque era una persona muy culta, no era una persona diez, porque para eso había que salir también. Y como el síndrome de Fausto obliga a abarcarlo todo, mi hermano consideró que era oportuno salir y aprender cosas de la noche. Lo de salir hasta muy tarde también se explica a partir del síndrome de Fausto, como un síntoma por el que uno intenta no perderse nada de lo que pasa.

En una mezcla de sus tres aficiones, cuando mi hermano quiere ligar en una discoteca con una chica, le hace pasar la «prueba de septentrional». Esto quiere decir que, para saber si una chica le conviene o no, le pregunta si sabe lo que significa septentrional. Puede parecer mentira, pero nunca le han respondido bien. Él se indigna y dice: «¡¿Qué pasa, que la gente no ve el pronóstico del tiempo o qué?!».

Phonto(24)

Una noche, hace poco, conoció a una chica de Canarias en una discoteca y le hizo pasar la prueba, pero además con prolegómenos. Para empezar, una vez que supo que la chica era canaria, le preguntó que de qué isla era:

—Porque se pregunta así, ¿no?, por la isla.

Ella, algo contrariada, le contestó:

—Bueno, es una manera de preguntarlo.

Y le dijo que era de Gran Canaria. Luego mi hermano ya pasó a decirle que tenía que hacerle una pregunta que ninguna chica le había respondido nunca, pero que ella seguro que lo iba a saber porque notaba que había algo especial entre ellos. Mi hermano creía ir sobre seguro porque suponía que, al ser la chica de las Canarias, habría tenido que oír muchas veces la palabra septentrional, pues todo en España le pillaba al norte. Pero la chica no solo no sabía lo que significaba septentrional, sino que encima se lo tomó a mal y se apartó de mi hermano señalándole con dedo acusador, amenazando miedo y diciéndole que era muy raro por hacer esas preguntas. Eso sí, se llevó con ella la copa a la que mi hermano le había invitado.

bandera almagriz
Bandera de la Comunidad de Almagriz

La más correcta respuesta a la prueba de septentrional con la que mi hermano afirma haberse encontrado es la que le dio una chica gallega, que le contestó que seguro que tenía algo que ver con el número siete. Yo creo que esto lo cuenta para aprovechar la cara de extrañeza que la gente pone con lo de siete y así pasar a explicar de dónde viene la palabra septentrional y por qué se utiliza para referirse al norte; aunque la verdad es que creo que ni él lo sabe del todo bien. Dice que es porque la Osa Menor, que contiene la estrella polar y que, por tanto, marca el norte, tiene siete estrellas (las mismas que se representan en la bandera de Almagriz, nuestra ciudad, según nos contó un día; pero no así, y esto podría excusar a la canaria, las de la bandera independentista canaria, las cuales representan las siete islas del archipiélago, sin contar San Borondón).
Dice que de las siete estrellas viene lo de sept-, y que las estrellas son como bueyes, porque se mueven muy lento y, probablemente, porque tiran del carro que forman, y que en latín bueyes se dice triones. Por tanto, septentrión significa ‘siete bueyes’ y marcan el norte porque forman parte de la Osa Menor.

Viendo esto, no os creáis que mi hermano es el típico pedante, petulante, cultureta o, como dice él «ojilato periculto» (sacado de un libro de Reverte en el que Quevedo llama así a Góngora), que critica a la gente porque no sabe cosas. Todo lo contrario: mi hermano odia a ese tipo de gente. En el caso de septentrional, por ejemplo, dice que no le importa el hecho concreto de que una chica no sepa lo que significa septentrional, sino lo que esto implica. Dice que la palabra septentrional sale mucho en la tele y que si alguien no sabe lo que significa es porque no ha sentido curiosidad ni se ha tomado la molestia de buscar su significado en el diccionario en una de las muchas veces que la ha oído, con lo importantes que son para él la curiosidad y los diccionarios.

Y la cosa es que es verdad. Una vez que te empiezas a fijar por ahí, esta palabra aparece muchísimo, no solo en el pronóstico del tiempo, donde sale casi tanto como lo de «nubes de evolución», sino en todas partes.

De todas formas, pese a lo que pueda parecer, mi hermano a veces liga; seguramente en las noches en las que se le olvida lo de septentrional. Pero ya lo iremos viendo.

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