Becós

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Esa noche mi hermano casi no pudo dormir, no solo por el agudo dolor que sentía cada vez que giraba en la cama hacia la derecha, sino porque al no poder dar vueltas en la cama, empezó a darle vueltas a la cabeza pensando en quién podía ser aquel estudiante, cómo podrían encontrarle de nuevo y, sobre todo, en qué contendría aquel Manuscrito.

¿Cómo se habría originado el lenguaje? ¿Acaso alguien nos lo trajo de algún planeta extraterrestre? ¿Algún dios? ¿Sería una idea de algún inteligente neandertal? ¿Cómo se habría desarrollado? Por fin iba a descubrirse la verdad y no haría falta leerse más artículos y libros de algunos lingüistas que en vez de acercarse a los orígenes del lenguaje se alejaban con extravagantes e insostenibles teorías.

Entre otras cosas, le vino a la cabeza una historia que había leído en su libro de griego del colegio en un extracto de Herodoto, perdón, Heródoto, sobre la manera como se descubrió quiénes eran más antiguos, si los frigios, el pueblo del rey Midas de Asia antigua, o los egipcios. El método fue terrible, pero Maquiavelo mediante, la historia es curiosa.

Resulta que un rey egipcio quería demostrar que su pueblo era más antiguo que el frigio y para eso le dio dos recién nacidos a un pastor con la orden de que les alimentara, pero que no les hablara nunca, y los tuviera en una cabaña sin permitirles salir al mundo. A los dos años, en un momento que estaban hambrientos, los dos niños se dirigieron al pastor diciendo «becós». Cuando el pastor se lo contó al rey, este investigó y descubrió que en frigio becós, significa ‘pan’, con lo que tuvo que admitir que el frigio era más antiguo porque frigia era la palabra que naturalmente les había venido a la boca a dos niños hambrientos.

Para mi hermano esta historia era apasionante en todos los sentidos, sobre todo por el hecho de que al principio las palabras tuvieran una forma natural, antes de cubrirse del polvo fonético de los años. Ahora estaba mucho más cerca de conocer esos inicios del lenguaje, si es que era capaz de encontrar el Manuscrito.

Manuscrito va y Manuscrito viene, lo bueno es que esa noche no hubo tiempo de pensar en su novia de Santaél, ni en las tres Natalias ni en Camila 1 y Camila 2 o Cami 1 y Cami 2 —ya contaré el porqué de este orden—, ni en su novia de Tierranaba ni en ninguna otra. El lenguaje bien entendido es para mi hermano algo que lo supera todo.

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