Vuelo a Favencia (2): Los rapes

También recordaron la historia de «soy de Cuevah». Resulta que unos kilómetros antes de llegar a Roldana, había un cartel con el nombre de cuatro pueblos de alrededor: Bastetania, pueblo de su amiga Lupita y de la mencionada Rocío, la de las manos que son un desvarío, pueblo en el que curiosamente había mujeres con una parte del cuerpo bastante desarrollada haciendo honor al nombre del pueblo; en el cartel también estaban Marmoel, otro pueblo de por allí, Arbol, que se pronuncia como palabra aguda, y Cuevas del Surbo. Nunca habían comentado nada acerca del cartel aunque sí se habían fijado en él. Pero un año no sé por qué salió el tema entre Chindas y mi hermano. Como a mi hermano le da en Valhalla por imitar el acento de la zona de tal manera que acaba hablando como Brad Pitt en Snatch, es decir, de tal manera que solo se le entienden las últimas dos palabras de todo lo que dice, siendo extraños murmullos el resto, decidieron a partir de entonces que cada año mi hermano se tenía que hacer pasar por oriundo o autóctono de uno de esos pueblos cuando entraran a chicas o rapes —que así llamaban a las chicas, como luego le contaron a Quero— en las discotecas. El primer pueblo elegido fue Cuevas (pronunciado [Cuevah]) del Surbo. Así, cuando llegaban a un grupo de chicas y ellas les preguntaban de dónde eran, mi hermano respondía:

—Somos de Cuevah.

Y las chicas se lo creían, hasta tal punto que, según cuenta él, y así se lo contaron a Quero en el avión, cuando al año siguiente empezó mi hermano a decir que era de Arbol, pronunciado como Arbóh, que era el pueblo que tocaba ese año, una chica le replicó:

—¿Pero tú no eras de Cuevah?

Y luego el año que eran de Marmoel, pronunciado Marmoé, se les ocurrió decirle a unas chicas que también eran de allí nombres de gente que conocían del pueblo y, claro, acertaron en varios porque dijeron nombres bastante corrientes. Las chicas estaban entusiasmadas.

Cuando se les acabaron los pueblos del cartel empezaron a coger nombres de otros pueblos, como Los Zorros, que estaba al lado de Cuevah.

También contaron la historia de los rapes. Todo empezó un día que mi hermano ligó en Pequod, que era la alternativa a Valhalla las noches que esta última estaba demasiado llena, con una chica a la que, por tener los ojos muy separados, la empezaron a llamar rape y más cuando vieron que en la foto que tenía en el WhatsApp cada ojo tocaba un lateral. De ahí, por extensión, empezaron a usar rape para referirse a cualquier chica cada vez que iban a ligar a Valhalla y a la acción de ir de caza como hienas la empezaron a llamar rapear. La palabra rape pronto infestó su léxico. Hasta tenían apuntado en el móvil el número de la furgoneta taxi de Roldana como furgorrape. Tanto les dio por los rapes que hasta les dedicaron una canción. Esta es la letra, que debe cantarse con el ritmo de Musica de Fly Project, canción que sonaba mucho aquel verano:

El amor del rape
¡Ay, como te atrape!
Criaturas abisales
Ya no hay quien escape.

Allá van las hienas
buscando faena
son unos animales
que siempre rape cenan.

Y no era la única canción para la que tenían su propia letra. Un día que vieron a un tío sin dientes en una discoteca se inventaron la siguiente letra, con música de Beso en la boca de Axe Bahia:

Diente en la boca
es cosa del pasado
la moda ahora es
enamorar mellado.

Y es que a Chindas y a mi hermano les encanta cantar juntos. Mi hermano no canta nada bien, pero se complementa a la perfección con Chindas, del cual hay rumores de que lo hace tan bien que el Shazam puede detectar qué canción está cantando. Lo de que les encanta cantar lo puede atestiguar una vecina de Pera Playa que vivió o más bien sufrió en directo a mi hermano y a Chindas cantando a grito pelado una frase cada uno de un piso a otro de la casa de Chindas. En este caso la canción era la de Hasta que el cuerpo aguante de Mago de Oz. También, Carla, una antigua compañera del JAEIC de mi hermano, vivió todo un viaje de vuelta desde Favencia con los dos sentados alante cantando y, no contentos con eso, al llegar a casa de Chindas, parados antes de que se bajara este, después de toda la paliza del viaje, todavía tuvieron fuerzas de endosarle entera a Carla la de Kantamelade de Lagarto amarillo, que dura unos ricos cuatro minutos y veinte segundos.

También contaron la historia de cuando un día mi hermano estaba con Lupita a la salida de Pequod y a la hora de buscar un taxi de vuelta, lo cual era una odisea porque la alcaldesa de Monsácar solo dejaba que hubiera cuatro o cinco taxis, decidieron ir a una rotonda que estaba en lo alto de una cuesta, pero otras amigas consideraron mejor irse a la parte de abajo de la larga cuesta. Después de mucho esperar, pasó un taxi furgoneta, es decir, un furgorrape, de los que tenían capacidad para ocho personas y mi hermano, aunque estaba harto ya de esperar, con su honradez habitual, cuando el furgorrape paró para cogerles, le dijo al conductor que mejor buscara a un grupo más grande, que le iba a salir más rentable. El conductor asintió y se lo agradeció. Cuando se hubo ido, Lupita le dijo a mi hermano:

—Pero si el precio para él iba a ser el mismo. Es solo que nosotros pagamos más.

Mi hermano se dio cuenta del error y se rió porque era la típica cosa absurda que le hacía gracia, como lo de que para repartir una pizza (perdón, pizza, que ahora se escribe en cursiva) entre seis personas hay que partirla en cuarenta y ocho trozos: los ocho trozos habituales y luego cada trozo en seis.

Pero lo mejor de todo fue que al bajar por la cuesta, a las dos amigas que no habían querido subir con mi hermano y con Lupita a la rotonda, al parar al furgorrape, el conductor les repitió las palabras de mi hermano, es decir, que no las cogía porque no le iba a salir rentable. Las chicas se quedaron a cuadros y más cuando lo comentaron al día siguiente y mi hermano cayó en la cuenta de que había sido por su culpa y se rió de ellas:

—¡Toma! Por no haber querido venir con nosotros.

Él pensaba que no lo habían hecho porque estaban celosas de que mi hermano estuviera con Lupita.

Otra de las historias que contaron fue la de la chica que se les quedó mirando a Chindas y a mi hermano un día en Valhalla y, sin venir a cuento, valoró su forma de vestir, diciéndole a mi hermano, que como siempre llevaba su camisita y su pantaloncito de colores y las alpargatas a juego, con aire de desaprobación:

—Tú vas muy pijo.

Y luego a Chindas, que llevaba una camiseta con el cuello abierto hasta casi el ombligo:

—Tú vas más normá.

O la del día que mi hermano y Chindas estaban berreando una canción en Roldana y, cuando una chica se les acercó recriminándoles que cantaba muy mal y muy alto, la miraron, vieron que llevaba una camiseta con la bandera de Estados Unidos y le empezaron a gritar, aún más alto de lo que estaban cantando, «¡¡¡Omaha, Omaha!!!», cosa que habían sacado de su amigo Alfonsito, el del mus, quien para darle importancia a las cosas que decía siempre aseguraba que lo había leído en un estudio de la universidad de Omaha, Wisconsin. Ante tales gritos la chica, seguramente creyendo que lo de Omaha era un insulto, se dio la vuelta y se fue, asumiendo que se había equivocado a la hora de elegir a quién recriminarle que cantaba mal.

Contaron también la historia del día que en el reservado del Valhalla una rubia relaciones despampanante al ver el nombre de Chindas en su DNI supo que procedía de un rey visigodo. La razón era que había estudiado Historia. Aprovechando la ocasión, mi hermano se quedó luego jugando con ella al Trivial en el móvil y, por tanto, nunca mejor dicho, metiendo fichas.

Lo de flirtear con mujeres a través de juegos culturales le encanta a mi hermano. Lo mismo pasó el día que estando en Nueva Isla con Cesc estuvieron ligando con unas camareras jugando al quinito cultural, que es uno de los juegos que más le gustan a mi hermano. El quinito cultural consiste en que alguien en un grupo elige un tema, por ejemplo marcas de tabaco, y cada uno tiene que ir diciendo nombres hasta que a alguien no le venga otro o repita alguno ya dicho. En aquel caso uno de los temas que salió fueron dramaturgos americanos.

Capítulo siguiente       Vuelo a Favencia (1)

Índice

Anuncios

3 thoughts on “Vuelo a Favencia (2): Los rapes

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s