Prometeus

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Ya en casa del Rey Escorpión, dejaron las maletas, se saludaron, mi hermano y Quero conocieron a Kiko, que también se iba a quedar esos días allí, recordaron, por supuesto, la historia de los entrecots y decidieron que esa misma noche irían a buscar unos cuantos, cosa que mi hermano aceptó con la boca pequeña porque no quería estar de resaca para ir a Altair.

Mi hermano aprovechó el momento de deshacer las maletas —él nunca la deshacía ni colgaba las cosas en perchas porque le daba igual tener arrugadas sus prendas— para mirar el móvil y ver los megustas a lo que había escrito en su muro de Favencia. Entonces vio que una de las chicas que había puesto megusta era una a la que había conocido el fin de semana anterior y a la que, como hacía siempre, había prometido que iban a ir al cine el miércoles. ¡Ups! Mi hermano supo que era el típico megusta que significa «no me gusta» o mejor aún «no me gusta que estés en otro sitio cuando has quedado conmigo esta semana». Siempre le pasaba lo mismo, aunque en este caso con algo más de excusa. A mi hermano más de una chica se le ha quejado diciéndole que promete demasiado. Alguna hasta le llama Prometeus. Sus amigas Pichuki y Lupita, por ejemplo, pero también Adela, otra buena amiga del JAEIC, se enfadan con él y le dicen que no puede ser siempre así, que no puede estar siempre mintiendo, que no puede quedar con una chica para ir al cine y luego no escribirle el día que han quedado. Mi hermano, que como he dicho, nunca miente, se excusa diciendo que, cuando él promete algo, en ese momento tiene la intención de cumplirlo, o sea que no es mentira. Dice que lo que pasa es que luego lo piensa mejor, le da pereza y que, además, no es solo él el que no escribe, que si a él le escriben recordándole la promesa él no se negaría a quedar, pero que si no le escriben, que es lo que suele pasar, entiende que es que a la chica no le interesa. A esto siempre le responden que es el chico el que tiene que tomar la iniciativa.

Un día una chica que le había dicho que se iba a ir un mes de vacaciones en verano y que le gustaría verle antes esa semana le preguntó que por qué no había querido quedar con ella, vamos, que por qué no le había escrito para quedar. Él salió con una de sus clásicas evasivas:

—Es que si quedamos y resulta que me gustas, luego estoy todo el mes triste echándote de menos y pensando en ti, y, si no me gustas… o no te gusto yo a ti —con esto trataba de arreglar lo dicho— pierdo la ilusión de saber que en septiembre, cuando volvamos, podemos quedar y empezar algo.

Y esto que lo dice mi hermano medio en broma, luego los domingos (o lunes) de bajón le pasa factura, porque le gustaría poder ir con una chica al cine… si no tiene otro plan.

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