En el circuncamino

9

Ya fuera se miraron todos y Quero pronunció la famosa frase:

—¿Y ahora qué hacemos?

Esta frase nació a partir de un día en el que estaban en el pueblo de sus amigos, los hermanos Raposo, cuya tía era la alcaldesa. Como sobrinos de la alcaldesa, y como amigos de ellos el resto, fueron recibidos con todos los honores, adulación y lagotería por el propietario del bar al que acudieron. Todo iba muy bien, con alguna copa gratis incluida, hasta que en un lance del billar, mi hermano sin querer le dio un codazo a una copa que Mamut había dejado en el borde de la mesa y cayó todo encima del tapete. El propietario acudió raudo al lugar del desastre y empezó a despotricar alegando que el tapete estaba recién puesto y que le había costado una pasta, pero, claro, cuando vio que uno de los sobrinos de la alcaldesa estaba involucrado, entendió que no podía hacerle pagar el tapete. Viéndose en aquel atolladero, sin saber muy bien qué hacer, le soltó a Mamut el susomentado «¿Y ahora qué hacemos?». Y desde entonces para cualquier situación en la que es difícil ver una salida factible y beneficiosa, mi hermano y compañía siempre lo usan.

Lo de susomentado, por cierto, me lo enseñó un día mi hermano, después de haberlo leído en La tía Tula de Unamuno. Igual que pasa con susodicho, el suso delante de susomentado  viene de sursum que significa ‘arriba’ en latín, como en «sursum corda» de misa, que significa ‘hacia arriba los corazones’ y que se decía en el momento en el que ahora se dice «Levantemos el corazón». También de sursum procede el nombre del Monasterio de Suso de San Millán de la Cogolla, es decir, el de arriba, en contraposición al Monasterio de Yuso, el de abajo, que viene de deorsum en latín. Se podría, pues, usar yusomentado, para referirse a ‘mencionado más abajo’, aunque quizás, mejor sería usar yusomentando, con un gerundivo, porque lo que se quiere decir es lo que será mentado más abajo.

Y ya que he mencionado la misa, un día mi hermano preguntó «¿Sabéis de dónde viene la palabra misa?». Y nos explicó que significa algo así como ‘despedida’, y que se cogió el nombre porque al terminar la misa el cura decía «Ite, missa est», es decir, ‘Idos, es la despedida’. Este missa viene del verbo mittere ‘enviar’ y, por tanto, tiene el mismo origen que premisa, misión, promesa, todos los verbos en –mitir, y muchas más.

Viendo esta larga explicación me asusta pensar que se me pega demasiado el estilo de mi hermano. Quizás no debería escribir tanto sobre él. Pero sigo con la historia:

—Pues sí, buena pregunta, ¿ahora qué hacemos? —dijo Chindas—. Tenemos que conseguir entrar de cualquier manera. No hemos venido a Favencia para nada.

—Es que a quién se le ocurre venir sin ningún plan —se quejó Quero.

—Ya dijo Eisenhower que los planes pueden ser inservibles, pero que hacer planes es indispensable —añadió Chindas.

—Bueno, bueno —templó mi hermano—. Todavía no hay nada perdido. Lo único es que no habíamos tenido en cuenta que nos íbamos a encontrar con una recepcionista a la que no se podía convencer de ninguna manera.

—¿Y si hubiera sido un chico? —protestó Quero.

—Pues hubiera dao igual —dijo Chindas riéndose, insinuando que mi hermano habría intentado ligar con él igual.

Habría dado igual —corrigió mi hermano, destacando más el habría que el dado.

Y es que como ya he dicho antes, mi hermano se pone nervioso cuando la gente utiliza el subjuntivo en vez del condicional en estos casos. Dice que el subjuntivo no puede aparecer en oraciones principales afirmativas. Alguna vez nos ha explicado que cuando se dice «Hubiera hecho eso, si me lo hubieras pedido», se está utilizando un hubiera hecho subjuntivo como verbo principal y que el subjuntivo solo aparece en oraciones principales cuando son optativas o de deseo como en «Quiera Dios» u «Ojalá llueva» o de mandato con negación: «No digas eso». Cosas suyas. De hecho, leí alguna vez que este subjuntivo en oración principal en verdad se debe a que esta forma subjuntiva procede del pluscuamperfecto de indicativo del latín y en casos con verbo auxiliar como hubiera se mantiene, igual que pasa en el auxiliar poder en Pudiera ser que venga. También creo recordar que se ven restos de esto en casos sin auxiliar como «Entonces dijo eso, como ya dijera Pepito», en vez de «como ya había dicho Pepito». Pero, bueno, tampoco lo entendí del todo bien. ¡Y cualquiera se lo pregunta a mi hermano…!

El caso es que como no habían conseguido entrar se pusieron a dar vueltas al edificio —igual que hace mi hermano muchas veces cuando vuelve de fiesta para que se le pase un poco la borrachera y no tener que echar luego el ancla en la cama—, en busca de pistas u otras puertas por donde acceder. Por el circuncamino, mi hermano iba contando sus problemas con el subjuntivo. Después de estudiar las posibilidades, convinieron en que se tenían que colar por la noche por una puerta de un sótano que habían visto y que era muy parecida a la que vieron mi hermano y Quero en la calle del Seminario de Nobles en Almagriz, la cual aún tenían grabada en la mente como primer paso en su búsqueda y con la que, por tanto, entendieron que era normal que esta guardara una relación, como si el que había escondido el Manuscrito fuera un arquitecto que había decidido construir los distintos escondrijos con el mismo estilo. La verdad es que aunque hubieran sabido que aquella pista era falsa, no habría importado. Cuando relacionamos dos cosas en el pasado, muchas veces se nos quedan guardadas como asociadas aunque hayamos descubierto más tarde que no era verdad que lo estuvieran. Por eso, por ejemplo, hay que intentar no bromear con determinadas cosas, porque puede que, una vez revelado que no eran verdad, la persona a la que se le ha gastado la broma siga teniendo conciencia de que es verdad.

No sé si tiene mucho que ver, pero esto me recuerda a lo que pasa por ejemplo con la ortografía o con los significados de las palabras. Hay palabras que por mucho que se lean, si se nos metieron en la cabeza de una forma, cuesta mucho cambiarlas en la cabeza. Mi hermano me estuvo hablando de esto una vez:

—Hay palabras que cuesta aprender cómo se escriben porque, por algún motivo, uno diría que se escriben de otra forma. Por ejemplo, me pasa con algarabía, que siempre creo que es con v, o con deslavazar, que es la típica que parece que se escribe con b, y curiosamente a mucha gente le pasa con ermita, que se suele escribir con hache, quizás porque empieza como hermano, o porque, claro, en inglés es hermit. También pasa con inflar, quizás por influencia de hinchar o con urna, que no sé por qué a veces dan ganas de ponerle una hache. Lo de cirugía con j es comprensible por cirujano; a veces hasta yo dudo. También por ejemplo a una palabra como rencoroso dan ganas de ponerle una segunda e, reencoroso, y eso que rencor no hay dudas de que solo es con una e.

Y seguía:

—Y con los significados igual. Me costó muchísimo empezar a ver hostilidad como algo negativo; yo siempre lo había entendido como hospitalidad. También me pasa con espaldarazo, que también lo había visto siempre como algo malo, como dar la espalda a alguien; con airado, que me parecía algo bueno porque pensaba que venía de aire y no de ira, y con animosidad, que aunque puede significar ‘ánimo’, también puede significar ‘aversión’. Ah y con arreciar, que para mí siempre era que paraba la lluvia hasta que comprendí que era que se hacía más recia. Y sé que a mi amiga Margarita le pasaba con pingües beneficios, que parece que quiere decir que fueron beneficios escasos, hasta que uno aprende que en latín pingue es grasa y que está relacionado con pringue y pringar y, claro, algo con grasa es algo gordo, y que por eso algunos han querido ver en pingüe el origen de pingüino, como pájaro gordo. También pasa con comida frugal, que parece mucha comida, como con mucha fruta, y en verdad es poca.

A esta sarta de palabras liosas, añado otra de las palabras que usaba en su momento mal mi hermano: conspicuo. Se creía que conspicuo era algo así como ‘sagaz’ o ‘concienzudo’, quizás influido por el -sp- de perspicaz. Decía, por ejemplo, cuando alguien acertaba algo: «Es que eres muy conspicuo». Cuando descubrió que no significaba eso se llevó un poco de chasco, pero sé que sigue usándolo igual para sus adentros.

También hay parejas de palabras que son muy difíciles de distinguir. Para eso mi hermano tiene trucos. Por ejemplo, para saber cuál es la que significa que algo no hace daño, si inicuo o inocuo, mi hermano tiene el truco de que iNOcuo es la que NO hace daño. Con lo de proa y popa y estribor y babor, con lo que de pequeño siempre se equivocaba, mi hermano se inventó unos trucos que, aunque no son demasiado buenos, le funcionan, y a mí, desde que los explicó, también:

—Popa es la parte de atrás del barco —decía— porque popa es como pompis y para más inri, si viento en popa significa que se va rápido, será porque el viento va dando en la parte de atrás, ¿no?

Y continuaba:

—Y para lo de estribor y babor, yo siempre pienso en dextribor o diestribor y, por tanto, el estribor está a la derecha o diestra. Para los curiosos estribor viene del neerlandés stierboord, donde stier significa ‘timón’ y boord ‘borda’. Antiguamente, según he leído en Corominas y Pascual, el timón estaba a la derecha del barco. Babor viene de bakboord es decir borda de atrás, entiendo que porque era la contraria a donde estaba el capitán.

Y hablando de opuestos otro día explicaba:

—Además de septentrional y meridional, de los que ya he hablado muchas veces, es muy bonita la etimología de oriental y occidental. En latín oriente es el participio del verbo orior que significa ‘nacer’. Como por el este es por donde nace el sol, se le llama oriente. De orior, también viene por ejemplo aborto, que es ‘no nacer’ y también tienen relación origen y oriundo. Y occidente es lo contrario. Es el participio presente del verbo occidere que viene del verbo occido que es morir y por eso se usa para occidente, porque por el oeste es por donde muere el sol. El verbo occido en latín viene de ob (‘hacia’) y cado (‘caer’), por lo que significa algo así como ir ‘hacia la caída’. Además el participio pasado de occido es occasus, de donde viene ocaso.

Yo, la verdad, he de reconocer que, desde que supe esto, no se me olvida ya que el sol sale por el este y se pone por el oeste, aunque por supuesto me sigue costando mucho identificar el este como la derecha de los mapas y el oeste como la izquierda. Siempre tengo que pensar que Portugal está a la izquierda y es el oeste para sacarlo.

Y luego también está lo de estalactita y estalagmita, para los que mi hermano tiene otra regla mnemotécnica, en este caso algo zonza, pero que le funciona:

—Yo siempre asocio el final –tita a techo y, por tanto, las estalactitas son las que están en el techo. Yo creo que es porque esa –ct- suena a ch como en pectus ‘pecho’.

 Ah, y también tiene trucos mi hermano para saber cuándo algo se escribe junto o separado. Por ejemplo, para saber si a gusto va separado tiene la regla de que también se puede estar a disgusto y a disgusto jamás lo pondría junto, pero esto no pasa con aparte, por ejemplo o con aposta, que es como adrede o con abasto.

La conclusión es que hasta los que creemos que más saben tienen algunas dudas inconfesables.

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