Por cada año un mes y otros drásticos trucos para superar rupturas

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Aunque pueda parecer mentira, esa noche aún no habían acabado las intensas emociones. Estando ya acostados, Quero, que dormía en el mismo cuarto que mi hermano, recibió un mensaje incendiario de su novia diciéndole que quería dejarlo. Y es que, con todo lo que había pasado, Quero llevaba bastantes días sin llamar a su novia o escribirle, lo que bastó para que, después de haber estado un tiempo un poco mal, debido en parte a las largas travesías en metro, ella diera el paso de dejarlo después de cuatro años. En defensa de la novia de Quero, es justo decir que tan poca atención le prestaba Quero últimamente que, por ejemplo, en esta novela, en la que se narran las últimas semanas de Quero, solo el lector atento, perspicaz y minucioso recordará alguna mención a ella.

En el mensaje decía la pobre chica que se había enterado por una amiga de que Quero se había ido a Favencia y que se había dado cuenta de que no era su chico ideal, que ella buscaba otra cosa y algunas pataratas más, según las calificó mi hermano. Al ser conocedor mi hermano del asunto, con más confianza que con Kiko Burgos, incitó a Quero a llevar a cabo alguna de sus tácticas. Lo primero que le dijo fue que no dudara en hacer la «táctica del Ok», táctica que consiste simple y llanamente en contestar a una ristra de mensajes de este tipo con un simple «Ok». Con eso se consigue que, si la chica tiene sus dudas, se interese más y se arrepienta de lo que ha puesto en el mensaje, y, si no las tiene, no caer bajo intentando convencerla de que no lo deje y te quiera. Mi hermano aprovechó para citar a Tagore, diciendo que no hay mendigo más mísero que el mendigo de amor. No se puede convencer a alguien de que te quiera. Mi hermano siempre dice que no entiende cuando a alguien le da largas su novia o algún amigo y se enfada en vez de asumir que esa chica o ese amigo prefieren estar con otra persona o solos. ¿Por qué enfadarse de que a alguien no le caigamos bien?

Después de debatir el asunto de una cama a otra, con voz susurrante, de manera que parecían a Epi y Blas, Quero, como es lógico, no hizo ni caso a mi hermano y contestó a la chica pidiendo perdón, intentando arreglarlo y pidiendo otra oportunidad. Su ya ex novia no le contestaba y él protestaba con resoplidos. Mi hermano le reprochó que por no haber puesto el «Ok» ahora no tenía la pelota en su tejado y que cuanto antes zanjara la cosa antes empezaría a contar los meses de olvido. Mi hermano tiene la teoría de que por cada año que se haya estado con una persona se tarda un mes en olvidarla:

—En tu caso, vas a estar cuatro meses, Quero. Cuanto antes empieces antes terminas. Porque si sigues, además vas a ir sumando días. Lo mejor es cortar por lo sano.

Esta teoría de los meses se le ocurrió a mi hermano un día medio de casualidad, pero luego ha ido comprobando que se cumple con la precisión de un reloj suizo en parejas ajenas. Hasta un día incluso vio la teoría expuesta en un artículo de una revista. Se la ha contado a tanta gente que quizás le había llegado a la autora del artículo, pero también puede ser que la teoría sea real a fin de cuentas.

Mi hermano no sería tan radical con que Quero cortara definitivamente si no supiera que esa pareja, después de haberlo dejado ya algunas veces, no iba a ningún sitio, aunque tampoco se atrevía mucho a decir nada porque ya había metido la pata alguna vez criticando a la en ese momento ex novia de algún amigo sin darse cuenta de que podían volver, como luego ocurriría, quedando mi hermano fatal. Así que simplemente dijo:

—Mira, mi experiencia me dice que cuando uno lo deja muchas veces con alguien hay que asumir que por mucho que los dos miembros de la pareja se quieran hay que dejarlo cuanto antes. Todo lo contrario de lo que vi que decían el otro día en la película The Mexican, pero la de Brad Pitt, no la continuación de Desperado. Preguntaban que cuándo hay que dejar una relación entre dos personas que se aman, pero que están siempre peleándose, y respondían que nunca. Yo, mientras veía la película, pensaba que hay que dejarlo cuanto antes, y así pienso que deberías hacer tú ahora.

La verdad es que mi hermano no es quién para dar consejos; de hecho él siempre dice que no sirve para dar consejos, pero sí para dar compañía. Pero como más sabe el diablo por viejo que por diablo y a mi hermano le ha pasado de todo en sus relaciones, su experiencia sí que puede servir como ejemplo de lo que no hay que hacer, por mucho que lógicamente nadie quiera comparar su relación con las de mi hermano.

Aun así, viendo que el exponer su experiencia no servía y que Quero seguía pegado al móvil, para aliviar un poco la tensión del momento, a mi hermano, dando por hecho que Quero estaba melancólico, recordando el día que hablaron de las panteras, se le ocurrió preguntarle:

—¿Tú sabes de dónde viene la palabra melancolía?

Aunque estaban con la luz apagada, se notó que Quero miró a mi hermano con ojos de que no era el momento, pero conociéndole le dijo resignado:

—No, a ver, cuéntame.

—Pues es muy bonito. Tú sabes que antiguamente creían que la salud y el buen humor dependían del equilibrio de los líquidos del cuerpo o humores, ¿no? —un irónico «tú sabes…» muy apropiado para empezar—. Pues uno de esos humores era la bilis negra. Tener exceso de ella suponía estar triste. Pues melancolía viene del griego melas, que significa negro, como en melanoma o en melanina que vimos al hablar de las panteras, y de kholis, que significa ‘bilis’, con la misma raíz que cólico o colesterol. Así que la melancolía solo es un exceso de bilis negra, por lo que no te tiene que preocupar. —A mi hermano se le vino a la mente el recuerdo de lo que le había contado el Galgo de que, una vez que estaba melancólico, otro amigo le dijo que no se preocupara, que solo serían gases. No iba desencaminado, pero no creía que este fuera el momento para esa historia. Siguió—: Como leí el otro día, el amor es como una droga y, por tanto, lo único que vas a tener estos meses es adicción, algo químico.

También se le vino a la mente a mi hermano, y lo expuso, un consejo que le dio el Galgo, gracias al cual consiguió zanjar una relación que se alargaba demasiado. La relación estaba fatal y mi hermano estaba tratando de tener detalles con la que era su novia entonces para que todo se arreglara. Un día, mientras compraba para ella un regalito con el Galgo, una camiseta en concreto, mi hermano, con su habitual pesimismo, decía que a su novia no le iba a gustar y que se iba a quejar, ante lo que el Galgo, algo cansado de ver a mi hermano en esa situación saltó:

—¿Sabes lo que te digo? Que si se la das y se queja le dices: «¡Pues a tomar por culo!» Y ya está. —Al ver la cara de susto de mi hermano se justificó—: Ya sabes que a mí me llamaban Mr. despachos, no porque trabajara de abogado en despachos, sino porque despachaba bien a las mujeres.

Y así pasó y así hizo mi hermano y aquel a tomar por culo le sirvió para librarse de una relación de las tóxicas. También vale como consejo la versión de nuestro abuelo que un día le dijo a mi hermano que, si una chica no le hacía caso, que no había que darle vueltas al asunto, simplemente había que mandarla a tomar viento.

Mientras mi hermano hablaba, Quero estuvo pensando en que no era el momento de andar meditabundo cuando estaban tan cerca de encontrar el Manuscrito, que ya trataría de resolverlo cuando volviera a Almagriz, si es que su ex novia quería hablar con él, pero bueno, si no, ¡a tomar por culo! Y esto lo pensó ya en sueños, que es el estado en el que le habían dejado las explicaciones de mi hermano.

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