Las teorías del oro y del cerdo. ¿Y a esto se dedican los lingüistas?

CUARTA PARTE: DE FAVENCIA A ALMAGRIZ Y A ROLDANA A SER FELIZ

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Nada más entrar en casa recibieron una buena noticia: el rey Escorpión tenía que ir justo esa tarde a Almagriz en coche. Llegarían algo de noche, pero al menos sería barato, a pesar de los peajes.

Aunque habían acabado todos más contentos de lo que deberían, gracias a la mentira piadosa de Chindas, ya en la vuelta a Almagriz, entre no haber encontrado el Manuscrito, lo de la novia de Quero, y lo cansados que estaban de todas las emociones, iban todos un poco mohínos. Perfecta ocasión para que mi hermano aportara alguna de sus teorías o planteara alguna de sus hipótesis. En este caso la chispa la proporcionó un chulito con un cochazo, quien después de haber estado pegado a su culo durante un buen rato con el intermitente a la izquierda puesto y tras haberles dado las largas, les adelantó, les recriminó que fueran por la izquierda y pegó un acelerón. Mi hermano, tras haberle insultado convenientemente, soltó:

—Hay que joderse, macho…

—Que no me llames macho —le cortó rápidamente Quero, recordando lo que el policía le decía a mi hermano cada vez que este le llamaba macho el día que les echaron por defender su oreja frita, historia que soy consciente de que aún está pendiente de ser desarrollada.

—Ja, ja. Bueno, tronco. La cosa es que lo de estos ricachones me pone enfermo. Yo no creo que sea un problema que haya ricos en el mundo; yo creo que el problema es que muchos de los ricos son gente indeseable. Porque si el dinero lo tuviera gente con principios, para empezar no habría tanta pobreza ni tantos caprichos ni tanta estupidez en el mundo. Yo, si me hiciera rico —y ahora ya estaba más lejos porque no había descubierto el Manuscrito, aunque él seguía pensando que tenía que existir—, seguiría siendo una buena persona y gastando más o menos lo mismo, sin tener que preocuparme por los precios de las cosas, pero me seguiría gustando más un huevo frito con salchichas que el caviar. Y demostraría que se puede ser rico y normal. Y así, además, podría cumplir uno de mis sueños: llegar a un bar y decir «¡Invito a todo el bar a una ronda!», como hace, por ejemplo, Clint Eastwood en El fuera de la ley. Y que todo el bar grite «¡Ueeeeeeeee!» y se desate la locura.

Y seguía:

—Aunque, claro, la verdad es que el problema empieza con la estupidez de que el oro sea lo que determina la riqueza de un país —y se quedaba pensando—. A no ser que sea verdad la teoría que se me ocurrió un día.

—¿Cuál? —le preguntaron temiéndose lo peor.

—La de que el oro es fundamental porque el día que un meteorito se vaya a estrellar contra la Tierra, las naves que nos llevarán a otro planeta solo podrán estar hechas de oro. Y que el oro esparcido por la Tierra son los restos de naves antiguas que vinieron. Y que las naciones que más oro tengan, por tanto, son las que podrán hacer naves más grandes y salvar a más población.

—Ja, ja. ¡Vaya tontería!

—Pues es que, si no, no entiendo por qué el oro es tan valioso, ¿porque brilla? Y llevo tiempo pensando que lo mismo pasa con los pueblos que no comen cerdo o algún tipo de carne. A lo mejor el haber comido cerdo durante generaciones hace que una raza no pueda aguantar, por alguna modificación genética, demasiado tiempo en el espacio.

No comments. Silencio.

Al llegar a Almagriz e irse cada uno a su casa les vino el bajón que suele dar cuando uno, después de haber estado mucho tiempo acompañado, de repente se encuentra solo en casa. La verdad es que, aunque a mí —no sé si a vosotros os pasará igual— me deja algo indiferente que mi hermano y su equipo hayan fracasado en el intento de encontrar el origen del lenguaje, puesto que solo he usado la historia como pretexto para presentaros a mi hermano y a sus compinches en acción, para mi hermano e, incluso, para Quero, que se había llegado a ilusionar con el asunto, aunque trataban de disimularlo, fue un pequeño varapalo. Chindas por su parte estaba un poco chafado en primer lugar porque mi hermano no hubiera encontrado el Manuscrito, en segundo lugar por no haberse conseguido llevar el otro y en tercer lugar porque le sabía mal haber mentido, y más teniendo en cuenta que no estaba del todo seguro de que lo que había encontrado significara que el Manuscrito del Conde Ensortijado no existiera. Pero, vamos, mucha casualidad tendría que ser. Ah, y a esto se sumaba el no haber podido encontrar el bar que regenta Tino.

El varapalo y el chafe respectivos empezarían, por suerte, a ser mitigados en un breve lapso de tiempo porque quedaban pocos días ya para volver a Roldana, que era el perfecto sitio para olvidarse de cualquier tristeza. La de no haber conseguido descubrir el origen del lenguaje habiendo estado tan cerca no iba a ser menos. Las noches en Valhalla eran el antídoto perfecto. Si habían conseguido olvidar a novias y a ex novias allí, esto iba a ser pan comido. Además seguían con la esperanza de recibir algún día el e-mail que les diera la nueva pista. De hecho, aunque Roldana fue un bálsamo, como ahora veremos, estuvieron constantemente atentos a la bandeja de Chindas, chillando de emoción al principio cada vez que le llegaba un e-mail, luego moderándose un poco, pero siempre sintiendo una pequeña emoción cada vez que aparecía arriba de la pantalla del móvil de Chindas el iconito del sobre que indicaba nuevo e-mail .

Aunque no quedaba nada para ir a Roldana, todavía tuvieron unos días en Almagriz, en los que a mi hermano le dio tiempo como siempre a hacer muchas cosas. Por ejemplo, a vivir en primera persona una curiosidad lingüística que había estudiado: la diferencia entre lo que en inglés se estudiaba como sloppy identity y strict identity, que se podrían traducir como ‘identidad descuidada’ e ‘identidad estricta’. Es una ambigüedad de la lengua que se ve mejor poniendo como ejemplo el caso del que fue partícipe mi hermano.

Era el día del Carmen y mi hermano bajó a la piscina a nadar, ahora que por fin hacía demasiado calor para correr, después de un mes de junio y mitad de julio algo fríos, como lo demuestra la llovizna que les cayó en Favencia, por ejemplo. Antes de bajar, se acordó de felicitar por su santo o día a nuestra madre, que se llama María del Carmen. En la piscina, como siempre, había bajado la madre de su amigo Mufo, que también se llama Carmen. A ella también la felicitó, al pasar a su lado cuando ya se subía de la piscina tieso como una tabla porque todavía no estaba en forma para nadar.

Al subir, estaba escribiéndose por WhatsApp precisamente con Mufo para quedar a tomar el aperitivo. Entre que se escribían para concretar hora y lugar, mi hermano se acordó y le puso:

—Por cierto, ¿has felicitado a tu madre? Porque yo sí.

Y ahí está la ambigüedad. ¿Qué interpretó Mufo? ¿Que mi hermano había felicitado a su madre o a la nuestra? Si Mufo interpretó que había felicitado a su madre sería un caso de identidad estricta, porque siempre se estaría refiriendo a la misma persona, es decir, «¿has felicitado a tu madre? Porque yo sí he felicitado a tu madre». Pero si interpretó que había felicitado a nuestra madre sería un caso de identidad descuidada porque se estaría refiriendo a la madre del sujeto de la oración en cada caso, es decir a la madre de Mufo primero al decir «¿has felicitado a tu madre?» y luego a nuestra madre diciendo «Porque yo sí he felicitado a la mía». Esto no pasa si el sujeto no es el hijo de la madre. Por ejemplo, en «¿Ha felicitado Pedro a tu madre? Porque yo sí», la única interpretación posible es que yo he felicitado a tu madre. ¡Qué cosas! ¿Y a esto se dedican los lingüistas?

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