Pdf de la Primera parte

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¡Ahora no! pdf

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Incepta est fabula

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Y es que en uno de esos viajes —y creedme que con esto llegamos, por fin, al origen de la aventura— en los que alternaban las anécdotas de la naturaleza con la caza de curiosidades lingüísticas, mi hermano y Quero escucharon una secreta conversación entre dos misteriosos hombres que se tapaban las bocas con los cuellos o, mejor, solapas de las gabardinas que llevaban a pesar de que era junio (y de que no hacía tanto frío como este año), fieles a su condición de hombres misteriosos. Como mi hermano y Quero ya estaban entrenados para escuchar hasta el bostezo de una mosca, igual que los ninjas pueden oír los latidos del corazón, para ellos la conversación sonó alta y clara.

Uno de los hombres decía:

—¿Y cuánto ganamos con esto?

El otro respondía:

—La gente pagaría millones por conocer el origen del lenguaje y mucho más pagarán los que quieran seguir escondiéndolo en secreto y que no salga a la luz.

—Entonces tenemos que darnos prisa. Según el informe, esta noche tenemos que ir al Seminario de los Caballeros en la puerta inclinada con la cruz, ¿verdad? Seguro que es allí donde se encuentra el Manuscrito del Conde Ensortijado, ¿no?

—Sí, allí es.

—A las diez estaremos allí; una vez que se haya hecho de noche. —En aquellos días aún se hacía de noche a las 10, no como ocurre ahora que anochece a las 11 o más tarde, algo que, como se encarga de repetir mi hermano en una de sus teorías, se debe a que este año se han equivocado con el cambio de hora.

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Al oír todo esto mi hermano, que había estado observando a los hombres engabardinados (como los langostinos) con la atención y posición de un perrillo de las praderas, le dijo a Quero en la voz más baja que le permitió la exaltación para que no le oyeran aquellos hombres:

¡El origen del lenguaje! ¿Tú sabes lo que eso supone? Sería un descubrimiento magnífico. El origen del lenguaje es un misterio. Por mucho que digan que el ser humano tiene unas condiciones que favorecieron la capacidad del lenguaje, es difícil saber qué chispa hizo que empezara. Su descubrimiento tendría un valor incalculable.

Y Quero contestaba también entre susurros:

—Me lo puedo imaginar. He creído oír que valdría millones.

—Bueno, el dinero es lo de menos, lo importante es el valor cultural. Puede desvelar el origen del hombre y contestarnos muchas preguntas sobre el porqué de la vida, sobre quiénes somos. ¡Tenemos que encontrar ese Seminario de los Caballeros antes que estos hombres! Dan la sensación de ser unos malhechores que solo buscan enriquecerse. Nosotros le daremos el uso adecuado.

Cuando se bajaron los hombres del metro mi hermano estaba en éxtasis, hablando sin parar de todo lo escuchado, sin olvidarse, eso sí, de hablar bajo para que nadie más se enterara de la existencia de aquel Manuscrito del Conde Ensortijado.

Es cierto que aquella emoción habría sido comprensible, pero solo en caso de que hubiera sido real lo que habían escuchado. Y es que, como en verdad no eran ninjas, puede que escucharan mal y que el sitio no fuera el Seminario de los Caballeros. Yo me he limitado a transcribir la conversación a través de los oídos de mi hermano. De hecho, seguro que a los oídos de Quero llegó otra información, pero mi hermano estaba tan entusiasmado con que ese era el sitio que nadie le habría podido sacar la idea de la cabeza. Yo creo que a ello contribuía que le encantaba la sonoridad del nombre de Seminario de Caballeros. Puede que dijeran «Herbolario de Panaderos», pero ese no era nombre digno de albergar el Manuscrito que contenía la historia del origen lenguaje.

También puede que el nombre del Manuscrito no fuera «Manuscrito del Conde Ensortijado», pero es que ese nombre sonaba majestuoso. Sonaba como el de un secreto códice perteneciente a un conde opulento; claro que esto se debía probablemente a que mi hermano creía que ensortijado significa ‘lleno de sortijas’. Lo que sí es seguro es que aquellos hombres de verdad hablaban de un Manuscrito donde se explicaba el origen del lenguaje. princejohn

En cualquier caso, para mi hermano el saber de dónde viene el lenguaje, sobre lo que tanto ha pensado, es algo soñado desde niño. El lenguaje para él es la esencia del ser humano y saber su origen es conocer la manera en la que dejamos de lado al resto de las especies, es entender el aliento divino que nos dio el privilegio de las lenguas.

Tanta era, pues, la emoción que se acumulaba en su pecho, que no se paró a pensar en nada. Ni en que aquellos hombres podían ser de verdad unos peligrosos malhechores, ni en que podía haber escuchado mal, ni en que aquellos hombres podían a su vez haber quedado con gente peligrosa en aquel sitio, ni siquiera pensó en que la puerta a la que se habían referido podía estar cerrada cuando llegaran. A las nueve y media, antes que aquellos hombres llegaran, tenían que estar allí.

Incepta erat fabula. La aventura daba comienzo.

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Operación monokini o los etimológicos y morfológicos peligros de dormir como un choto recién amamantado

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Pero no siempre eran incorrecciones (perdón, supuestas incorrecciones de la gente provocadas por la natural evolución de la lengua) lo que encontraban o en lo que se fijaban. También escucharon alguna vez hermosas expresiones. Por ejemplo, otro día escucharon a un chaval que decía: «Pues yo hoy he dormido como un choto recién amamantado». Esto inevitablemente le trajo a la memoria a mi hermano un día en Roldana cuando al volver de fiesta, después de un rato de clásica pistachada en la terraza de Chindas, que ya se había acostado, le dijo, estirándose, a Lízar:

—Uf, yo me voy a la cama ya que estoy matado. Hoy voy a dormir como un choto recién amamantado.

Pero muy lejos de sus pretensiones, en vez de irse a dormir como tal cría de animal, se puso a discutir con Lízar sobre qué era un choto. Tenían dudas de si era la cría de la vaca o de la cabra o la oveja y tenían dudas de los años que tendría un choto. Por si esto fuera poco, les saltaron a las mientes también lechón y lechal. Y se empezaron a enzarzar en la que desde entonces fue llamada «discusión del choto, lechón y lechal». Si hubiera estado Quero se lo habría resuelto fácilmente.

Les sonaba lo del cordero lechal y el lechón sonaba a cochinillo. Pero si choto era de la vaca, entonces, ¿qué era ternera? Y también les sonaba que choto era de la cabra. Y encima luego estaba chivo, que eso sí que es cabra, ¿no?, por lo de la barba de chivo. Estuvieron bastante rato discutiéndolo y, aunque llegaran a un acuerdo, lo reconsideraban y se volvían a hacer un lío. Como acababan de volver de fiesta decían cosas de las que luego se desdecían y uno podía defender lo que el otro pasaba a defender más tarde sin llegar a un acuerdo. Menos mal que sus neuronas solo daban entonces para palabras con ch y no pensaron en recental y añojo, por ejemplo, lo cual les habría liado aún más.

En esas estaban cuando su eterna, enmarañada y bucúlica discusión fue interrumpida por unos ruiditos y bisbiseos de chicas fuera de la terraza en la piscina de la urbanización de Chindas (llamada «la Hortensia»). Al oír los ruiditos, mi hermano salió escopetado, como el legionario que contaba nuestro abuelo que en Roldana, cuando vio a una chica en bikini por primera vez, bramó como un toro, «Muuuuuuuu», y fue corriendo a por ella como para embestirla. Lízar salió corriendo detrás. Al llegar a donde estaban las chicas, antes casi de saludar, les preguntaron si sabían lo que era un choto, lo cual quedó fatal, por supuesto, pero enseguida lo arreglaron preguntando por lechón y lechal. chotoTan intrigados habían acabado con el tema que no se estaban dando cuenta ni de que a las chicas les faltaba la parte de arriba del bikini ni de que por preguntarles estaban interrumpiendo su romántico baño en la piscina. Cuando por fin reaccionaron, empezaron la retirada disimulando muy mal, entre mirando y no mirando lo que la falta de bikini dejaba al aire, hasta que llegaron a la terraza y se fueron a dormir.

Y durmieron, después de tantas emociones, como verdaderos chotos recién amamantados, signifique choto lo que signifique. (La verdad es que si hubieran que estar como una chota es estar como una cabra, podrían haber deducido que un choto tiene que ver con las cabras. Pero nunca se sabe.)

Y ya que he vuelto a referirme a un bikini, que en este caso era más bien un monokini, creo que es buen momento de hablar del reanálisis. Según nos contó mi hermano un día, el reanálisis consiste en interpretar alguna palabra o parte de una palabra de una manera que no corresponde a su significado. Un caso claro es precisamente bikini. Como bikini empieza por bi- y la prenda se compone de dos piezas, esta sílaba se interpretó o se reanalizó como el prefijo bi-, que aparece en casos como bisílabo y que significa ‘dos’. Así, cuando salió una prenda parecida al bikini, pero con tres piezas, se llamó trikini y la de una, monokini. Como bi- se interpretó como prefijo, kini se interpretó consecuentemente como base léxica y sobre ella se han construido otros tipos de traje de baño femenino como el tankini. Es error común, por cierto, creer que el tankini es el bikini cuya parte de abajo es un tanga, como creía yo, sin ir más lejos. No. El nombre viene de tank top, que significa camiseta sin mangas, y kini. Así que es el conjunto de braguita más camiseta sin mangas. También está el burkini, que es el que lleva burka (no el que se usa en Burkina Faso, capital Uagadugú). También hay bikini masculino, el mankini, que es el famoso bañador que lleva Borat en la película y el que desde entonces es frecuente ver en los que se despiden de solteros.

El día que explicó esto mi hermano, como es habitual, aportó información extra:

—Y en verdad bikini viene de que el día de la presentación del primer bikini en 1946, justo el atolón Bikini, de las Islas Marshall (capital Majuro), había sido utilizado por Estados Unidos para una prueba nuclear y entonces se dijo que la prenda iba a ser más explosiva que la bomba de Bikini.

Y siguió explicando la verdadera morfología de bikini:

—Y os estaréis preguntando que de dónde viene en verdad bikini. Pues bikini viene de la palabra Pikinni del marshalés, que está formada por pik, que significa ‘superficie’ y ni que significa ‘cocos’ y, por tanto, significa ‘superficie de cocos’.

Y concluyó con una de sus hilarantes y chuscas agudezas:

—Así que, tanto en su significado original marshalés de bikini como en el actual, los cocos son claves.

Otros casos de reanálisis de este tipo son aquellos en los que se quita la –s de una palabra en singular reinterpretando esta –s como si fuera la indicadora de plural. Yo pensaba que pasaba con metrópoli, que estaba mal dicho porque en verdad el singular era metrópolis, y de hecho así se llama la ciudad de la película de Fritz Lang, pero ya se encargó mi hermano de decirme que lo recomendable para el singular es efectivamente metrópoli (como la revista). Aun así me suena que había algún caso en el que sí que pasaba esto. Le preguntaré.

Ahora, si lo de bikini es un reanálisis morfológico o una falsa segmentación, también hay un curioso caso de reanálisis léxico, es decir, de toda una palabra. Un día mi hermano preguntó a su público de ese momento:

—¿Cómo llamarías a alguien de Kenia?

Unos contestaban keniano y otros keniata. Los que respondieron keniata decían que keniano estaba mal, pero los que respondieron keniano dijeron que también les sonaba keniata. Mi hermano como siempre sonreía cuando, al modo de Eris con la manzana, sembraba la discordia de esta manera. juicio parisY cuando consideraba oportuno interrumpía la discusión para aclarar las cosas:

—Pues resulta que lo recomendable por la VEI es keniano. Lo de keniata se empezó a utilizar porque hubo un presidente en Kenia en los años sesenta y setenta que se llamaba Jomo Keniatta. Cuando en las noticias se aludía a él se hacía diciendo «el presidente Keniatta», igual que se dice «el presidente Rajoy». La gente al oírlo pensaba que Keniatta era un gentilicio, es decir, que se estaba diciendo el presidente de Kenia, en vez del nombre de un presidente de Kenia, y desde entonces se quedó para muchos la idea de que keniata es el gentilicio de Kenia.

Se trata este por tanto de un reanálisis de una palabra que se empieza a considerar como adjetivo, siendo en verdad un nombre en aposición.

El caso de bikini es parecido a lo que ocurre con los acrónimos. Los acrónimos son…, bueno, mejor que nos lo explique mi hermano directamente. Lo que a continuación muestro es un archivo que encontré un día hurgando en su portátil, de lo que parece una novela que empezó a escribir, o quizás un diario. Aquí va:

«No quiero que las palabras se queden entre los libros de mi cuarto, ni en la pantalla de mi ordenador. Las palabras están en todas partes. Por eso empezaré a contaros esta historia, por ejemplo, desde una discoteca, hablando con una chica:

—¿Tú sabes que la palabra discoteca es un acrónimo de disco y biblioteca?

—¿Qué es un acrónimo?

Generalmente, tengo la costumbre de pensar que, por mucha cara de borde y de asco que ponga una chica al hacer una pregunta, si la hace es porque le interesa seguir la conversación contigo. Así que me animé:

—Bueno —siempre empiezo con «Bueno» cuando me encuentro cómodo en una conversación, a la vez que echo los hombros como para atrás y saco pecho a modo de pollo capón; algo raro, creedme, pero mi hermano hace igual, así que debe de ser genético—, en verdad se suele decir de dos cosas. Una: las siglas que forman una palabra, como ovni o láser, que, aunque no lo parezca es la sigla de Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation.

La chica me miraba sorprendida con lo de láser y la verdad es que tampoco me costó tanto aprenderme esto y suele impresionar, sobre todo por mi asombroso acento americano, que suena especial cuando me he bebido alguna copa. Y seguí:

—Pero en este caso se refiere a la palabra formada por el principio de una y el final de otra: disco de disco y –teca de biblioteca. ¿Qué te parece?

Llegados a este punto, las chicas suelen inclinarse por una de dos posibles respuestas. La primera es abandonar con prontitud, presteza y premura la escena. La segunda es celebrar mis palabras y mostrar aún más interés. En este caso la chica no pareció demasiado interesada y me dijo una frase clásica:

—Voy un momento con mis amigas.

La verdad es que es normal que una chica en una discoteca quiera estar con sus amigas, pero a esas horas uno considera que lo más normal es que escuchen sus historias. Mientras se iba le grité en alto:

—Pues aún no te he dicho que en inglés este tipo de acrónimos se llaman portmanteaus.

Frase estúpida. Sería raro que se volviera a preguntarme «¿qué es un portmanteau?». Es como ponerle de cebo a un pez otro pez.

Luego, como siempre, me quedé pensando y pensé que debería haberle hablado de la historia de las discotecas o haberle hablado de que hay quien cree que Stonehenge fue la primera discoteca de la historia.

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Aunque, claro, hay chicas a las que no les interesan esas cosas. Eso es porque en verdad son chicas que no merecen la pena. Seguro que si le pregunto «¿Tú sabes quién es Lewis Carroll?», no sabría qué contestarme. En esas estaba cuando otra chica se me acercó y me dijo:

—¿Y qué es un portmanteau?

¡Sobresaliente! Esta es una pregunta que da para una noche larga. Y es mejor cuando te la hacen directamente, sin que tengas que ir tú.

—Pues bien, portmanteau es una palabra de origen francés que significa algo así como ‘portatrajes’ y se usa como ‘maletín’. Lewis Carroll en Alicia detrás del espejo hace que Humpty Dumpty…

—¿Humpty Dumpty? Ja, ja, ja.

—Sí, je, je —me reí a la vez que pensaba para mis adentros: «pero no me interrumpas»—. Humpty Dumpty le explica a Alicia el poema Jabberwocky, que es, precisamente, un poema lleno de portmanteau words o, como viene en la versión del libro que yo tengo: palabras-maletín. Lo que pasa es que esas palabras se las inventó él, pero hay un montón de palabras que se han formado así. Se forman uniendo, generalmente, la primera parte de una palabra con la final de otra. Por ejemplo, brunch es una mezcla de breakfast y lunch; o una nueva como phablet es una mezcla de phone y tablet; y Wikipedia es una mezcla de wiki y enciclopedia. ¿Sabes lo que significa wiki, por cierto?

—No.

—Significa ‘rápido’ en hawaiano.

Siempre dejaba un espacio en mi conversación para la Wikipedia, mi mayor fuente de inspiración en el arte de conquistar a las mujeres. Muchos dicen que lo que viene en la Wikipedia está mal. Yo no sé cómo estará pero sí sé que en la Wikipedia hay miles de cosas interesantes que sorprenden a la gente: ¿Cuál fue la primera marca de coches en poner el cinturón de seguridad que tenemos ahora, o sea, el de tres puntos? ¡Volvo! ¿Y de dónde viene la palabra volvo? Del verbo latino volvo, que significa ‘yo ruedo’. Todo en la Wikipedia. Basta con poner las palabras ‘volvo’ y ‘wiki’ en Google. Y encima nos dicen que el escudo de la marca es el símbolo del acero de los alquimistas. Espectacular. Y seguí:

—Pero hay muchos más portmanteaus o acrónimos, como se llaman en español. Por ejemplo Spanglish, de Spanish e English o portuñol, de portugués y español. También, aunque con deformación, pichinglis, de pidgin e English. Otra: autobús, que viene del francés, está formado por auto y por omnibus (dativo plural de omnis, ‘todo’), que en latín significa ‘para todos’. Hay muchísimas. A partir de ahora te las vas a encontrar por todas partes: ofimática (oficina + informática), los Beatles (de beat y beetle). Y todos los escándalos que terminan en –gate, a partir del escándalo del Watergate. Por ejemplo, en España el EREgate, formado por ERE o expediente de regulación de empleo más –gate. Si nos volvemos a ver algún día seguro que te ha salido alguno nuevo. Por cierto, ¿cómo te llamas?

No hay nada mejor que dejar deberes a las chicas durante la semana. Así te garantizas que, por lo menos, se acuerden de ti, aunque les dé rabia, unos días. Para eso está bien decir palabras que vayan a utilizar seguro. Autobús es una apuesta segura. Y además así les dejas que se luzcan delante de sus amigos y te ven como algo positivo y enriquecedor: “Pues ¿sabéis de dónde viene ‘autobús’…?”».

En fin, espero que con este ejemplo veáis que no exagero a la hora de describir a mi hermano. Yo la verdad es que siempre había pensado que discoteca estaba formada por disco y el sufijo –teca, que significa ‘caja’ en griego y de ahí ‘lugar en el que se guarda algo’. De hecho, mi hermano muchas veces nos ha hablado de las muchas palabras que hay en español con este sufijo, que las sabe porque ha mirado en el diccionario inverso, que es un diccionario en el que las palabras están ordenadas alfabéticamente a partir de su terminación, muy útil para hacer rimas. Por ejemplo, si uno quiere buscar palabras acabadas en –teca tiene que hacer como si buscara acet y encontrará ejemplos como los que nos ponía mi hermano como gliptoteca, que es el lugar donde se guardan esculturas o piedras grabadas, oploteca, el de armas antiguas, donde oplo significa precisamente ‘arma’ (como se ve también en panoplia ‘conjunto de todas las armas’ o en hoplita, que es un soldado griego, con una h que mosquea a mi hermano, porque no sabe que también se puede escribir hoploteca); o también una más fácil como pinacoteca. Incluso, hipoteca viene de este sufijo –teca y significa ‘lo que se guarda debajo’. Ah, y también hemeroteca, el lugar donde se guardan los periódicos, donde hemero significa ‘día’, que también ha dado efímero, por ejemplo, que es ‘lo que dura solo un día’, o Decamerón, el título del libro de Boccaccio, que significa ‘diez días’. Esta etimología de algo relativo al tiempo le gusta mucho a mi hermano, tanto como la de procrastinar, que está formada a partir de cras, que en latín significa ‘mañana’, en el sentido de ‘día siguiente’, hodierno, que significa ‘relativo al día presente’ y viene de hodie en latín, a partir de hoc die, ‘este día’, de donde viene hoy; también hebdomadario, que significa ‘semanal’ y viene del griego hebdomas que significa ‘siete años’ y de ahí ‘semana’; o sesquicentenario que es lo relacionado con un conjunto de ciento cincuenta unidades, formado a partir del prefijo sesqui- que significa ‘unidad y media’. Una sesquihora es una hora y media, por ejemplo. También la ya mencionada hipopotomonstrosesquipedaliofobia o simplemente (entre comillas) sesquipedaliofobia, que es el miedo a las palabras largas y cuyo nombre se deriva del de una palabra que tiene pie y medio de largo, lo cual debe ser mucho (como un pie de Gasol, más o menos).

Como veis las palabras que le gustan a mi hermano son de extrema utilidad por su habitual uso.

Pero bueno, de vuelta a las andanzas en el metro, mi hermano escuchó por enésima vez eccétera, palabra en la que creo que hay una asimilación del sonido de la t en el sonido de la c. Mi hermano decía:

—¡Con lo bonita que es la etimología de etcétera!

Y se ponía a explicar el origen.

Etcétera viene de et, que se sabe que significa ‘y’ y de cetera, que significa ‘las cosas restantes’. Es el neutro plural de ceterus. En una famosa cita aparece el adverbio ceterum, relacionado con ceterus. La cita es lo que se supone que decía Catón el Viejo al final de sus discursos, en plenas Guerras Púnicas, alentando a la destrucción de Cartago «Ceterum censeo Carthaginem esse delendam», que significa ‘Por lo restante, considero que Cartago debe ser destruida’.

Y sin parar, saltando de una cosa a otra, mi hermano seguía:

—Y este delendam es un bonito gerundivo en latín. El gerundivo es el participio pasivo futuro, es decir, más o menos el que significa ‘lo que debe ser hecho’. En español tenemos algunos otros bellos restos del gerundivo como hacienda o agenda que son las cosas que deben hacerse. También reprimenda, por ejemplo, que es cosa que debe ser reprimida, o vivienda, que es el lugar que debe ser habitado. Y también es curioso —nuevo brinco de mi hermano a otro tema, demostrando lo excitado que estaba— el participio futuro pero activo, es decir, el que significa ‘el que debe hacer algo’, no ‘el que debe ser hecho’. Este participio termina en turus, que en masculino plural aparece en el clásico morituri de «Ave, Caesar, morituri te salutant» que significa ‘los que van a morir’ y que es error común creer que le decían los gladiadores a Julio César, pues, en verdad, parece que se lo dijeron unos condenados a Claudio. También tenemos restos de este participio de futuro en español. Sin ir más lejos, la palabra futuro es un participio activo futuro del verbo sum, que es ‘ser’ en latín, y que por tanto significa ‘lo que ha de ser’, pero también lo tenemos en aventura que es el participio activo futuro de advenire ‘suceder’, y que, por tanto, significa ‘lo que ha de suceder’, como la aventura que vamos a vivir ya nosotros. Eso sí, Arturo no es el que va a estar harto.

Lo de que futuro sea un participio futuro, por cierto, es muy bonito. Al final resulta que en español tenemos que pasado es un participio pasado, presente es un participio de presente y futuro, lo dicho, un participio de futuro.

Pues bien, estas y otras muchas anécdotas, deseos, sustos y curiosidades, trataron, pidieron, vivieron y escucharon mi hermano y Quero en sus incursiones lingüísticas. Dejo las no contadas para el futuro con la idea de volver a ellas cuando el texto me recuerde alguna de especial interés, que ahora me temo que urge acometer la tantas veces anunciada aventura, la cual me dispongo ya a empezar a contar, comprendiendo que por mucho que como aventura sea algo que está por suceder, estaréis ya impacientes por que empiece de una vez a fraguarse.

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De esa agua sí beberé

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Volviendo a lo lingüístico, en aquellos viajes también escucharon muchos este aula, en vez de esta aula, ese arma, en vez de esa arma, y más casos de uso del demostrativo masculino con nombres femeninos, claramente por influencia de el aula o el arma. Una de las veces mi hermano le explicó a Quero:

1421759399589—A ver, es que aquí la gente confunde las cosas. No es que cuando uno dice el agua o un arma o algún águila esté usando el artículo o determinante masculino. No. Lo que se está usando es una forma femenina apocopada o sin la última letra de estos por fusión fonética con la a tónica inicial. En el caso de un y algún está claro cómo se produce esta apócope: simplemente se pierde la última a de una y alguna. Lo que no se ve tan claro es lo de el y creo que esto es lo que lleva a error. Uno esperaría que, si fuera apócope, en este caso fuera l’agua, con apóstrofo, que no apóstrofe. —Quero puso cara de sorpresa ante esto pero dejó a mi hermano continuar—: pero la cuestión es que el antiguo artículo femenino era ela y, por tanto, al perderse la –a quedó el’. —El apóstrofo lo marcaba con un gesto con la mano—. Es decir, que no es que se use el masculino en estos casos, sino una forma apocopada del femenino ela.

—Anda.

—El considerarlo masculino y no forma apocopada ha hecho que con esta o esa, por ejemplo, se use el masculino, cuando si se quiere imitar lo que pasa en los otros casos, debería ser est’aula con apóstrofo o es’arma. Yo siempre decía, creyéndome muy original e interesante, «Nunca digas “de este agua no beberé”», di «De esta agua no beberé», pero luego he visto esta broma en muchos sitios, así que nada. Me recuerda a lo del abstract que uno mandó para un congreso y al que en la respuesta le dijeron: «Su abstract es a la vez original e interesante, pero la parte interesante no es original y la parte original no es interesante».

—Ja, ja. Pero es que esa aula queda rarísimo.

—Ya, pero bueno. Yo creo que a que suene raro ha contribuido el Steaua de Bucarest. steauaLa gente no sabe que Steaua significa ‘estrella’, y no es esta agua, je, je.

—Ja, ja. No creo que a la gente le salga tanto el Steaua como para que se les haya pegado.

—Ya, no sé. Era por buscar una explicación. Ah y hay alguna excepción. Sabes que la regla es que pasa con palabras que empiezan por a– o ha– con hache tónicas, ¿no?

—Sí, sé que es tanto el agua como el hacha, pero sería… la agüita… porque… —Quero dudaba—…. ahí la a no es tónica.

—Eso es.

—¿La agüita? ¿Seguro? ¿No es el agüita?

—Hay gente que dice el agüita, pero lo recomendable es la agüita, precisamente porque la a no es tónica en agüita, frente a agua. Pero hay excepciones reales. Por ejemplo, con el nombre de las letras no se usa el. Decimos la a o la hache y no el a o el hache, a diferencia de en el caso de el hacha, por ejemplo. También pasa con siglas y con nombres propios. Por ejemplo, decimos la APA, perdón, la AMPA para referirnos a la Asociación de madres y padres de alumnos, pero decimos el hampa; o decimos «Es la Ana de siempre» y no «Es el Ana de siempre».

—Cierto. ¡Qué curioso! Oye, ¿y lo del apóstrofo?

—Ah, pues eso es que la gente llama siempre apóstrofe a la rayita que se pone para indicar que falta una letra, y en verdad es apóstrofo. Un apóstrofe es una figura retórica que creo que es como dirigirse a alguien con vehemencia. —Mi hermano muchas veces usa ese modesto «creo que», cuando en verdad está seguro porque se lo ha aprendido de memoria.

Otra cosa que escucharon mucho fue lo de andamos para el pasado de andar en vez de anduvimos o andé por anduve, en los casos, claro, en los que la gente no usa un verbo que se ha puesto más de moda para esta acción: caminar. Mi hermano justificaba el uso de andé y andamos:

—La verdad es que es curioso que a la gente le salga andé o andamos en el caso de andar, pero no les pase con el verbo tener, por ejemplo. Debe ser que hay algo más detrás. De hecho, es curioso que incluso yo a veces digo andamos para el pasado en los casos en los que andar significa ‘caminar’, pero jamás me pasa con andar cuando lo utilizo como ‘encontrarse en un estado’. Por ejemplo, yo jamás diría «Aquellos días andamos un poco tristes», siempre diría anduvimos. Eso si no hago la broma de decir anduviamos, je, je —Silencio—. O sea que parece que hay alguna diferencia entre anduve y andé. Cuestión de estudiarlo.

Y esto le llevó a arrancarse con una de sus teorías:

—Esto me recuerda a lo que pensé un día sobre casos en los que una forma del presente es igual que la del pasado, como divertimos. Yo estoy seguro de que aunque lo escribimos igual, si grabas a alguien diciendo «Ayer nos divertimos mucho» y «Hoy en día los jóvenes nos divertimos más», es decir, con un divertimos en pasado y otro en presente, ese divertimos suena distinto. Llegaría a decir que si dejas solo el divertimos y le preguntas a alguien si es pasado o presente podría adivinarlo. Es como si en pasado la i de divertimos estuviera más acentuada o fuera más larga. No sé.

Y completó:

—Pero, vamos, nada como el dolizo de Óscar el día que se cayó en su predespedida.

—¿Qué pasó?

—Pues que se cayó al suelo y al levantarse dolorido y quejándose dijo: «¡Me dolizo mucho!». ¡Toma analogía!

Otra maravilla que escuchaban con frecuencia era el proceso en vivo de creación de una nueva preposición. Era el caso del hace que aparece en construcciones como «Lo habían hecho hace cinco días», en as que habría que haber usado hacía en vez de hace, es decir «Lo habían hecho hacía cinco días». Mi hermano decía al respecto:

—Es precioso esto, porque se está utilizando hace como invariable, es decir, no cambia de forma aunque sea pasado, y, por tanto, se estaría utilizando más como una preposición que como un verbo.

Ya sabemos que a mi hermano le parecen preciosas las muestras naturales de evolución de la lengua. Pero la evolución natural, ojo, no la forzada como lo de tener que decir la AMPA y las madres y padres, algo que, como ya veremos, para él al final lo único que acaba consiguiendo es que pasen cosas como que se relacione a los padres con el hampa.

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¡¿Jaguares en África?! o Cosas que no sabe mi hermanóptero

22

Pero no siempre era mi hermano el que daba lecciones a Quero. Ya he dicho que Quero era el experto en animales y naturaleza en general del dúo. Tanto le apasionaban los animales que casi le da un pipirlitaque, pipirindengue o tantarantán, es decir, un patatús, un día en que mi hermano hablaba de pingüinos y osos polares en el Polo Norte:

—¡¿Cómo?! ¡¿Pingüinos en el Polo Norte?!

—Sí, ¿no?

—No, solo hay pingüinos en el Polo Sur. Y los osos polares solo en el Polo Norte.PINGÜINOS

—Pero, entonces, ¿en Chilly Willy?

—Eso está mal. Lo que pasa es que en muchos libros, sobre todo en los de los niños, cuando hablan de los polos ponen juntos a pingüinos y osos polares y eso crea confusión. Como mucho en el Polo Norte hay alcas, que son parecidas a los pingüinos, pero de distinta especie.

No tan grave fue lo de otro día cuando llegaron a la situación —a saber de qué andarían hablando— en la que mi hermano decía algo de que en África un jaguar había hecho no sé qué, a lo que Quero saltó ofuscado:

¡¿Jaguares en África?!

Mi hermano le miró con sorpresa y dijo:

—¿Es que no hay jaguares en África?

—¡Por Dios! Solo hay jaguares en Sudamérica.

Y lo mismo con los lémures, que solo viven en Madagascar.

Otro disgusto más se llevó Quero el día que descubrió que mi hermano creía que una pantera era una especie distinta al leopardo, al puma o al guepardo:

—¡¿Cómo?! Pero si panteras son todos.

—¿Perdón?

Panthera es el nombre del género al que pertenecen leopardos, guepardos, pumas, jaguares e, incluso, tigres. Como sabrás —y esto lo decía en el tono perfecto para picar a mi hermano— pantera viene del griego pan, que significa ‘todo’, y tera, que significa ‘fiera’ o ‘animal salvaje’.

—Pues lo de pan, lógicamente sí lo sabía; sale en miles de palabras —y no perdió ocasión de decir algunas—: panteísmo, panhispánico, pandemia

—Ya, pero lo de fiera no lo sabías.

—Pues igual sí, nunca lo había pensado.

—Vamos, que no lo sabías. Igual creías que era como los teras de los discos duros.

—Hombre, pues tampoco eso…, aunque, ahora que lo dices, cuando me estudié todos los prefijos de medidas, peta, pico, yotta, femto, atto, zepto —parecía que jugaba a pinto pinto gorgorito— creo que tera se usaba porque significaba monstruo.

—Pues, mira, podría tener que ver, pero, a lo que íbamos; el caso es que panteras son todos en el sentido de que pertenecen a esta especie, pero no sé por qué, en español se usa pantera solo cuando estos animales sufren melanismo y son, por tanto, negros…

—De color —bromeó mi hermano, reservándose la oportunidad de relacionar melanismo con melancolía, ambos derivados de melan, que significa ‘negro’, para otra ocasión.

—Sí, de color negro —sentenció Quero y aclaró—: Así Bagheera en el Libro de la selva será un leopardo negro o algo así.

—Me lo apunto —concluyó mi hermano, en quien la curiosidad había eclipsado el disgusto de no haber sabido lo de fiera.

Otro día Quero le dijo que acababa de descubrir en un libro de Asimov que quiro significa ‘mano’ en griego y que por eso los murciélagos son quirópteros, porque tienen alas (ptero es ‘ala’) en las manos.

—Sí —dijo mi hermano, que lo sabía desde hacía tiempo, aprovechando para vengarse por lo de tera—, y quiromancia es adivinación por medio de las manos y quiropráctico el que cura con las manos, y creo que había un personaje mitológico que era el Hecatonquiros o Hecatonquirón, o algo así y era que tenía cien manos.

(Según esto, yo añado que la táctica de la mano sería la quirotáctica, y que menos mal que mi hermano no era un Hecatónquiros, porque, si no, ¡pobres mujeres!, agarradas por las cien manos de mi hermano.)

Para demostrar que algo sabía de animales, mi hermano aprovechó para traer a colación algo que se había estudiado no hacía mucho:

—Por cierto, sobre lo de pteros, estuve mirando hace no mucho todos los pteros que hay.

—Ja, ja. ¿Los pteros? Hay homos, heteros y pteros.

—No, digo los animales que en su nombre tienen ptero. abeja

—Ya lo había supuesto, hombre.

—Recuerdo que estaban los dípteros, que eran las moscas, ¿no?, porque tienen dos alas.

—Sí.

—Y los himenópteros son avispas y abejas y es como que tienen las alas con membrana, como el himen, je, je. —Aquí mi hermano demostró que, como bien dijo en un poema, ha tardado más en madurar.

—Correcto. ¿Y qué más, a ver?

—Los coleópteros son los escarabajos, porque tienen las alas duras. Los hemípteros es que tienen las alas partidas a la mitad y creo que eran las mariquitas.

—¡No, hombre! Las mariquitas son también coleópteros.

Homópteros, je, je.

—Je, je. Pues precisamente los homópteros eran un antiguo orden que incluía a los hemípteros, que son las chinches y las cigarras.

—Ah. Es que es un lío; como no siguen un criterio único, de número de alas o forma o material.

—Ya.

—Luego recuerdo que estaban los ortópteros, pero no tengo ni idea de cuáles eran, aunque tienen que tener las alas rectas o algo así, igual que la ortografía —aprovechaba para tirar para casa— es la recta escritura.

—Pues ahora que lo dices no me acuerdo, creo que los saltamontes son ortópteros.

—Y luego están los helicópteros, con alas como hélices, je, je, y los pterodáctilos, con alas en vez de dedos.

—Ja, ja. Sí. Pero se te han olvidado unos imprescindibles: ¡los lepidópteros!

—Ay, ¡es verdad! ¡Las mariposas! ¿Qué era lepido-?

—Creo que era que tienen escamas.

—Ni idea.

—Y luego está el solptero que eres tú.

—Jou, jou.

Y así se divertían.

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Próxima parada: mi hermano. Tengan cuidado de no introducir el oído entre coche y él

21

Otro día de aventura underground —diría suburbana, pero mi hermano se enfadaría, como explico más abajo o yusoexplico— empezaron Quero y mi hermano a discurrir sobre lo que sonaba por megafonía al llegar a una parada en curva:

—¡Atención!: estación en curva. Al salir tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén.

Mi hermano por fin se manifestó abiertamente:

—Lo de para me suena fatal, pero no sé muy bien por qué. Yo diría «tengan cuidado de no introducir».cuidado de

—Sí —coincidía Quero—, a mí también me suena mejor con de.

—O si no —le cortaba mi hermano— me podría sonar bien «tengan cuidado, para así no introducir». Me parece que con el así se consigue que la oración de finalidad o propósito introducida por para se vea como más externa y no interna al predicado de tener cuidado. —Se quedaba pensando y seguía como si estuviera solo—. Sí, debe ser eso, porque uno no pregunta «¿Para qué tuve cuidado?», sino «¿De qué tuve cuidado?». Es parecido a lo de las causales externas o, mejor, de la enunciación, aunque creo que no es igual. Una causal puede modificar al verbo y entonces indica la causa por la que se lleva a cabo la acción, pero también puede modificar a otro elemento más externo y entonces se expresa la causa que ha llevado a uno a decir algo. Por ejemplo, si digo «Hace frío porque es invierno», porque introduce la razón por la que hace frío. Sin embargo, si digo «Seguramente hace frío, porque la gente va con abrigo» lo que introduce porque no es la causa por la que hace frío, sino la causa por la que yo pienso que hace frío: «Pienso que seguramente debe hacer frío porque la gente va con abrigo».

—Uf. Un poco chungo —decía Quero que ante estas cosas se quedaba patidifuso, si es que no desconectaba antes— pero sí, a mí me suena mejor con de.

Menos mal que en este caso nadie les oía, a pesar de que mi hermano elevaba la voz, como la elevan a veces las madres para que las oigan los dependientes de las tiendas, abochornando a sus hijos cuando van de compras con ellas

A todo esto, lo de suburbano no lo he usado antes, atendiendo a lo que un día mi hermano explicó a su público, empezando como tantas veces con su «Es error común», sobre por qué no se debe usar suburbano como sinónimo del metro o como algo relativo a este medio de transporte. Decía:

Es error común creer que suburbano es sinónimo de metro solo porque el metro vaya por debajo de la ciudad. No. El suburbano no es el tren que va por debajo de la urbe o ciudad, sino el tren relacionado con los suburbios. Suburbano viene de suburbio. El sub- de suburbio, pues, significa ‘debajo’ pero no en el sentido espacial, sino debajo en el sentido de por debajo en el nivel económico, por ejemplo. El suburbano es, por tanto, el tren que va a los suburbios y no el que va por debajo de las urbes. Es una mala interpretación de la formación de la palabra. La segmentación se hace mal: no es sub-urbano, lo que significaría que es algo relacionado con la urbe y que va por debajo, sino suburb-ano, lo que significa que es relativo al suburbio. Es decir, primero se forma el sustantivo suburbio y luego el adjetivo suburb-ano, y no al revés, no es urbano y a partir de ahí luego sub-urbano.

Asumiendo que era fácil entender su liosa explicación, todavía siguió:

—Algo parecido pasa con algunos casos del español que permiten lo que se llama una doble segmentación. Es difícil de ver, pero por ejemplo —y utilizaba el ejemplo de la Gramática de la VEI— karate kidcon inmovilizable puede quererse decir que algo no se puede movilizar o que algo se puede inmovilizar. Depende de si formamos primero movilizable y luego le añadimos in- o de si formamos inmovilizar y, a partir de ahí, inmovilizable. Por ejemplo, una montaña es inmovilizable en el primer sentido porque no se puede conseguir que se mueva, pero una mosca es inmovilizable en el segundo sentido porque se puede coger con unos palillos a lo Karate Kid y hacer que deje de moverse: puede hacerse inmóvil.

Su público en ese caso también debía pertenecer al segundo grupo, como las moscas, porque con esta explicación mi hermano los dejó a todos inmóviles. Y eso que se dejó en el tintero otros casos relacionados en cierta medida a estos como los de reanálisis o falsa segmentación del tipo de bikini y trikini, que veremos más adelante.

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Presuntas apariencias

20

En uno de esos días de expedición metrística o métrica, Quero, al ver a alguien con un pack ahorro de botellas de Coca Cola, le preguntó a mi hermano:

—Oye, ¿cómo era la historia del pack completo? Que se la quise contar a mi novia el otro día y no me acordaba bien.

Esta historia es una de las muchas que mi hermano tiene de cuando va de vacaciones a la playa en agosto a Roldana. Esos veinte días son el único período del año en el que mi hermano se relaja un poco en lo que a aventuras lingüísticas se refiere y da rienda suelta a otras aventuras menos cultas (aunque, como veremos, siempre hay hueco para alguna charla lingüística). Pero que nadie le diga al verle tan feliz esos días algo como «¿Ves? Si es que uno es mucho más feliz cuando no lee», porque mi hermano saltará bastante enojado con lo siguiente:

—Sí, puede que uno sea más feliz cuando no lee, pero no creo que nadie encuentre la felicidad plena sin haber leído.

La historia del pack completo en concreto, y así empezó contándole mi hermano a Quero, comenzó un verano en el que se juntaron mi hermano, Chindas y Lízar, con el que coincidía mi hermano por primera vez, pues aunque ambos ya habían estado en Roldana, lo habían hecho en momentos distintos.

Una de las primeras cosas que supo mi hermano de Lízar es que su novia le había dejado ir a Roldana, sabiendo la fiesta que allí había todas las noches, con la condición de que no bebiera mucho. No en vano el nombre de Lízar le venía de que cuando bebía se le ponía la cara (sobre todo los ojos) de Lagarto, el supervillano de Spiderman.lagarto 2

Bien, pues, como era de esperar, una de las primeras noches, Lízar se pasó bebiendo. Después de las clásicas copas en la terraza de la casa de Chindas, fueron a Valhalla, la discoteca por excelencia de allí, que está en Monsácar, el pueblo de al lado de Roldana. A la salida, como solían hacer, se acercaron al coche de unas chicas autóctonas en el aparcamiento y se pusieron a hablar con ellas. En el fragor de una loca conversación, Lízar se quiso apoyar en la ventanilla de atrás del coche, pero con la cogorza que llevaba no se dio cuenta de que la ventanilla estaba abierta y no sé muy bien cómo, pero se cayó dentro del coche, quedándose con las piernas para arriba saliendo por la ventanilla. Con medio Lízar dentro del coche, se empezaron a oír gritos de chicas como si hubiera entrado un zorro en un gallinero o, mejor dicho, habiendo entrado un zorro en un gallinero, pero ni mi hermano ni Chindas pudieron ver bien lo que pasaba porque las piernas les tapaban. Lo que sí se pudo ver es que Lízar de repente salió disparado de la ventanilla y empezó a gritar: «¡Me han curtido el lomo! ¡Me han curtido el lomo!». Al ver este espectáculo, una de las chicas que estaba fuera, consideró que era el momento oportuno para calificar al grupo, así que les miró de arriba a abajo a los tres y con todo su acento andaluz dijo:

—Joé, habéis venido el pack completo: el cachas, el pijo y el borracho.

Las etiquetas estaban claras: Chindas era el cachas, porque es de los que tiene los músculos bien desarrollados, conseguidos por medio de la gimnasia y el CrossFit (que, como mi hermano comprobaría en sus carnes, es más o menos una dura pero efectiva modalidad de gimnasia que combina gimnasia normal con carrera y con entrenamiento militar y que consiste en hacer una serie de ejercicios antes que el resto o hacer más repeticiones de algún ejercicio en un tiempo). Mi hermano, aunque había bebido, era claramente el pijo por las pintas que llevaba en aquella ocasión y siempre que está en una discoteca de verano, con sus pantaloncitos de colores, su camisita de marca y sus alpargatas a juego; y Lízar, no solo porque se hubiera caído dentro del coche, sino por los tumbos y gritos que seguía dando, era el borracho.pack completo

La cosa probablemente no habría pasado a mayores, si no hubiera sido porque al día siguiente le contaron la historia a una amiga en la playa. A esta le hizo tanta gracia que quiso hacerse una foto con el pack y la colgó en Facebook poniendo «¡Qué bien me lo paso con el pack completo: el cachas, el pijo y el borracho!».

Cómo no, la novia de Lízar vio la foto y se escamó del comentario que la acompañaba. Sin conocer aún a mi hermano, solo con verle con un bañador de Pertegaz, supuso que él era el pijo. Lo de que Chindas era el cachas estaba claro. Así que solo quedaba que Lízar, al que no le estaba permitido beber, fuera el borracho. No obstante, concediendo el beneficio de la duda a su novio, decidió urdir un plan para comprobar si las suposiciones eran fundadas. Así, uno de los días en los que estaba hablando con Lízar por teléfono subrepticiamente le preguntó:

—Este año estás yendo mucho con un amigo un poco pijo, ¿no?

Lízar, con la comprensible inocencia del que cae en una inesperada trampa, contestó:

—Ah, sí, con Jimmy —que es como llaman a mi hermano en Roldana.

A lo que ella exclamó:

—¡¡¡Ajá!!!! Así que tú eres el borracho.

No había escapatoria posible de aquel ardid, garlito o trampa. La excusa de que mi hermano también había bebido alguna copa no valió; la bronca fue inevitable.

Nada más terminar de contar la historia del pack completo, de repente el metro hizo uno de esos atronadores ruidos, de los típicos que amilanan a más de uno en los parques de atracciones, ruido ante el cual mi hermano se sobresaltó y pegó un brinco que a poco no se deja los dientes en una barra. Quero, en cambio, ni se inmutó:

—¿Qué pasa —le dijo mi hermano a Quero cuando se repuso del sobresalto—, que no te has asustado?

Quero contestó orondo y seguro de sí mismo:

—Yo es que siempre estoy alerta.

Como si siempre tuviera presente que podría producirse algún estruendo de ese tipo.

Por cierto, lo de creer que una ventanilla está cerrada cuando está abierta, como le pasó al desdichado Lízar, perjudicó a mi hermano un día, solo que al revés. Iba conduciendo por el Puerto de la Virgen, volviendo de fiesta con Charly y Mufo, otros dos amigos de la infancia del Pinar, cuando de repente le vino al gaznate uno de esos gargajos que a veces rondan por las vías respiratorias. No sabiendo lo que hacer con él, si tragárselo o expelerlo por la ventana, al final se decidió por lo segundo, sin darse cuenta de que la ventana, a pesar de que, de limpia que estaba, parecía estar bajada, en verdad estaba subida, por lo que el esputo se quedó pegado a ella, igual que en Cuando Harry encontró a Sally. Tanto asco le dio a mi hermano su propio gargajo que lo tuvo que limpiar Charly con un papel.

En aquella ocasión aprovechó para contar su proeza del día que, sentado detrás en un coche en marcha, viendo que el conductor lanzaba una colilla por la ventana (en la época en la que no se perdían puntos por hacerlo) y sabiendo que muchas veces en estas circunstancias la colilla entra por la ventanilla de atrás (por su ventanilla en este caso), la subió rápidamente, consiguiendo que la colilla, que efectivamente amenazaba con volver, chocara con el cristal y no entrara. Por supuesto, cuando lo contó, no se creyeron que le pudiera haber dado tiempo, pero él alegó que era una ventanilla de las de manivela, las cuales, con fuerza y pericia, se pueden subir a toda leche. La aversión al tabaco de mi hermano es tan grande, como veremos, que yo sí me creo que fuera capaz.

Otro día de los de andanzas lingüísticas mi hermano le decía a Quero:

Una de las cosas que más me inquietan en la vida es conocer a gente nueva en un trabajo o en algún sitio y pensar que has podido cruzarte con ellos por la calle diez días o un año antes sin saber que en el futuro vuestras vidas se unirían. Igual que con una chica. A lo mejor acabo dentro de un tiempo con una chica que he visto en alguna discoteca alguna vez o incluso con la que he hablado hace unos años y ni me acuerdo. Me encantaría volver al pasado solo para poder comprobar eso. Es como cuando vuelves a ver una película antigua y ves de secundarios a actores que ahora son archiconocidos.

—Como Joffrey de Juego de Tronos en la primera de Batman de Nolan.

—Exacto.

En otro viaje, y esta es una historia que nadie se cree cuando la cuenta mi hermano, ni siquiera cuando Quero da fe de ella, el metro hizo un giro brusco y mi hermano, que no iba agarrado, rápidamente se cogió de una barra vertical del vagón, pero en vez de sujetarle, como haría cualquier barra rígida de metal, la supuesta barra se dobló y mi hermano cayó al suelo. Cuando se levantó todavía sin comprender lo ocurrido, vio que la gente se estaba riendo. Y es que lo que había pasado no era que mi hermano hubiera hecho un Uri Geller, sino que lo que había cogido, en lugar de una barra, era un póster que llevaba un señor sentado y que tenía puesto hacia arriba entre las piernas. Como diría Fedro en una de sus fábulas, Non semper ea sunt quae videntur, lo cual, para los que como mi hermano odian los libros en los que aparecen citas en lengua extranjera no traducidas, viene a significar algo así como que las apariencias engañan. Quizás por eso, para no caer en falsas apariencias, ahora se abusa tanto de presunto en las noticias, donde hasta los desaparecidos o los muertos a veces se consideran presuntos.

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