Testimonio en primera persona de mi hermano

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De una de las noches antes de ir a Roldana en las que salió mi hermano, tengo la buena noticia de que tenemos testimonio directo de su propia mano, pues dejó constancia por escrito de manera detallada de ella. La verdad es que no sé por qué lo hizo, no sé si porque estaba empezando una nueva novela, o quizás para que se hiciera más corta la espera del viaje a Roldana o la llegada del e-mail que indicara el nuevo destino del Manuscrito. En cualquier caso, tengo el gusto de presentar el testimonio aquí, recién robado de su ordenador. Vais a poder asistir a una de las historias de mi hermano en primera persona reproducida fielmente, salvo por el hecho de que le cambió el nombre a los personajes, supongo que para que nadie sintiera violada su intimidad. Supongo que será un borrador, así que no juzguéis el estilo, mucho menos sabiendo que mi hermano siempre se queja de que es muy difícil reproducir el discurso oral en la escritura con un sistema de puntuación tan limitado como el que tenemos. Aquí va:

«Aquella noche todas las novias se habían ido de despedida de soltera de Bea. Aprovechando esto, yo que era de los pocos que no tenía novia, les dije a todos que había que hacer una contradespedida. Hacía tiempo que no salíamos juntos y solos y además había un buen partido a las 6, es decir, una buena excusa para reunirse: se jugaban la liga el Atleti y el Barsa en el Nou Camp.

Empezamos con cervecita y con patatas en casa de Nacho. En cuanto terminó el partido y vimos cómo el Atleti celebraba el triunfo después de tantos años, nos bajamos a cenar a una terracita que había abajo de casa de Nacho. El que menos animado estaba era precisamente Chemo, que debería ser el que más ganas tenía que tener de hacer la contradespedida porque era el novio, perdón, el prometido de Bea. Como la cosa no parecía que se estuviera animando, yo que ya venía de tomarme una copa en la barbacoa en casa de mi tío… bueno, una copa, champán, vino, cerveza y hasta ronmiel…, me pedí una copita: White Label con Coca Cola light. Entonces ya todos se animaron a pedir y Chemo dijo que jugáramos a un juego que nos encanta cuando estamos de copas, que es acertar alineaciones y plantillas de equipos antiguos. Es decir, alguien dice “A ver, la alineación del Madrid en la final de Champions contra la Juve” y hay que ir diciendo los jugadores. Muchas veces hay que decir hasta los cambios. Esta vez eran las plantillas de España desde USA 94. La bomba de esta vez fue cuando Nacho se acordó de Curro Torres en el equipo de España del Mundial de Corea. También se acordó de Diego Tristán, de Pizzi y de Juanele a lo largo del juego. Nacho no solía saber esas cosas y estaba todo el rato con el móvil, así que Richard y yo le dijimos que lo estaba mirando, pero Nacho, también conocido como el Galgo porque últimamente era imposible seguir su ritmo por las noches, decía que no había mirado. Muy raro. De plantilla en plantilla se hicieron más de las 12 y ya era hora de ir a algún sitio. Yo había planteado hacer alguna locura tipo ir a un pueblo o ir a alguna discoteca como Buda o al casino, pero al final decidimos ir a algún bar de los de siempre. Nos metimos en dos taxis sin saber adónde íbamos. En mi taxi le dijimos al taxista que siguiera al otro taxi. Por el camino vimos otro taxi con chicas y le dijimos al taxista que mejor las empezara a seguir a ellas, pero se lo tomó a broma y al final acabamos todos en la zona de María de Molina. Y decidimos ir al Mamá no lo sabe o como se llame, que siempre acabamos diciendo cualquier nombre: el mañana nunca muere, no se lo digas a mamá, mañana no salgo… La música del sitio era buenísima, con todo canciones para cantar, tipo la de Me siento hoy como un halcón y la que estaba de moda, Bailando de Enrique Iglesias. Mucha canción en español de las que hasta Lu canta. Estuvo divertido. Cuando pusieron la de Sabor de Amor aproveché para ir al baño porque me traía un medio mal recuerdo, pero al volver, seguía sonando y en cuanto estos me vieron aparecer me hicieron una coreografía con la canción.

Lo que me había pasado es que un día esperando a mi primera novia en plaza de Castilla vi que estaban rodando un programa como de karaoke y estaban cantando justo la de Sabor de Amor. Como ya llevaba un rato esperando, me acerqué y vi que estaban haciendo una coreografía en plan flexionando un poco las piernas y dando palmas por encima de la cabeza. Me uní al grupo y, cuando estaba en plena faena, en una postura bastante ridícula, llegó mi novia y me dijo “Pero ¿qué haces? Te estaba esperando donde siempre”. Encima. Y ahora los cabrones de mis amigos me hacían la coreografía. Me quejé diciendo que me habían traído recuerdos y que me iba a derrumbar. Nos tomamos la última copita ahí y fuimos a Graf, que era la discoteca a la que nos había dado por ir en aquella época.

En la discoteca solo intenté ligar con una, pero la fórmula de decirle que era muy guapa porque tenía rasgos iraníes no funcionó demasiado bien. Tampoco que me pintara un corazón en la palma de la mano. Pero es que además vi a una camarera que era preciosa, la típica rubia que me gustaba. Se acercó y supuse que era vasca porque se llamaba Aitana, lo cual me perturbó un poco por una antigua historia. De todas formas le hice a la camarera uno de mis clásicos, que era que al ir a firmar el pago de la tarjeta, antes de la firma ponía un corazón. Nunca me había funcionado del todo, pero seguía haciéndolo. También saludé a uno de los de seguridad que era rumano y al que por una larga historia llamaba Kuban. Aparte de esto estuvimos bailoteando un rato todos menos Lu que se había ido antes, hasta que Chemo quiso irse, pero le cayó un abucheo porque no tenía excusa.

Una vez que cerró la discoteca —Nacho y yo nunca nos íbamos antes y menos ahora que Nacho era un galgo— nos quedamos un rato fuera hablando con unos y con otras y cantando con los del Atleti que aún estaban celebrando y entonces, cuando ya cogimos un taxi de vuelta, vino la odisea que paso a contar ahora mismo».

Y ahí se quedaba. Yo sé lo que pasó luego, pero no procede contarlo aquí. Por cierto, la ex novia de lo de Sabor de amor era Adri.

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Las teorías del oro y del cerdo. ¿Y a esto se dedican los lingüistas?

CUARTA PARTE: DE FAVENCIA A ALMAGRIZ Y A ROLDANA A SER FELIZ

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Nada más entrar en casa recibieron una buena noticia: el rey Escorpión tenía que ir justo esa tarde a Almagriz en coche. Llegarían algo de noche, pero al menos sería barato, a pesar de los peajes.

Aunque habían acabado todos más contentos de lo que deberían, gracias a la mentira piadosa de Chindas, ya en la vuelta a Almagriz, entre no haber encontrado el Manuscrito, lo de la novia de Quero, y lo cansados que estaban de todas las emociones, iban todos un poco mohínos. Perfecta ocasión para que mi hermano aportara alguna de sus teorías o planteara alguna de sus hipótesis. En este caso la chispa la proporcionó un chulito con un cochazo, quien después de haber estado pegado a su culo durante un buen rato con el intermitente a la izquierda puesto y tras haberles dado las largas, les adelantó, les recriminó que fueran por la izquierda y pegó un acelerón. Mi hermano, tras haberle insultado convenientemente, soltó:

—Hay que joderse, macho…

—Que no me llames macho —le cortó rápidamente Quero, recordando lo que el policía le decía a mi hermano cada vez que este le llamaba macho el día que les echaron por defender su oreja frita, historia que soy consciente de que aún está pendiente de ser desarrollada.

—Ja, ja. Bueno, tronco. La cosa es que lo de estos ricachones me pone enfermo. Yo no creo que sea un problema que haya ricos en el mundo; yo creo que el problema es que muchos de los ricos son gente indeseable. Porque si el dinero lo tuviera gente con principios, para empezar no habría tanta pobreza ni tantos caprichos ni tanta estupidez en el mundo. Yo, si me hiciera rico —y ahora ya estaba más lejos porque no había descubierto el Manuscrito, aunque él seguía pensando que tenía que existir—, seguiría siendo una buena persona y gastando más o menos lo mismo, sin tener que preocuparme por los precios de las cosas, pero me seguiría gustando más un huevo frito con salchichas que el caviar. Y demostraría que se puede ser rico y normal. Y así, además, podría cumplir uno de mis sueños: llegar a un bar y decir «¡Invito a todo el bar a una ronda!», como hace, por ejemplo, Clint Eastwood en El fuera de la ley. Y que todo el bar grite «¡Ueeeeeeeee!» y se desate la locura.

Y seguía:

—Aunque, claro, la verdad es que el problema empieza con la estupidez de que el oro sea lo que determina la riqueza de un país —y se quedaba pensando—. A no ser que sea verdad la teoría que se me ocurrió un día.

—¿Cuál? —le preguntaron temiéndose lo peor.

—La de que el oro es fundamental porque el día que un meteorito se vaya a estrellar contra la Tierra, las naves que nos llevarán a otro planeta solo podrán estar hechas de oro. Y que el oro esparcido por la Tierra son los restos de naves antiguas que vinieron. Y que las naciones que más oro tengan, por tanto, son las que podrán hacer naves más grandes y salvar a más población.

—Ja, ja. ¡Vaya tontería!

—Pues es que, si no, no entiendo por qué el oro es tan valioso, ¿porque brilla? Y llevo tiempo pensando que lo mismo pasa con los pueblos que no comen cerdo o algún tipo de carne. A lo mejor el haber comido cerdo durante generaciones hace que una raza no pueda aguantar, por alguna modificación genética, demasiado tiempo en el espacio.

No comments. Silencio.

Al llegar a Almagriz e irse cada uno a su casa les vino el bajón que suele dar cuando uno, después de haber estado mucho tiempo acompañado, de repente se encuentra solo en casa. La verdad es que, aunque a mí —no sé si a vosotros os pasará igual— me deja algo indiferente que mi hermano y su equipo hayan fracasado en el intento de encontrar el origen del lenguaje, puesto que solo he usado la historia como pretexto para presentaros a mi hermano y a sus compinches en acción, para mi hermano e, incluso, para Quero, que se había llegado a ilusionar con el asunto, aunque trataban de disimularlo, fue un pequeño varapalo. Chindas por su parte estaba un poco chafado en primer lugar porque mi hermano no hubiera encontrado el Manuscrito, en segundo lugar por no haberse conseguido llevar el otro y en tercer lugar porque le sabía mal haber mentido, y más teniendo en cuenta que no estaba del todo seguro de que lo que había encontrado significara que el Manuscrito del Conde Ensortijado no existiera. Pero, vamos, mucha casualidad tendría que ser. Ah, y a esto se sumaba el no haber podido encontrar el bar que regenta Tino.

El varapalo y el chafe respectivos empezarían, por suerte, a ser mitigados en un breve lapso de tiempo porque quedaban pocos días ya para volver a Roldana, que era el perfecto sitio para olvidarse de cualquier tristeza. La de no haber conseguido descubrir el origen del lenguaje habiendo estado tan cerca no iba a ser menos. Las noches en Valhalla eran el antídoto perfecto. Si habían conseguido olvidar a novias y a ex novias allí, esto iba a ser pan comido. Además seguían con la esperanza de recibir algún día el e-mail que les diera la nueva pista. De hecho, aunque Roldana fue un bálsamo, como ahora veremos, estuvieron constantemente atentos a la bandeja de Chindas, chillando de emoción al principio cada vez que le llegaba un e-mail, luego moderándose un poco, pero siempre sintiendo una pequeña emoción cada vez que aparecía arriba de la pantalla del móvil de Chindas el iconito del sobre que indicaba nuevo e-mail .

Aunque no quedaba nada para ir a Roldana, todavía tuvieron unos días en Almagriz, en los que a mi hermano le dio tiempo como siempre a hacer muchas cosas. Por ejemplo, a vivir en primera persona una curiosidad lingüística que había estudiado: la diferencia entre lo que en inglés se estudiaba como sloppy identity y strict identity, que se podrían traducir como ‘identidad descuidada’ e ‘identidad estricta’. Es una ambigüedad de la lengua que se ve mejor poniendo como ejemplo el caso del que fue partícipe mi hermano.

Era el día del Carmen y mi hermano bajó a la piscina a nadar, ahora que por fin hacía demasiado calor para correr, después de un mes de junio y mitad de julio algo fríos, como lo demuestra la llovizna que les cayó en Favencia, por ejemplo. Antes de bajar, se acordó de felicitar por su santo o día a nuestra madre, que se llama María del Carmen. En la piscina, como siempre, había bajado la madre de su amigo Mufo, que también se llama Carmen. A ella también la felicitó, al pasar a su lado cuando ya se subía de la piscina tieso como una tabla porque todavía no estaba en forma para nadar.

Al subir, estaba escribiéndose por WhatsApp precisamente con Mufo para quedar a tomar el aperitivo. Entre que se escribían para concretar hora y lugar, mi hermano se acordó y le puso:

—Por cierto, ¿has felicitado a tu madre? Porque yo sí.

Y ahí está la ambigüedad. ¿Qué interpretó Mufo? ¿Que mi hermano había felicitado a su madre o a la nuestra? Si Mufo interpretó que había felicitado a su madre sería un caso de identidad estricta, porque siempre se estaría refiriendo a la misma persona, es decir, «¿has felicitado a tu madre? Porque yo sí he felicitado a tu madre». Pero si interpretó que había felicitado a nuestra madre sería un caso de identidad descuidada porque se estaría refiriendo a la madre del sujeto de la oración en cada caso, es decir a la madre de Mufo primero al decir «¿has felicitado a tu madre?» y luego a nuestra madre diciendo «Porque yo sí he felicitado a la mía». Esto no pasa si el sujeto no es el hijo de la madre. Por ejemplo, en «¿Ha felicitado Pedro a tu madre? Porque yo sí», la única interpretación posible es que yo he felicitado a tu madre. ¡Qué cosas! ¿Y a esto se dedican los lingüistas?

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«Veniros» no es propio de una buena novia o Las limitadas licencias ortográficas de WhatsApp de mi hermano

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En una de las tardes de espera a la siguiente pista de la aventura, cuya ansiedad de momento solo el recuerdo de estas historias aligera, mi hermano recibió un mensaje de Natalia, una de las tres Natalias con las que tenía algún tonteo, que en este caso no estaban aún numeradas, como en el caso de Cami 1 y Cami 2. Esta Natalia era una chica que había salido, como Venus, de entre las olas del mar y las historias roldaneras, aunque ahora vivía en Almagriz, y era la chica que por aquella época ocupaba más espacio de la mente de mi hermano.

En el mensaje le decía que iba a hacer una fiesta en su casa y que le invitaba a él y a Cami 2, que era precisamente la que les había presentado porque decía que hacían buena pareja. Todo hubiera estado bien —perdón, habría estado bien, que si no mi hermano se pone nervioso, como ya contaré— si no hubiera sido —ahora sí— porque Natalia había terminado el mensaje poniendo «¡Veniros!». Mi hermano en el momento no le dio demasiada importancia, pero a medida que pasaba la tarde, cuanto más lo mascaba más bola se le iba haciendo, de suerte que, en cuanto se subió al coche de Cami 2, le manifestó a esta su profunda preocupación:

—Igual no es la chica de mi vida, porque ha puesto veniros en vez de veníos.

Cami 2 le contestó:

—Pues yo también habría dicho veniros. ¿Por qué está mal?

Él, que no hacía mucho que se lo había leído bien en la Gramática, empezó:

—El imperativo de venir cuando no va con pronombre ¿cómo es: «venid aquí» o «venir aquí»?

Ella, que se sabía esa, le contestó:

Venid.

—Claro, entonces el imperativo sería venidos, ¿no?, pero la d se pierde en español, por el mismo motivo que decimos comprao en vez de comprado, y por eso es veníos. Solo hay un caso en el que esa d no se pierde: idos. Aunque creo que también está permitido iros —de esto no se acordaba bien, porque no está permitido.

Como la explicación no fue del todo mala, Cami 2, a la que le gustaba saber esas cosas, pasó por alto el hecho de que mi hermano pudiera llegar al punto de perder el interés en una chica por el mero hecho de que dijera o, peor aún para él, escribiera, veniros en vez de veníos, y eso que la pobre Natalia estaba invitándoles a una fiesta. De todas formas, yo estoy seguro de que para él esto no era tan grave como, por ejemplo, escribir a ver en los casos en los que corresponde haber o hay en los que corresponde ahí y, por tanto, podría no tenérselo en cuenta a Natalia, como de hecho hizo, permitiéndose seguir pensando en ella algunos días más.

Para satisfacción de mi hermano, meses más tarde, Cami 2 le contó que Natalia un día le había confesado que se había dado cuenta al poco de mandar el mensaje que había puesto veniros y que estaba preocupada por lo que pudiera pensar de ella un lingüista como mi hermano.

Y es que mi hermano, aunque, como ya sabemos, puede pasar por alto faltas de ortografía y errores gramaticales, al considerarlos un tesoro por reflejar el habla natural de la gente, no los puede pasar por alto en una novia. El hecho de que sean un tesoro teórico no quiere decir que su futura novia pueda cometerlos, puesto que esto indica falta de cuidado en el detalle y en el deseo de una buena comunicación con los demás, y, además, le llevaría a distraerse al hablar con ella y no se concentraría bien en quererla.

Decía un día mi hermano sobre la ortografía, tratando de hacer un buen chiste:

—Es que hay gente tan mala con la ortografía que en vez de buscar algo en Word lo pegan. ¿Por qué? Porque en vez de darle al control + b le dan al control + v.

Y completaba otro día viendo un a ver mal escrito:

—Es que parece que la gente no sabe lo que significa a ver. Con lo fácil que es. Si es que encima hay trucos. Por ejemplo, cuando se puede poner un vamos delante de a ver, es que se escribe con uve y separado. Por ejemplo, en A ver si vienes puede decirse Vamos a ver si vienes, pero en Haber hecho las cosas bien no se puede decir Vamos haber hecho las cosas bien.

Lo que sí permite mi hermano son algunas licencias para aplicaciones de mensajería como el WhatsApp, que él mismo se permite en algunos casos, sobre todo en los de urgencia máxima. Por ejemplo, permite que solo se ponga el signo de interrogación o exclamación de cierre, puesto que normalmente el de apertura es difícil de encontrar en los teclados de los móviles y además no solo en latín no los tenían sino que los signos de apertura no tienen relación con su origen, que ahora explicaré.

También dice mi hermano que poner punto después de cada mensaje queda feo o tajante y, por tanto, para él no es necesario. Acepta las abreviaturas como q por que, xq por porque o xa por para, pero solo las justas y las que todo el mundo entiende. Eso sí, odia, no sé por qué, que se use el 2 para dos o cualquier otro número no expresado en letras. Odia además que la gente ponga salu2 en vez de saludos (y más aún salu3 para saludar con énfasis). Dice que las abreviaturas solo deben llevar letras. Y en caso de que la palabra abreviada tenga tilde en su origen, hay que poner la letra que lleve la tilde aunque sea una abreviatura, es decir, aunque en un caso como porque se pueda poner xq, en un caso como por qué, hay que poner x qé. Y es que con las tildes y las comas mi hermano no admite licencias, ya no solo por cuestiones ortográficas sino para evitar posibles confusiones. Las mayúsculas en los nombres no son obligatorias, siempre y cuando no lleven a confusión. Por eso suele ser mejor ponerlas. Por ejemplo, en un caso como «Me ha mordido el galgo», si el que ha mordido es nuestro amigo y no un can, hay que poner la mayúscula.

En cualquier caso, nunca se pueden cometer faltas de ortografía, por mucho que la v y la b estén pegadas en el teclado.

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En otra parte del manual donde mi hermano recoge todas estas licencias aparecen reglas de cortesía que él considera imprescindibles para poder mantener una conversación sana. En primer lugar, es mejor mandar un mensaje largo que muchos cortos, a no ser que se quiera conseguir algún efecto a través de los mensajes cortos, igual que en la poesía el verso, más allá de la rima, distribuye el mensaje de una manera armónica y precisa. Por ejemplo, coqueteando con una chica se le podría poner «Por eso no me gustas…» y luego en otro mensaje «…de momento». Si se pusiera todo seguido y sin esperar un poco, se perdería la gracia. Eso sí, en estos casos no se debe aplicar la táctica de los dos minutos entre uno y otro mensaje. La táctica de los dos minutos, como he explicado antes, solo sirve para esperar que la chica mande dos mensajes seguidos y recibir más información de la que uno conseguiría si no esperara. Por otro lado, no se puede avasallar. Si nos sale que la otra persona está escribiendo hay que esperar a que mande el mensaje para empezar a escribir el siguiente nuestro.

Si alguna chica incumple alguna de estas reglas, empieza a perder puntos y, dependiendo de la gravedad de la falta, puede perder todos los puntos de una vez, como en el carnet de conducir.

Por cierto, me refería antes al origen de los signos de interrogación y exclamación. Según nos explicó y nos enseñó en la Wikipedia mi hermano, el signo ? viene de quaestio en latín, que significa ‘pregunta’. 1200px-Quaestio.svgLa palabra quaestio se abrevió en qo y para ahorrar espacio se empezó a poner la q encima de la o. Después se perdió un poco la forma de la q, pero si uno se fija tampoco cambió mucho. Y con el signo de exclamación pasó algo parecido. El origen era la expresión Io en latín, que era un grito de alegría que significaba algo así como ¡Viva! Pasó lo mismo aquí: la i se puso sobre la o para ahorrar espacio, supongo, y se obtuvo el signo ¡.

Cuando se enteró de esto, mi hermano celebró mucho el descubrimiento, porque una profesora de pequeño le había recriminado que pusiera los puntos de estos signos como círculos, lo que a él le parecía mucho más bonito. En ese momento mi hermano no conocía el origen, pero ahora ya sabe que poner los circulitos está bien porque en verdad en su origen eran oes.

Volviendo a Natalia, mi hermano, fiel a su costumbre de llamar novias a las chicas con las que solo flirtea, un día, contando algo relacionado con ella, se refirió a ella como «mi novia de Hantas», porque de Hantas, un pueblo cerca de Roldana era la chica. Mufo, que era uno de los presentes, entendió «mi novia de antes» y preguntó:

—¿Quién? ¿Adri? —Adri es una ex novia de mi hermano, que más tarde volverá a salir.

—Ja, ja. No, de Hantas, de un pueblo cerca de Roldana.

Esto le recordó a mi hermano el viejo chiste de los zapatos de ante, que no son los de despué. En fin.

Otro de estos días mi hermano estaba escribiéndose con una chica que había conocido en una discoteca. Esta era la típica chica que lo pregunta todo, cosa que a mi hermano normalmente le pone algo nervioso, pero en este caso la chica tenía una conversación bastante ingeniosa y respuestas rápidas, lo cual le estaba dando bastante juego. Entre otras cosas la chica le preguntó:

—¿Cuáles son tus defectos?

Para lo que mi hermano tenía una respuesta típica que siempre daba:

Soy demasiado bueno.

—Venga, hombre, no me digas que no sabes decir tus defectos.

—Bueno, también soy demasiado simpático.

—Joé, o sea que eres el típico que no sabe decir defectos —la chica jugaba con el truco de tratar de encasillar a la otra persona como típico, cosa que podría haber funcionado con mi hermano si no fuera la tercera vez ya que lo utilizaba con él.

Mi hermano respondió:

—Ah, mira, ahora que lo dices tengo el defecto de que no sé decir mis defectos. Ahí tienes un defecto y una paradoja.

Y la chica le soltó:

—No te soporto.

—Ah, es verdad, también soy insoportable.

Después de conversaciones como esta a mi hermano siempre le vienen a la mente los primeros versos de una de las muchas poesías que escribió de pequeño: «Con lo fácil que sería / decirte que te quiero / y que tú me respondieras / que estás loca por mí».

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Uve doble ele ele (2)

Pero aún no he acabado con los locos clichés de mi hermano por las noches. Con el calor de Roldana y después de varias noches seguidas saliendo, es normal que la cabeza duela un poco. Para sanarse o al menos aliviarse del dolor, una noche, a mi hermano se le ocurrió echarse copa por la cara, apoyando el borde de la copa contra la frente y volcándola suavemente. Después de varias veces, el sistema resultó efectivo para paliar el dolor, pero no para beberse la copa. Mi hermano al principio pensaba que el líquido seguiría fielmente el curso de la nariz deslizándose dulcemente en la boca a modo de cascada si se sacaba un poco la lengua. Pero no es así, al final el líquido cae por todas partes menos en la boca; la nariz hace de rompeolas, más que de cauce o lecho.

De esta forma, con lo que se empezó a llamar el «chupito frente», fue como mi hermano se empezó a ganar la fama de que siempre lleva la camisa mojada, hasta el punto de que se ha convertido en tradición para él el mandar fotos a la gente con lo que él llama empapadas: «Esta empapada es de las mejores que recuerdo», decía un día por ejemplo al mandar una foto en la que tenía mojados hasta los pantalones.

empapada2Tal es el entusiasmo con el que la gente recibe estas fotos que, cuando le ven en una discoteca sin la camisa mojada se lo recriminan y llegan a exigirle que se la moje para poderse hacer una foto con él y mandarla, como si de un famoso se tratara. Alguna vez incluso le han llegado a sugerir que, para no mojarse la camisa, se la abra, cosa que, por cierto, ya hace algunas veces en las discotecas por motivos distintos, pero la cosa es que el día que probó a hacer el chupito frente con la camisa abierta cayó en la cuenta de que aunque era cierto que no se le mojaba la camisa, se le mojaban en cambio los calzoncillos (y los pelos del pecho). Ante esto le contestaron que para eso podía ir comando. Pero por ahí no estaba dispuesto a pasar mi hermano por miedo a pillarse la… en fin, por el miedo que todo el mundo tiene después de haber visto la horrible escena de Algo pasa con Mary.

Hay que decir, no obstante, que una de las mejores empapadas no la consiguió mi hermano, sino el Galgo. Fue un día que estaban en Marlinda en una discoteca donde las copas eran insultantemente caras. En esa época estaba muy de moda la canción Wake me up de Avicii, hasta tal punto que la gente de nuestro grupo se volvía loca y empezaba a dar brincos y a montar una especie de remolino (como el que hacían Zazú, el Galgo y mi hermano con In my mind en la época de postureo en la que como mucha otra gente iban a ir a Tomorrowland, pero no). Al segundo día, cuando pusieron Wake me up, el Galgo, que había aprendido de la experiencia, antes de unirse al remolino, se tiró la copa por encima de la cabeza. Cuando le preguntaron que por qué lo había hecho respondió:

—Con lo cara que es la copa aquí, antes de que me la tiréis vosotros prefiero tirármela yo.

La explicación que le dieron a estas palabras fue que era como en la explosión de un edificio: puestos a que se nos caiga la copa por encima mejor hacerlo de manera controlada.reloj

Un éxito casi tan abrumador como el que tiene mi hermano con las fotos de la camisa mojada lo consigue con las fotos que manda por WhatsApp de un reloj que tiene en su cuarto, en las que se ve la hora a la que se acuesta al volver de fiesta. Ha habido incluso peleas entre chicas si a una se lo ha mandado y a otra no y se enteran o si a alguna se la ha mandado unos minutos más tarde, porque eso significa que es la última en la que ha pensado antes de acostarse.

También al volver de fiesta a veces escribe bellos poemas que cuelga en su muro en Facebook o en Instagram. Por las mañanas se indigna al ver que estos poemas tienen más megustas que otros poemas serios que cuelga entre semana.

También gozó y aún goza de mucho éxito con una serie de fotos que empezó a hacer a la gente con un abrigo verde chillón que se compró; verde lima, para ser más técnicos. Todo empezó cuando estando en Holanda, un amigo americano le pidió consejo con la foto de perfil del Facebook y mi hermano, que en ese momento tenía una con este abrigo verde con la que había conseguido muchos megustas, le dijo que por qué no se lo ponía y subía una foto con él puesto, que el verde del abrigo favorecía mucho. Eso hicieron y lo mismo después con la mejor amiga holandesa de mi hermano, que estaba con ellos y que se había puesto celosa. Y así poco a poco fue haciéndole una foto con el abrigo a más gente hasta conseguir muchas. Incluso la perrita del Galgo tiene una con el abrigo. En este caso, igual que con lo de la camisa mojada, muchos al verle por ahí con el abrigo le piden que se lo deje para hacerse una foto.

Otra de las fechorías de mi hermano es el llamado «chupito emergente». Esto consiste en meterse un vaso de chupito vacío, después de haberse tomado el contenido, dentro de una copa llena. El efecto que tiene en las chicas el ver cómo mi hermano, después de ofrecerles un chupito, lo saca de dentro de su propia copa, como si emergiera por arte de magia, es inefable. Y más efecto aún tiene cuando saca uno para ella y otro para él. También es verdad que, como es lógico, muchas veces las chicas no quieren beber por si la copa está envenenada o por si tiene alguna pirula o, vamos, porque les da un poco de asquillo ver cómo mi hermano mete los dedos en la copa de la que saca el chupito.

Si alguien quiere probar la táctica del «chupito emergente», ¡ojo!, es importante que el vaso contenedor sea vaso de sidra o alguno otro ancho, porque si se hace en vaso de tubo el chupito se puede quedar encajado, lo cual puede ser bueno o malo. Puede ser bueno porque es bonito el efecto que se produce cuando el chupito se queda arriba y al darle la vuelta a la copa el líquido no cae, pareciendo cosa de magia porque el chupito no se ve. Pero puede ser malo si, cuando ya se quiere sacar el chupito para seguir bebiendo, se le da la vuelta a la copa, y, después de dar unos golpes al culo del vaso, el chupito cae al ojo. También es importante recordar que se tiene el vaso de chupito dentro en caso de querer emular al Galgo en lo de tirarse la copa. Sé por experiencia que hace más daño que los hielos.

Es menester decir que lo del chupito emergente no fue exactamente invento de mi hermano. Se le ocurrió en Holanda, cuando descubrió y, por supuesto, probó, una forma de tomarse la cerveza, que consiste en pedir al lado un chupito de ginebra o vodka con el objetivo de que la cerveza no dé tantos gases. Esto tiene un nombre en holandés que no recuerdo, pero cuya traducción es ‘rompecabezas’. Este menú se puede tomar de al menos tres formas. La primera es ir dándole un trago a la jarra de cerveza y luego un sorbito al chupito. La segunda es vertiendo el contenido del chupito dentro de la jarra de cerveza; y la tercera, y aquí está la clave, es echando directamente el vaso de chupito con su contenido en la jarra de cerveza.

Esta idea le gustó mucho a mi hermano, porque aunque le encanta la cerveza, si toma demasiada le dan gases y se duerme. Lo de que la cerveza le duerme se pudo comprobar la noche en la que en una barra libre de cerveza en una discoteca en Comandafnia cayó rendido en un sofá. Cuando un puerta le vino a echar, se levantó asustado y preguntó que por qué le quería echar. El puerta le dijo que estaba durmiendo y que en la discoteca no se podía dormir. Él, pudiendo haber contrautilizado el truco de Cela y haber dicho que no estaba durmiendo, sino que estaba dormido, prefirió ponerse a bailar y dijo: «Pero si estaba bailando». Sorprendentemente no le echaron.

También le cogió cierta aprensión a beber demasiada cerveza cuando se enteró de que incrementa las posibilidades de tener gota. Desde que leyó aquello cada vez que se pasa con la cerveza nota que tiene el dedo gordo del pie hinchado.

El peor día sin duda relacionado con la gota fue cuando al volver de fiesta en Favencia un verano, al quitarse el zapato vio que tenía el dedo gordo y parte del pie del color que se pone la piel cuando hay sangre por dentro, es decir, como amoratados o acardenalados. Se asustó mucho, pensó «Hasta aquí hemos llegado» y rezó por que lo que hubiera pasado fuera que se había desteñido el zapato, aunque era marrón. Empezó a frotarse el pie y no salía. Al final, frotando con ahínco y con el ímpetu del que no quiere morir tan joven, consiguió que se fuera quitando el color, seguramente porque en verdad era cosa del zapato; aunque si hubierais visto la vehemencia y el frenesí con los que se frotaba el pie con la esponja, en una postura bastante graciosa, por cierto, dudaríais como yo de si lo que en verdad hizo fue devolver la sangre allí acumulada al corazón.

También por el problema de no querer beber demasiada cerveza, en Romsa —una ciudad noruega donde mi hermano ha ido varias veces por estancias y congresos y que está por encima del círculo polar ártico— se exponía mi hermano a una situación curiosa. Nos contaba un día que en las discotecas de allí dejaban pasar y beber cerveza a mayores de dieciocho años, pero solo podían ingerir bebidas espirituosas fuertes los mayores de veintiuno. Como en los países europeos las copas son caras y pequeñas, sus amigos solían pedir cerveza, y mi hermano hacía igual, hasta que en un momento de la noche necesitaba una bebida que le detuviera la gasopuntura que le atormentaba por dentro. Para poder tomar una de las bebidas fuertes había una salita especial a la que solo se podía acceder si se era mayor de veintiuno y, por supuesto, no se podía salir con la copa. Así que era como una sala de fumadores, pero peor, porque como nos decía mi hermano, el que sale a fumar, aunque lo haga solo, tarda unos cinco minutos, pero el que se está tomando una copa, encima cara, se tira media hora mínimo para degustarla como es debido. Así que mi hermano, mientras se terminaba su copita se pasaba al menos media hora solo en una sala donde apenas había mujeres, rodeado de borrachines, con los que, tras haber pensado en sus cosas, por supuesto, acababa hablando, sobre todo si daba el «sorbo letal», es decir el sorbo en el que uno debe despedirse de sus amigos hasta el día siguiente, porque pasa a no recordar las cosas, y en el que a mi hermano en concreto le empieza a dar el «momento social». Pero pasar por esa sala era la única forma de aguantar. Lo peor de todo es que encima mi hermano es de los que les cuesta estar bailando en una discoteca sin una copa en la mano, no por beber, sino por costumbre, así que cuando no estaba en la sala de bebedores, estaba como incómodo mirando hacia ella, añorándola, como si fuera un alcohólico.

Parecido a lo del Galgo con la canción de Avicii, pero en dirección opuesta, es lo que mi hermano llama «hacer un Fernando Alonso». Un «Fernando Alonso» consiste en agitar una bebida embotellada y abrirla empapando a todos, igual que hace, o que hacía, Fernando Alonso con el champán cuando gana o ganaba una carrera. Esto empezó en el reservado de Roldana, un día en que al traerles la mezcla para las botellas de alcohol, mi hermano cogió una botella de cristal abierta de Coca Cola y tapándola con el dedo gordo empezó a agitarla y a empapar a la gente. A partir de ahí empezó a hacerlo también en Almagriz con las cervezas que venden los chinos a la salida de las discotecas. Los objetivos habituales de esto suelen ser Pichuki y Quero, aunque Pichuki ya no tanto después de que un día se enfadara muchísimo cuando mi hermano la empapó a ella y a Celulita a conciencia. Como a mi hermano le gusta mojarse y considera que mojarse con alcohol es signo de salud, al principio consideraba infundadas las broncas que le echaba la gente y seguía haciéndolo y, aunque sin mala intención, molestando. Ahora ya se ha reformado, porque se ha dado cuenta de que no es solo el estar mojado, que ya es molesto, sino que también el alcohol hace que uno huela.

Y ahora que digo lo de «hacer un Fernando Alonso», igual que sucede en otros grupos, en el nuestro hay muchos casos en los que alguien, por hacer algo característico repetidas veces, acaba dándole el nombre a una acción. Merece la pena destacar algunos de ellos.

Uno, por ejemplo, es «hacer un Galgo». Aparte de lo de tirarse la copa por encima, que también podría decirse que es «hacer un Galgo», el que «hace un Galgo» en este caso es el que organiza un plan y lo propone en el grupo común de WhatsApp y luego, cuando ya está todo el mundo en el sitio donde se ha quedado, resulta que no aparece y, más aún, no avisa de que no va a aparecer. Otro es «hacer un mi hermano», que creo que he mencionado antes y que consiste en coger a una persona, generalmente, a la amiga de una amiga, una noche por banda y darle una buena chapa contándole un montón de historias sin casi dejarle hablar más que para aprobar lo dicho. «Hacer un Zazú» o «un Sano», que en esto hay disputas, es inflarse a copas en una casa y luego irse directo a la cama en vez de salir a una discoteca. «Hacer un Charly» es despertarse por la mañana y darle la vuelta a los pantalones y sacudirlos para ver si queda al menos alguna moneda de por la noche en los bolsillos. Esto se puede completar mirando los recibos de la tarjeta de la noche y quejándose amargamente de todo lo gastado, tirando los recibos por el aire. También «hacer un Charly» es, al recibir una llamada, quejarse diciendo «¿Por qué me llama este ahora?», sea quien sea la persona que llama. «Hacer un Quero» es forzar el saludo con algún vecino y que el vecino no conteste. «Hacer un Mufo» es decir una noche al salir de fiesta que vas a ver amanecer y caer antes de las tres de la mañana. Muy parecido es «Hacer un Lízar», que consiste en ir un fin de semana a algún sitio de fiesta y morir (en el sentido de no poder salir el resto de días) la primera noche. «Hacer un bailarín de Tóldoz» es casi darse con el coche de delante por estar distraído mirando a una tía buena que pasa por la calle.

Luego los hay más sofisticados, como «hacer un Kiko Burgos» o «hacer un Alfonsito», los dos muy relacionados. El primero lo explicaré luego para que veáis en directo el origen. El segundo consiste en parar alguna actividad, en su origen fue una partida de mus, y sin venir a cuento sincerarse diciéndole a la gente, por ejemplo:

—Sois mis mejores amigos. Nunca me lo había pasado tan bien jugando al mus.

Y luego pasar a preguntar por algún tema íntimo como que qué opina la gente sobre los celos.

Hasta ahora, en todos estos casos el nombre de la acción lo da el que la hace, pero también puede dar el nombre el que la recibe. Por ejemplo, Chindas y mi hermano llamaron hacer un Cami 2 a estar en una discoteca con alguna chica, al principio siempre era Cami 2, y decirle que te estás haciendo pis para irte a dar una vuelta por la discoteca entrando a chicas (la llamada «putivuelta») y no volver hasta un buen rato después habiendo dejado a la chica sola o, mejor aún, habiéndola dejado con alguien con quien no se lleva bien y que no tiene mucha conversación. Este tipo de grupos que no pega ni con cola, por cierto, es lo que se llama un «pencho», como los que típicamente hay en las mesas de las bodas.

También hay otra acción en la que el nombre lo pone el que sufre la acción: «hacer un cajera de Mercaballero» (o en su versión reducida «hacer un Mercaballero»). Esto consiste en no contestar a una pregunta que alguien nos hace y que claramente oímos sin tener motivo para no hacerlo. El nombre viene de que en la época en la que a mi hermano le dio por ser borde, un día estaban comprando en Mercaballero y la cajera le preguntó alto y claro a mi hermano si quería una bolsa y mi hermano ni se molestó en contestar. A su amigo Fernando, que iba con él, le hizo mucha gracia y desde que nos lo contaron llamamos así a cualquier caso en el que sin razón alguna se ignora una pregunta.

La posibilidad de que el nombre de la acción lo dé el agente o el paciente me recuerda a algo que nos contó mi hermano un día: la posibilidad de encontrar verbos que indiquen en qué sitio se pone algo o verbos que indican lo contrario, es decir, qué se pone en un sitio (en inglés mi hermano dice que se llaman locatio y locatum verbs, respectivamente). Un ejemplo de los primeros es el verbo to shelve, que significa ‘poner en una estantería’ y un ejemplo de los segundos es to saddle, que significa ‘poner la silla de montar en algún sitio’. Es decir, en el primero el nombre lo da la estantería (shelf), que es el lugar en el que se pone algo, y en el segundo caso el nombre lo da la cosa que se pone, la silla de montar (saddle). En español un ejemplo de los primeros sería enjaular o enlatar, porque estos verbos indican que metemos algo en algún sitio, en una jaula o en una lata; y ejemplos de los segundos podrían ser ensillar, enyesar, empanar o empolvar, porque indica lo que le ponemos a algo: una silla, yeso, pan o polvo. Para más inri, hay incluso verbos que indican lo que se quita de un sitio, como dust en inglés, que significa ‘desempolvar’. En español creo que no hay ninguno de estos, aparte de los que tienen el prefijo des- como desempolvar, claro; a no ser que barrer sea ‘quitar el barro’, je, je.

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Uve doble ele ele (1)

8

Otras locuras o dejémoslo en cosas peculiares de mi hermano tienen que ver con los camareros. Los camareros son una de las obsesiones de mi hermano en las discotecas, sobre todo las camareras, por supuesto, pero también ellos. Entre otras perlitas para con este gremio tiene una típica respuesta que yo creo que ha cogido de alguna película o serie. Cuando una camarera le pregunta si quiere algo más él responde:

—No sé, ¿quiero algo más? —y guiña el ojo igual que Joey en Friends. No en vano hubo una época en la que a mi hermano le llamaban Joey, principalmente cuando le dio por entrar a las chicas diciendo «¿Cómo va eso?».

También cuando paga con tarjeta tiene su ritual. Cuando le pregunta 20150922_132523alguna camarera si quiere copia él contesta «¿De ti o del recibo?» escalofriándola (de manera similar a cuando una noche en la cola de Valhalla tuvo un roce con un quinqui, el cual le amenazó diciendo que por menos había visto navajazos, a lo que mi hermano contestó con la fanfarronada «¿Tuyos o míos?»).

Como la tarjeta de mi hermano es de firmar, aprovecha la ocasión para, en vez de poner la firma, pintar corazones o firmar con una X, queriendo hacer la gracia de parecer analfabeto; o pone su teléfono, o pinta la clásica pantera rosa hecha con hexágonos. Todo un repertorio que, al principio podía resultar gracioso, pero que luego ha empezado a ser un poco tedioso, máxime cuando alguien que nunca lo ha visto lo celebra o cuando a veces las camareras se ríen e, incluso, se lo enseñan entre ellas. Un día, por ejemplo, al firmar, pintó un corazón y después puso su firma, tras lo cual le dijo a la camarera:

—Lo primero para el banco lo siguiente para ti.

La camarera se partió de risa, y más cuando al pedir la siguiente copa y escribir lo mismo mi hermano lo dijo al revés:

—Ahora lo primero para ti y lo segundo para el banco.

Y guiñó un ojo.

Pero su éxito más rotundo fue el día que le escribió una poesía a una camarera en la caja del Big Mac en un McDonalds. La camarera al leerla se metió donde se preparan las hamburguesas, y de repente, cuando ya no se la veía, se oyó una carcajada de todos los que estaban dentro. Mi hermano miró orondo a su compañero de desayuno de aquel día, que ahora no recuerdo quién era.

Otro de sus grandes éxitos a la hora de firmar el recibo de la tarjeta fue en el restaurante de Roldana al que siempre vamos a comer chanquetes, cuando, a la hora de firmar el recibo, la camarera no tenía boli, y mi hermano, sin saber si funcionaría, se tiró un triple y le dijo que no se preocupara, que en ese papel se podía firmar con la uña, que era como papel calco; cosa que curiosamente consiguió hacer cuando lo intentó. La camarera, sorprendida, se lo agradeció y le dijo que bueno era saberlo para la próxima.

También a la hora de pagar, si pide un chupito de Jagger o de tequila, suele ofrecer uno al camarero en cuestión diciendo bastante rápido «Dos chupitos de Jagger. Si tú quieres uno, tres», sabiendo que generalmente o el camarero no puede tomar porque está trabajando o, si puede tomar, con este truco no cobrará ninguno. De esta manera, aun en el caso de que le cobren el chupito, al menos siempre consigue quedar bien y casi siempre le invitan al segundo (al segundo chupito, digo, no que le invitan al instante).

Otro truco fundamental para quedar bien es dejar un euro de propina por copa. Dice que un euro más al precio que están las copas no se nota, y que, como poca gente lo hace, los camareros agradecen y aprecian mucho el gesto. Considera una tontería no hacerlo y para demostrarlo siempre cuenta la historia de que una vez en Ribancho, al darle un euro a una camarera, esta le preguntó «¿Sabes quién soy?». Ante el intrigado no de mi hermano, le desveló que era la dueña del bar y le dijo que a partir de ese momento estaba invitado a todas las copas que quisiera (a las suyas, eso sí, que no era plan de que se pusiera a invitar a copas a todos sus amigos. Encima con exclusividad, pensaría él).

La mejor propina que dio de esta forma fue una vez en Roldana cuando compró previamente el típico euro de recuerdo que viene pintado por una de las dos caras, en este caso, con una palmerita y con el nombre de Roldana. Cuando llegó a la discoteca sorprendió con este euro especial a la camarera a la que llevaba dándole un euro de propina todas las noches. La cautivó realmente.

Otro truco que hace, en este caso para que los camareros se acuerden de lo que bebe y no tener que gritar con el estruendo de las discotecas, es decir «uve doble ele ele», lo cual lógicamente, y él lo hace aposta, al principio el camarero no entiende, pero que explicado como White Label con (Coca Cola) light cobra sentido y es efectivo para que ya no se le olvide al camarero ni lo que significa ni lo que pide mi hermano.

Precisamente es bueno que no tenga que decir lo del White Label porque alguna vez ha tenido problemas con el nombre. Uno de ellos fue en su estancia en Nueva Isla, estancia de la que algún día hablaré con más detalle. Empezó pidiendo White Label, Dewars_White_Label_1pronunciado a la española, es decir, [guáit lábel], y no le entendían. Entonces se le encendió la bombilla y pensó, «Ah, claro, es que se pronuncia [guáit léibel]», pero tampoco le entendían. Entonces miró la botella y cayó en que allí lo llamarían por el nombre de la marca, Dewar’s, lo cual pronunciado con su mejor inglés o jaimglish, es decir, diciendo [díwars], tampoco obtuvo el resultado esperado. Al final, tuvo que señalar la botella, y entonces el camarero exclamó: «¡Oh! [Dúars]».

Lo de jaimglish, por cierto, es como él llama a su forma de hablar inglés, haciendo un acrónimo del tipo de spanglish. Esta variante del inglés de mi hermano es bastante correcta y, al parecer, a las chicas les parece muy mona, sobre todo cuando pronuncia, como tantos españoles, una e inicial en palabras que empiezan por s más consonante, la llamada s líquida, diciendo, por ejemplo, [espéin]. Será que a los españoles nos gusta ponerle una tapa a todo lo líquido.

Otro día en Roldana, mejor dicho, en Pera playa, que es la continuación del paseo de Roldana, donde en verdad está la casa de Chindas, mi hermano le pidió a la dependienta del veinticuatro una botella de White Label. La chica fue a coger una de Red Label (de Johnnie Walker), en la que se ve más grande lo de Label y mi hermano la detuvo exclamando:

—No, no. White Label. —Y acordándose de lo de Nueva Isla añadió—. Bueno, Dewar’s —pronunciado [díwars] porque le parecía demasiado fuerte pronunciarlo [dúars].

La dependienta, autóctona ella de las tierras del sur, contestó:

—Cómo que da igual —pronunciado [diwáh] en almeriense—. No, no, si me has pedido White Label te pongo White Label.

A su lado su amiga Cami 2 se empezó a reír y mi hermano, con su bondad innata, para que no se sintiera mal la dependienta, que con su mejor intención le había recriminado, dijo:

—Ah, ¿que he dicho da igual? Pues no me he enterado. No, sí, mejor White Label si se puede.

De Cami 2, ya que es la segunda vez que la menciono, diré por ahora que es una de las mejores amigas de mi hermano, con la que alguna vez ha tenido alguna historia graciosa que ya irá saliendo en este o en un futuro relato. Es suficiente por ahora contar, por ejemplo, que, como mi hermano y Cami 2 tienen las casas muy cerca en Roldana, muchas veces bajan juntos y solos a la playa. Tanto tiempo pasan juntos y solos que fue inevitable que el padre de Cami 2, de la vieja escuela, cuando se estaban conociendo, les viera y se mosqueara. Queriendo no creer que le estaban levantando a su hija delante de sus narices y observando que mi hermano iba muchas veces con un bañador rosa, un día le preguntó a su hija, como queriéndola disuadir de sus posibles intenciones, si su amigo era mariquita y que por eso llevaba un bañador rosita con flores hawaianas. Cami 2 se desternilló pensando en la posible reacción de mi hermano al enterarse. Cuando se lo contó, mi hermano se ofendió un poco, pero contestó con sorna diciendo que qué tendría que ver, que eso lo decía su padre porque viendo su atractivo había temido que Cami 2 cayera rendida en sus brazos y se acogía a la esperanza de que fuera gay (pronunciando [gái] como manda la VEI); que además el bañador se lo había regalado una ex novia y que, si de algo era el bañador, era de surfero, lo cual es lo más macho que hay.

Esta y otras historias que irán saliendo han unido y desunido a la vez, es decir, han unido, a Cami 2 y a mi hermano. En este caso, hay que reconocer que mi hermano tuvo una extraña etapa en la que le encantaba el color rosa: siempre se pedía la ficha rosa en el Trivial, llevaba calcetines rosas y hasta se compró las Sparco, cuando se pusieron de moda, de ese color. Aún hoy le quedan algunos vestigios de ese gusto cromático, como ir con chaleco rosa a las bodas de las que le hacen testigo.

Volviendo al tema de las discotecas, lo de pedir con Coca Cola light mi hermano ahora lo sigue haciendo por no engordar. Y es que, cuando le advierten que el alcohol engorda, él dice que lo que engorda es la Coca Cola, no el alcohol. Pero en su momento, cuando estaba más delgado, empezó a pedir Coca Cola light porque descubrió, la primera vez que estuvo en América, que allí la Coca Cola light se llamaba Diet Coke, y le encantaba pronunciar el nombre: [dáiet cóuk].  Así, con la tontería, se acostumbró al sabor y desde entonces siempre pide Coca Cola light, aunque es verdad que ha tenido alguna época de rebeldía en la que ha pedido Coca Cola normal o, incluso, a veces zero.

Aunque todas estas cosas puedan parecer excentricidades, el caso es que mi hermano, gracias a ellas, consigue algunos favores, y no solo el susovisto del día que le invitaron a todas las copas en Ribancho. Por ejemplo, entre lo del euro y lo del uve doble ele, muchas veces no tiene que esperar cola en la barra para pedir. Con levantar las manos por encima de la gente con un dedo levantado el camarero se lo pone. A veces en vez de un dedo indicando que quiere una copa, levanta tres dedos de una mano haciendo una uve doble y dos de la otra haciendo una ele. Y así, aunque es un panoli o pagafantas invitando a chicas, es experto en que los camareros le inviten a cosas.

Continuará…

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Prólogo

Primera parte: Mi hermano

1. El zorrocloco que creía en diccionarios
2. Latinismos, banderas, el punto y coma y otros ruidos de animales
3. La septentrionalidad del síndrome de Fausto
4. Monicaca y su agüita o el peligro de los hipocorísticos con K
5. ¡Bravo por la música… y por el Red Bull!
6. Chomsky, la sintaxis, los niños y los perros
7. El poder de la mente sobre el cuerpo
8. Juegos de manos, juegos de mi hermano
9. ¡Truco o retrato!
10. Why?… Em Si Ei
11. Muchos apellidos vascos o Casa con una puerta, mala es de cerrar
12. La importancia de lo ausente o Fausto jugando a la rayuela
13. Los sesgados requisitos de mi hermano para no tener novia
14. El síndrome de la urraca furiosa
15. No es literatura para viejos
16. Una aventura es más divertida si huele a lingüística
17. Los lingüistas somos gente honrada
18. El lingdar, que no língdar, o En ocasiones veo palabras
19. Haplologías, analogías, sesquipedaliofilias y otras enfermedades lingüísticas que se pueden pillar en el metro
20. Presuntas apariencias
21. Próxima parada: mi hermano. Tengan cuidado de no introducir el oído entre coche y él
22. ¡¿Jaguares en África?! o Cosas que no sabe mi hermanóptero
23. De esa agua sí beberé
24. Operación monokini o los etimológicos y morfológicos peligros de dormir como un choto recién amamantado
25. Incepta est fabula

Segunda parte: El comienzo de la aventura
1. Aristóteles no escuchaba a Mozart, pero aún esixten princesas, nobles, miraglos, murciégalos y cocretas
2. En un abrir y cerrar cerrojos
3. A manuscrito imaginado no le hinques el diente
4. Becós
5. Dywá, Dywé, Dywí y Dywó
6. Los novios de Santaél, tonta ella y tonto él
7. Gravedad, pelos y otras artes disuasorias
8. Uve doble ele ele
9. Dime de qué color llevas el pantalón y te diré con quién vas a ligar
10. Leche con galletas o cerveza con patatas
11. «Veniros» no es propio de una buena novia o Las limitadas licencias ortográficas de WhatsApp de mi hermano
12. La pista de Altair (sin tilde)
13. En martes (13) ni te cases ni te embarques, aunque seas un personaje literario

Tercera parte: La aventura de Altair
1. Calambres en el taxi
2. Vuelo a Favencia: El jumus y los rapes
3. Lo jamais vu
4. Megustas, dijistes, escorpiones y entrecots
5. Prometeus
6. ¡¡¡Oreja fritaaa!!! Laralalalala
7. Kikkoman, claro
8. ¡Es «marchaos», no «marcharos»!
9. En el circuncamino
10. De esos penchos vienen esos Kiko Burgos
11. Aventuras y un cadáver
12. Por cada año un mes y otros drásticos trucos para superar rupturas
13. Entre chanchas y marranchas y Malentendidos
14. Tuya es la culpa
15. Manuscrito, origen, lenguaje, conde, ensortijado
16. No hay hombre nacido como mi hermano

Cuarta parte: De Favencia a Almagriz y a Roldana a ser feliz
1. Las teorías del oro y del cerdo. ¿Y a esto se dedican los lingüistas?
2. Testimonio en primera persona de mi hermano
3. El problema de comerse un Big Mac con cartón y todo
4. El origen del lenguaje podría ser la manzana de Adán
5. ¡Me quedo a vivir en Roldana!
6. El día que mi hermano ligó con una súper
7. No era yo, no era yo; era yo
8. Un dulce final

Continuación de la saga en ¿Y ahora qué? Otra aventura lingüística

Índice de materias, voces y nombres propios

Lugares

Censo de personajes

Tácticas para ligar (y otros lances del ligoteo)

Principios, haceres, efectos, métodos, leyes físicas y síndromes

Curiosidades lingüísticas

Curiosidades del mundo

Personajes

Censo de personajes:

Familia:

jijijijiMi hermano: el gran protagonista de la historia, cuya curiosidad lingüística le lleva a una inesperada aventura.


madreNuestra madre: con la que vive mi hermano.


Amigos de Pinar de San Martín:

galgoEl Galgo


queroQuero


mufoMufo


charlyCharly


Amigos de Roldana:

cachasChindas: de nombre visigótico, será clave en la aventura. Miembro del pack completo.


dragonLízar: Amigo de Roldana. Miembro del pack completo.


billiardPichuki: se prenda por las camisas de mi hermano.


rowboatÓscar: quiso hacerse a la mar con mi hermano.


Otros amigos:

De la VEI:

libro3Margarita: la que dio una lección a mi hermano con vadear.