De esa agua sí beberé

23

Volviendo a lo lingüístico, en aquellos viajes también escucharon muchos este aula, en vez de esta aula, ese arma, en vez de esa arma, y más casos de uso del demostrativo masculino con nombres femeninos, claramente por influencia de el aula o el arma. Una de las veces mi hermano le explicó a Quero:

1421759399589—A ver, es que aquí la gente confunde las cosas. No es que cuando uno dice el agua o un arma o algún águila esté usando el artículo o determinante masculino. No. Lo que se está usando es una forma femenina apocopada o sin la última letra de estos por fusión fonética con la a tónica inicial. En el caso de un y algún está claro cómo se produce esta apócope: simplemente se pierde la última a de una y alguna. Lo que no se ve tan claro es lo de el y creo que esto es lo que lleva a error. Uno esperaría que, si fuera apócope, en este caso fuera l’agua, con apóstrofo, que no apóstrofe. —Quero puso cara de sorpresa ante esto pero dejó a mi hermano continuar—: pero la cuestión es que el antiguo artículo femenino era ela y, por tanto, al perderse la –a quedó el’. —El apóstrofo lo marcaba con un gesto con la mano—. Es decir, que no es que se use el masculino en estos casos, sino una forma apocopada del femenino ela.

—Anda.

—El considerarlo masculino y no forma apocopada ha hecho que con esta o esa, por ejemplo, se use el masculino, cuando si se quiere imitar lo que pasa en los otros casos, debería ser est’aula con apóstrofo o es’arma. Yo siempre decía, creyéndome muy original e interesante, «Nunca digas “de este agua no beberé”», di «De esta agua no beberé», pero luego he visto esta broma en muchos sitios, así que nada. Me recuerda a lo del abstract que uno mandó para un congreso y al que en la respuesta le dijeron: «Su abstract es a la vez original e interesante, pero la parte interesante no es original y la parte original no es interesante».

—Ja, ja. Pero es que esa aula queda rarísimo.

—Ya, pero bueno. Yo creo que a que suene raro ha contribuido el Steaua de Bucarest. steauaLa gente no sabe que Steaua significa ‘estrella’, y no es esta agua, je, je.

—Ja, ja. No creo que a la gente le salga tanto el Steaua como para que se les haya pegado.

—Ya, no sé. Era por buscar una explicación. Ah y hay alguna excepción. Sabes que la regla es que pasa con palabras que empiezan por a– o ha– con hache tónicas, ¿no?

—Sí, sé que es tanto el agua como el hacha, pero sería… la agüita… porque… —Quero dudaba—…. ahí la a no es tónica.

—Eso es.

—¿La agüita? ¿Seguro? ¿No es el agüita?

—Hay gente que dice el agüita, pero lo recomendable es la agüita, precisamente porque la a no es tónica en agüita, frente a agua. Pero hay excepciones reales. Por ejemplo, con el nombre de las letras no se usa el. Decimos la a o la hache y no el a o el hache, a diferencia de en el caso de el hacha, por ejemplo. También pasa con siglas y con nombres propios. Por ejemplo, decimos la APA, perdón, la AMPA para referirnos a la Asociación de madres y padres de alumnos, pero decimos el hampa; o decimos «Es la Ana de siempre» y no «Es el Ana de siempre».

—Cierto. ¡Qué curioso! Oye, ¿y lo del apóstrofo?

—Ah, pues eso es que la gente llama siempre apóstrofe a la rayita que se pone para indicar que falta una letra, y en verdad es apóstrofo. Un apóstrofe es una figura retórica que creo que es como dirigirse a alguien con vehemencia. —Mi hermano muchas veces usa ese modesto «creo que», cuando en verdad está seguro porque se lo ha aprendido de memoria.

Otra cosa que escucharon mucho fue lo de andamos para el pasado de andar en vez de anduvimos o andé por anduve, en los casos, claro, en los que la gente no usa un verbo que se ha puesto más de moda para esta acción: caminar. Mi hermano justificaba el uso de andé y andamos:

—La verdad es que es curioso que a la gente le salga andé o andamos en el caso de andar, pero no les pase con el verbo tener, por ejemplo. Debe ser que hay algo más detrás. De hecho, es curioso que incluso yo a veces digo andamos para el pasado en los casos en los que andar significa ‘caminar’, pero jamás me pasa con andar cuando lo utilizo como ‘encontrarse en un estado’. Por ejemplo, yo jamás diría «Aquellos días andamos un poco tristes», siempre diría anduvimos. Eso si no hago la broma de decir anduviamos, je, je —Silencio—. O sea que parece que hay alguna diferencia entre anduve y andé. Cuestión de estudiarlo.

Y esto le llevó a arrancarse con una de sus teorías:

—Esto me recuerda a lo que pensé un día sobre casos en los que una forma del presente es igual que la del pasado, como divertimos. Yo estoy seguro de que aunque lo escribimos igual, si grabas a alguien diciendo «Ayer nos divertimos mucho» y «Hoy en día los jóvenes nos divertimos más», es decir, con un divertimos en pasado y otro en presente, ese divertimos suena distinto. Llegaría a decir que si dejas solo el divertimos y le preguntas a alguien si es pasado o presente podría adivinarlo. Es como si en pasado la i de divertimos estuviera más acentuada o fuera más larga. No sé.

Y completó:

—Pero, vamos, nada como el dolizo de Óscar el día que se cayó en su predespedida.

—¿Qué pasó?

—Pues que se cayó al suelo y al levantarse dolorido y quejándose dijo: «¡Me dolizo mucho!». ¡Toma analogía!

Otra maravilla que escuchaban con frecuencia era el proceso en vivo de creación de una nueva preposición. Era el caso del hace que aparece en construcciones como «Lo habían hecho hace cinco días», en as que habría que haber usado hacía en vez de hace, es decir «Lo habían hecho hacía cinco días». Mi hermano decía al respecto:

—Es precioso esto, porque se está utilizando hace como invariable, es decir, no cambia de forma aunque sea pasado, y, por tanto, se estaría utilizando más como una preposición que como un verbo.

Ya sabemos que a mi hermano le parecen preciosas las muestras naturales de evolución de la lengua. Pero la evolución natural, ojo, no la forzada como lo de tener que decir la AMPA y las madres y padres, algo que, como ya veremos, para él al final lo único que acaba consiguiendo es que pasen cosas como que se relacione a los padres con el hampa.

Capítulo siguiente   Capítulo anterior

Índice

Anuncios

Monicaca y su agüita o el peligro de los hipocorísticos con K

4

En una discoteca es mucho más fácil ligar si te preparas el terreno. Eso es lo que hace mi hermano. No es que se estudie en casa fun facts o datos curiosos ex profeso para ligar, pero uno de los motivos por los que le gusta saber cosas es, precisamente, para luego soltárselas a las chicas y conquistarlas.

pollo capón 2
El pollo capón

Y es que una discoteca está llena de objetos fascinantes, o mejor dicho (que eso suena algo mal), de objetos de los que se pueden contar historias fascinantes, con las que se podría impresionar a cualquiera. Una mina, por ejemplo, es el origen de los nombres de las bebidas y de los nombres de las marcas de las bebidas.

Pero, claro, no basta con saber estas historias; también es necesario saber cuándo contar qué historia y tener un poco de suerte.

Un día mi hermano conoció a una chica pidiendo en una barra. Vio que la chica pedía un vodka con naranja y se lanzó:

—¿A que no sabes de dónde viene la palabra vodka?

La chica le miró con sorpresa y dijo:

—Pues no.

Cuando mi hermano habla con una chica extremadamente guapa, se hincha como un pollo capón, sacando pecho y echando para atrás los hombros, lo que hace que tenga menos éxito del debido (por la artificiosidad de la postura, ojo, que no por la falta de atractivo, gallardía y donaire). De esa guisa empezó a explicar:

—Pues tiene origen polaco. En lenguas como el polaco o el ruso, voda significa ‘agua’. Y con la k se hace el diminutivo. Por lo tanto, vodka es como ‘agüita’.

—¡Ah!… —la chica le miró con cara de haber roto un plato.

Impertérrito, mi hermano siguió:

—Así, en los hipocorísticos del ruso, a veces aparece la k, como en Marushka de Maria. —Queriendo sacarle el hipocorístico a la chica, continuó—: A ver, por ejemplo, ¿tú cómo te llamas?

—Mónica —respondió la chica que, aunque algo intimidada, en el fondo sentía algo de curiosidad.

Phonto(46)Como lo que procedía según lo explicado era algo así como Monicaca o quizás Monishka, lo cual tampoco sonaba del todo bien, mi hermano enmudeció, mostrando la confusión y el turbamiento precisos para que la chica hiciera un ruidito de desaprobación, pusiera cara de «otro chico que me la quiere colar», cogiera su agüita con naranja y se fuera, sin dejar tiempo a mi hermano de explicar que otro diminutivo en ruso es Katiuska (de Katia), el cual dio nombre a las botas de agua a raíz de una zarzuela o, mejor dicho, opereta de Sorozábal donde la protagonista, Katiuska, llevaba este tipo de botas (como lo de la rebeca con la peli de Hitchcock o la pamela de la novela de Samuel Richardson).

Cuando cuenta este percance, mi hermano dice que lo que falló en esta ocasión fue haber usado la palabra hipocorístico:

—Seguro que a la chica la palabra le sonó pedante, con lo bonita que es, que se aplica a los nombres cariñosos o familiares, tipo Concha (de Concepción) o Paco (de Francisco) y quiere decir algo así como ‘palabras que acarician’.

Superromántico, vamos. No me cabe la menor duda de que, si la chica llega a haber sabido esta información, habría captado la indirecta, cayendo rendida ante las tentativas acariciantes de mi hermano.

Pero bueno, como en la vida todo es cuestión de acabar encajando con alguien y como muchas otras veces le han funcionado estas prácticas, mi hermano nunca se da por cachiporra o por vencido y eso hace que siempre se pueda disfrutar de sus locas y chascarrilleras peripecias.

Además, como más adelante contaré, mi hermano cuenta con todo tipo de tácticas y estrategias para que la cosa no falle, como la célebre e hipocorística «táctica de la mano», 60px-Proto-semiticK-01.svgque tanto juego le da. En la escena aquí contada, no tuvo tiempo de coger de la mano a Monicaca y se le escapó, pero ya veremos otros lances en los que estuvo más rápido con la mano y menos torpe con la letra K, cuyo origen, curiosamente, es un símbolo semita que representaba una mano abierta.

Capítulo siguiente     Capítulo anterior

Índice