No era yo, no era yo; era yo

7

Una de esas tardes, como era tradición todos los años, mi hermano quedó con Cami 1. Cami 1 es una chica de Mirtea —y por eso a veces la llamaba mi hermano «mi novia de Mirtea»— con la que conectó desde que se conocieron o, mejor dicho, desde que se re-conocieron un día en el malecón de Roldana, porque conocerse ya se conocían desde hacía tiempo, lo que pasa es que ambos tenían pareja entonces. De hecho nuestros abuelos conocen a los suyos.

Bueno, pues, desde que se re-conocieron, ya habían pasado algunos años. Para que la situéis, Cami 1, por ejemplo, acompañó a mi hermano al concierto de Juan Magán del que he hablado antes. El acompañar a mi hermano al concierto y otras cosas hicieron que Cami 1 adelantara a Cami 2 en el ranking de Camilas de mi hermano, historia que contaré apropiadamente en algún momento, quizás ya en una segunda parte.

Esa tarde fueron a las terracitas del puerto y se sentó mi hermano primero y ella después justo en la silla de su lado, en vez de en la de enfrente. Mi hermano le dijo lo que siempre le dice a la persona que se le sienta así cuando son dos —después de dejar el chicle en la servilleta de papel, claro—:

—Ja, ja. Te me has sentado como una novia pesada.

Ella dudó, se ruborizó un poco y le preguntó si quería que se cambiara, pero él dijo que no pasaba nada, que era una tontería.

Empezaba fuerte mi hermano en la conversación, en plan seductor, pero pronto caería con todo el equipo porque hablando de una cosa y otra resultó que Cami 1 se había echado novio. Una menos.

Esa misma noche fueron todos a Pequod, la discoteca alternativa a Valhalla. Esta vez, Chindas también conducía, y tocaba sacar el coche de mi hermano. Ese día estaban casi todos. También estaban Pichuki, Cami 2, Lupita y algunos más que ya habían llegado para la temporada de verano en Roldana, como Pitu.

A mitad de la noche mi hermano, después de haber estado preguntando en compañía de Chindas y Quero a las chicas que qué libro se estaban leyendo, recibiendo respuestas desastrosas, se encontró a una chica con la que flirteaba todos los veranos y con la que se vio alguna vez en Almagriz y con la que hace algunos años habría empezado algo, si no hubiera sido porque mi hermano estaba entretenido en aquella época con otras y la perdió, y eso que esta chica, que se llamaba Coral, le encantaba. Él decía que estaba seguro de que la había perdido porque ella o algún amigo suyo le había pillado un día que en una discoteca en Almagriz se subió a una tarima bailando cariñosamente con una chica, bueno, con Adri, a la que no veía desde hacía mucho, y que alguien les debió ver y decírselo a Coral.

La cosa es que en Almagriz no se veían mucho Coral y él. Solo alguna vez. Por ejemplo, fue graciosa una vez en la que se encontraron y no sé por qué mi hermano estaba molesto con ella —supongo que porque no le habría contestado a algún mensaje— y, en vez de darle dos besos, le dio la mano formalmente. En todo caso, todos los veranos les gustaba encontrarse en Roldana.

Esta vez no iba a ser menos y estuvieron hablando bastante tiempo. Después de un buen rato, Chindas les interrumpió un momento para decirle a mi hermano que se iban y, como llevaba el coche de mi hermano, le dijo que se fuera con ellos. Pero mi hermano, como siempre, quería quedarse y le dijo que no pasaba nada, que se llevaran su coche, que él luego volvería en taxi, porque veía que Coral estaba verdaderamente dispuesta a algo: ya estaban cogidos de la mano y todo y hasta Coral le había dicho que su reloj era muy bonito, y eso que se lo había comprado a un negro en la playa. Chindas dudó un poco, acordándose de lo que había pasado la última noche con lo de la súper y el autobús, pero al final, viendo que le dejaba bien acompañado se fue con el resto.

La cosa es que una vez solos, sentados en un apartado de la discoteca, mi hermano empezó con sus promesas de empezar algo juntos. Como siempre, mi hermano se creía sus propias mentiras, por lo que no eran mentiras, pero, además, creo que en este caso decía en serio lo de empezar algo juntos. Pero Coral empezó a decirle que aunque era el chico que más le había gustado nunca, no quería empezar nada con él porque era muy celosa y tenía miedo de defraudar a mi hermano y que se estropeara la relación tan bonita que tenían de verse y flirtear cada verano. Mi hermano dijo que no le importaba que fuera celosa, que él era la persona más fiel —que por eso no tenía novia je, je, pensó— y trató de hacer todos los trucos posibles para desviarla de aquellos pensamientos. No lo consiguió y la chica se despidió de repente dejando a mi hermano con la miel en los labios y desolado.

Desolado como estaba salió fuera ya de la discoteca, pensando que encima se tenía que pelear ahora por un taxi y volver solo, cuando de repente se le iluminó la cara al ver a Pichuki y a Lupita, que seguían por allí. Se animó al verlas porque al menos no estaría solo y fue hacia ellas, pero ellas, entre que estaban celosas y enfadadas porque el coche de mi hermano se había ido dejándolas ahí, no dándose cuenta de que, aunque era el coche de mi hermano, mi hermano también se había quedado tirado, le miraron con odio y le dijeron:

¡¡¡Ahora no!!!

E, indignadas, se dieron la vuelta las dos a la vez y se alejaron.

Mi hermano se quedó sorprendido y apesadumbrado y le empezaron a brotar sentimientos de auténtica soledad. En esas estaba cuando de repente vio a una de las amigas de Pichuki y Lupita y, decidió vengarse, indicándole rápidamente dónde estaban Pichuki y Lupita, que estaban con otras dos amigas, Cami 2 entre ellas, para que no cupieran en un taxi con esta chica. Y así pasó, o sea que la venganza surtió efecto, pero al final un amigo de Cami 2, uno de los roldaneros que estaban en el veinticuatro la otra noche, que también andaba por allí, les llevó a todos, en su furgoneta, mi hermano incluido, a quien la venganza le había salido redonda, pero a quien ni Lupita ni Pichuki dirigían la palabra.

ahora no finalHay que decir que no era ni mucho menos la primera ni la última vez que Lupita y Pichuki se enfadaban con mi hermano, pero esta vez pareció la más grave. Siempre tenían rencillas entre ellos por ver quién ligaba más, por ejemplo. Por eso en el chat del WhatsApp que tenían los tres, llamado «los cukis», por la terminación de Jaimuki, Pichuki y Lupuki, el emoticono que más se usaba era el de la carita a la que le sale humo de la nariz. También salía mucho el del llamado «hierbamán». Hierbamán fue un personaje que se inventaron un día en unas copas, cuando estando en la terracita de una villa que habían alquilado mi hermano y los del Pinar, empezaron a oírse ruidos de hojas como si hubiera alguien o algo y empezaron a decirse entre ellos Lupita, Pichuki y mi hermano que había un monstruo con la piel de hierba y que era hierbamán y se empezaron a meter miedo.

Desde entonces, cuando alguno de los tres ligaba, se mandaban el emoticono de hierbamán, que en verdad era un sombrero con un lazo verde, pero en el que el lazo parecían unos ojos verdes y el sombrero la cabeza. Un hierbamán, por supuesto, siempre era contestado con una carita con humo saliendo por la nariz.

También se enfadaba mucho Pichuki cuando le recomendaba películas a mi hermano y mi hermano siempre las ponía fatal en su blog, criticándola a ella por habérselas recomendado. Cuando se enfadó de verdad Pichuki fue cuando mi hermano fue a ver una de las películas recomendadas con una pituki o nenúfar, como llamaban a las chicas en el grupo. Sin contar, claro, el día que Pichuki se enfadó de verdad por recibir un Fernando Alonso.

Pero, volviendo a la desolación de mi hermano, que en este caso me parece que es preocupante de verdad, es decir, que no es la típica penuria que le entra otras noches cuando no liga o no desayuna, cuando le hubieron dejado en la puerta de la casa de nuestro abuelo, se fue a por un pan pizza y, como era costumbre, se fue al malecón a pensar en sus cosas. Entonces se le juntó todo en la cabeza: la desazón de no haber descubierto el origen del lenguaje, el desastre de la súper, lo de Coral, lo de Cami 1 y el «Ahora no» de sus supuestas amigas. Empezó a darse cuenta de que ni siquiera con una chica a la que le gustaba, como Coral, y para la que era el hombre de su vida era capaz de empezar algo y cayó en la cuenta de que al final, con tanta tontería, se había quedado solo, que todos le habían dejado atrás, que aunque hablaba con muchas chicas, en el fondo, era él quien siempre llevaba el peso de las conversaciones, quien siempre animaba, el que siempre contaba alguna historia graciosa. Que en el fondo todas sus novias, la de Santaél y las demás, no eran más que figuras en las que volcar sus fantasías, personajes reales, pero moldeados por su imaginación, con los que nunca se decidía a dar el paso y con los que, cuando lo daba, era demasiado tarde, productos de su imaginación que, al final, no sabía ni si le gustaban de verdad.

Entonces, decidió que tenía que dejar de ser él quien mandaba siempre el primer mensaje y el que respondía más y se puso a recordar que las distintas chicas con las que tan buena relación tenía al final no suponían más que obstáculos que le habían hecho no ver más allá y encontrar una chica con la que de verdad pudiera estar a gusto.

Mi hermano comprendió que si no fuera por él ya no le escribirían y que dejar pasar el tiempo para que se pensaran que se había olvidado de ellas no era una táctica tan buena como él creía, que lo que en verdad sucedía es que ellas le olvidaban hasta que él volvía a escribir, a veces en las tardes de domingo, a veces los viernes al volver a casa de fiesta, cuando les mandaba un mensaje tonto o la foto de un reloj con la hora a la que se acostaba, y que entonces le recordaban y volvían a hablar con él, porque en el fondo mi hermano, con su frivolidad y sus historias raras era de los que siempre animan y con los que siempre se puede chatear un rato, pero nada más.

Luego se puso a pensar en antiguas novias y no se reconocía él en la persona que estuvo con ellas, en la persona que se centró en una y luchó por ella y se preguntaba cómo habría hecho para empezar con ellas; y entonces le venía a la mente el final de una de las poesías que escribió de pequeño: «No era yo, no era yo; era yo». Y efectivamente, aquel había sido él, aunque ahora no se reconociera y no se acordara de cómo era en aquella época. Era él y seguía siendo el mismo.

A diferencia de lo que le pasaba otras veces, este sentimiento le seguía durando a la mañana siguiente. Como ya me temía, no era solo un producto exagerado del alcohol. Siguió pensando que tras este nuevo revés en el amor —o como él decía, una nueva leche de las que da la vida— mi hermano comprendió que era lo suficientemente raro como para interesar y divertir a las chicas, pero demasiado como para gustarles. Como descubrió aquel día, lamentándose con Chindas que, como sabemos, en aquella época estaba en una situación parecida, es terrible pero el hecho de que una chica te rechace como novio no es simplemente que esa chica se esté haciendo la interesante, no, la cosa es que prefiere no estar contigo, no compartir la mayoría de los momentos de su vida contigo. Por el motivo que sea, la chica, antes que estar contigo, prefiere estar con otro, reservar esos momentos para otra persona o, peor aún, prefiere estar sola. Y siguiendo las normas de mi hermano, no se le puede rogar que prefiera estar con nosotros.

Entonces mi hermano empezaba a pensar que después de todo no se arrepentía de su comportamiento con las chicas, pero que notaba que mientras todos sus amigos, iban teniendo sus parejas, él, después de todo, se estaba quedando un poco atrás. Por suerte todavía le quedaba gente como Chindas o el recién vuelto al mercado Quero.

Pero, aunque este sentimiento de desolación le duró a mi hermano más que otras veces, enseguida se le pasó. Lo cierto es que este tipo de aflicción solo le aparece de vez en cuando, generalmente de 8 a 9 todos los días, lo cual según nuestra madre le pasa desde pequeño, o los domingos a cualquier hora. Hubo una época en la que le empezó a pasar los lunes. Ante esto él decía que es que se habían equivocado y habían puesto un año bisiesto cuando no debería haberlo sido y le habían trastocado su día triste.

Él dice que lo peor que se puede hacer cuando uno está triste es ponerse aún más triste al pensar que está triste, como culpándose. También encuentra consuelo en la frase que oyó un día en Tierra de penumbras, película sobre C.S. Lewis, que es el creador de Las crónicas de Narnia y amigo de Tolkien, donde el propio C.S. Lewis justifica el sufrimiento humano entendiendo que los seres humanos somos bloques de piedra que Dios con su cincel va moldeando. Cada golpe duele, pero nos hace más bellos y perfectos. Otra cita que le consoló de pequeño es la de Neruda «Estoy triste, pero siempre estoy triste» de Farewell, uno de sus primeros trabajos.

Yo, como le había visto tan triste, dije que era preocupante, pero, vamos, tan preocupante como puede ser un día de tristeza, y más en Roldana.

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Adelanto de la Segunda parte

Aquí tenéis el pdf con el adelanto (erratas y partes sin supervisar incluidas) de la Segunda parte entera, para los que no podáis esperar hasta septiembre para seguir conociendo las aventuras de mi hermano:

SEGUNDA PARTE

¡Que disfrutéis!

Y para los que aún no habéis empezado a leer, aquí tenéis el Prólogo, la Primera parte y la Segunda, todo en uno:

PRÓLOGO + PRIMERA PARTE + SEGUNDA PARTE

Si alguien quiere recibir alguna parte más, puede escribir un mensaje privado a la cuenta de Twitter: @ahoranoblog

Muchos apellidos vascos o Casa con una puerta, mala es de cerrar

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Otro día, cuando el grupo de amigos partíamos rumbo a una discoteca después de haber estado tomando copas en casa del Galgo, que es un amigo de la infancia de Pinar de San Martín, un barrio al noreste de Almagriz, al salir de casa, el propio Galgo cerró la puerta dándose cuenta justo al hacerlo de que se había dejado las llaves dentro y, no solo las llaves, sino la cartera y al perro. Como no había nada que hacer en ese momento, puesto que eran las dos de la mañana, decidimos postergar el problema a la mañana, con la esperanza de que para entonces, a pesar de ser sábado, estuviera el portero, que tenía una copia de las llaves.

Esa noche en la discoteca, mi hermano, entre otras cosas, empezó a hablar con una vasca. Últimamente, después de haberlo dejado con una novia del País Vasco, con la que estuvo algún tiempo, le había dado por encontrarse con chicas de esta zona en las discotecas. Esto no era muy de su agrado porque decía que se desmoronaba o que se venía abajo por los recuerdos. Aun así, ya que estaba, aprovechaba para sacar su repertorio de palabras sueltas en vasco. Las palabras las sabía porque su exnovia —o ex novia, que en caso de que ella ahora sea novia de otro sigue siendo una novia y no una exnovia, aunque sí es ex novia de mi hermano (con el ex separado)— porque su ex novia, pues, se las había enseñado, o, más bien, MUCHOS APELLIDOSporque mi hermano se las había sacado a la fuerza, puesto que a ella no le gustaba hablar con él en vasco, por mucho que mi hermano se empeñara en aprender. Obviando la voluntad de su ex novia, mi hermano llegó a hacer algún cursillo de euskera por internet, gracias al cual consiguió decir hasta «Me duele la cabeza» en esa lengua. Pero no solo su ex novia sufrió lo aprendido en estos cursillos, también mi hermano tuvo a bien hacernos sufrir una buena temporada, dándonos la chapa con el origen de los apellidos vascos, mucho antes de que sacaran la película de Ocho apellidos vascos. Esto empezó una vez que hubo superado la época del noruego y del famoso «Hva heter du?» para ‘¿Cómo te llamas?’ y el «Kan du stave det?» para ‘¿Puedes deletrearlo?’, repertorio que, todo hay que decirlo, le sirvió por lo menos para flirtear con una sueca en Canarias. —El sueco es muy parecido al noruego—.

Mi hermano decía que para saber el significado de los apellidos vascos basta con saber el significado de algunas palabras clave. Por ejemplo, etxe, significa ‘casa’ y berri ‘nuevo’. etxebe del castilloPor tanto, el apellido Etxeberria significa ‘casa nueva’, con lo que es igual que (o un calco de) Casanova o Cánovas. También con etxe está sagaretxe, que es un restaurante de Almagriz. Sagar significa ‘manzana’, por lo que el significado literal es ‘casa de la manzana’, que es lo mismo que ‘sidrería’. Y luego logo-loreak-mendianGoikoetxtea es ‘casa de arriba’. Otra palabra clave es mendi, que significa ‘monte’. Aparece en Mendikoetxea, ‘casa del monte’ o en el apellido del jugador de fútbol Illarramendi, que significa ‘monte de guisantes’. También en la canción Ikusi mendizaleak que significa algo así como ‘mirad montañeros’, si no me equivoco, y también en la marca Loreak Mendian, que significa ‘flores (como en la película vasca) en el monte’ (de ahí el logo de la florecilla). Otra palabra curiosa es Haran, que es ‘valle’, por lo que mi hermano dice que el valle de Arán es un pleonasmo o tautopónimo, porque significaría ‘valle del valle’ igual que el puente de Alcántara es ‘puente del puente’ o el desierto del Sahara es ‘desierto del desierto’, porque Alcántara y Sahara significan ‘el puente’ y ‘el desierto’ en árabe. También los nombres de los ríos que empiezan por guad-, o monte Fujiyama, tautopónimo porque yama es ‘monte’. Por eso en la Wikipedia aparece como monte Fuji. En la propia Wikipedia se pueden encontrar muchos más, como río Misisipi (en algonquino ya significa ‘río’), lago Míchigan (en ojibwe ya es ‘lago’), etc. De manera similar, sin ser topónimo, al decir pera bergamota caemos en pleonasmo porque bergamota viene del turco beg armudi, donde armudi es ‘pera’ y beg es ‘bey’ o ‘señor’. Estaríamos, pues, diciendo la pera pera del señor.

2015-04-21 12.07.51Así nos ilustraba mi hermano con estos y otros muchos apellidos vascos más (más de ocho, desde luego), algo que, después de todo, a la larga, cuando uno se daba cuenta de que era capaz de sacar el significado de uno nuevo que veía, tenía su gracia. He de confesar que para mí lo de Etxeberria fue una revelación tan grande como cuando descubrí que en muchísimas cremalleras pone YKK o que quicksilver significa ‘mercurio’ o que el apellido Smith significa ‘herrero’ y Schneider ‘sastre’ o que el logo de Chupa chups lo diseñó Dalí y el de La Caixa Miró.

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En esto de enseñar técnicas, la verdad es que mi hermano a veces es como Lao Tsé, es decir, que si alguien le pide que le ayude a pescar, él no se limita a pescarle un pez a esa persona, sino que le enseña a pescar para que pueda hacerlo cuando quiera sin necesitar que mi hermano esté.

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Pues bien, volviendo al vasco o euskera, en cuanto mi hermano conoce una chica vasca, por su carácter generalizador, da por hecho que como su ex novia aprendió antes vasco o euskera que castellano o español, todos en el País Vasco tienen que haber hecho igual, sean de donde sean. Bien es cierto que gracias a esto las vascas se libran, solo por su procedencia, de la prueba de septentrional. La chica de esta noche en concreto era de Bilbao y mi hermano empezó a soltarle su ristra o ringlera de palabras. Una de sus expresiones preferidas, para demostrar que va más lejos que un simple eskerrik asko, que de todos es sabido que significa ‘gracias’, es ez horregatik, que significa ‘de nada’ (con ese ez ‘no’ típico de las papeletas vascas cuando hay referéndum); pero también tiene en su repertorio on egin, que significa ‘que aproveche’, y que a veces confunde con egun on que creo que es ‘¡buenos días!’. Generalmente las chicas le dicen que qué guay, pero que ellas no saben mucho vasco y él no se da cuenta de que le dicen esto para que pare.

En este caso procedió igual, es decir, no paró hasta que una vez pasado el Ni naiz, con el que se presenta, y después de unos cuantos apellidos, la chica le dijo que de verdad que no sabía mucho vasco, de una manera lo suficientemente antipática como para que hasta él se diera cuenta de que tenía que parar. Entonces pasó a la infalible «táctica de la mano» y siguió hablándole de otras cosas. Entre ellas le contó lo de que se habían dejado las llaves y que el problema es que tenían que volver luego porque estaba la perrita de su amigo dentro (lo cual no sonó muy bien), que, si no fuera por eso, su amigo podría irse a dormir con él y volver al día siguiente cuando estuviera el portero. Mientras contaba esto, de repente se le ocurrió hacerle a la chica una pregunta de esas raras suyas que no tienen sentido, pero gracias a la cual recibió la respuesta que ahora sigue. La pregunta fue:

—Por cierto, ¿no tendrás una ganzúa en el bolsillo?

A lo que ella con cara de resignación respondió:

—A ver, tío, que de verdad que no hablo vasco.

Viendo que la chica no tenía ni idea que ganzúa era una palabra del español, a mi hermano se le puso una cara de felicidad y satisfacción impropia cuando alguien te acaba de dar una mala contestación, pero típica de cuando él escucha alguna perlita de estas, como aquel día en el que, al salir de una película muy mala en el cine, Mufo (otro amigo de Pinar de San Martín) dijo: «¡Qué bodorrio de película!», queriendo decir «¡Qué bodrio!».

No obstante, en defensa de la chica hay que decir que, al día siguiente, mi hermano pensó que a lo mejor la palabra venía del vasco. La buscó y, efectivamente, así es, lo cual quita algo de gracia, aunque no mucha, al asunto, porque generalmente si alguien no sabe el significado de ganzúa mucho menos sabe que procede del vasco, aunque sí es verdad que suena a vasco. Es como si a alguien le pides un cigarro y te responde «A ver, tío, que no sé maya».

ganzúaEn fin, yo sé que preguntas raras como la de si alguien lleva una ganzúa en el bolsillo las hace mi hermano inspirado en películas. En este caso, por ejemplo, yo creo que lo de preguntar por algo que es difícil que se tenga en el bolsillo, lo sacó de los hermanos Marx, de la célebre escena de «la parte contratante» de Una noche en la ópera, en la que Groucho, que solo ve de lejos, está intentando leer un papel alejándolo lo máximo que puede con los brazos extendidos y, como sigue sin ver, le pregunta a Chico si tiene un chimpancé en el bolsillo.

Otras preguntas que hace a veces mi hermano sin venir a cuento son si la chica ha estado alguna vez en una prisión turca, tomado de Aterriza como puedas, o si a la chica le ha picado alguna vez una abeja muerta, de Tener y no tener. Cosas raras de mi hermano. A saber qué se le pasa por la cabeza o qué pretende cuando lo hace.

Antes de volver a intentar abrir la puerta del Galgo, para hacer tiempo antes de que llegara el portero, mi hermano, Quero (otro amigo de la infancia de Pinar de San Martín que luego será clave en la aventura que está a punto de llegar) y el Galgo fueron al bar de desayunos por excelencia de mi hermano, al que él llama don Pelayo, empleando una metonimia o sinécdoque (que sigo sin saber muy bien la diferencia), al nombrar a un bar por su objeto vendido, pues así es como se llama el queso de Tóldoz que allí ponen y que según mi hermano es el mejor que ha probado nunca. Ahí se les unió nuestro primo pequeño, al que se encontraron por la calle, y que fue clave para conseguir resolver la situación finalmente o al menos para poner un poco de cordura en lo que sucedió. En compañía de este primo, que se llama igual que mi hermano pero algunos años menor, mi hermano a veces ha estado ligando en discotecas, utilizando la táctica de primo mayor y primo pequeño con el mismo nombre, es decir, por medio de la «táctica de primos tocayos».

Ya en desayunas, es decir, habiendo desayunado, resultó que, al llegar a la casa, el portero no estaba. Mientras pensaban lo que hacer, un vecino que les vio en el portal y que se interesó por ellos incautamente les proporcionó el número de teléfono del portero. Digo incautamente porque mi hermano no dudó en llamar al portero —serían las ocho de la mañana— para ver dónde estaba. El pobre hombre le dijo que estaba de vacaciones. Entonces, no sé por qué, mi hermano le empezó a exigir que le dijera dónde estaba, quizás con la idea de acercarse a por la llave de la portería si no se había ido demasiado lejos, recibiendo la consiguiente y justificada indignación y la obvia negativa del portero. Prudentemente, nuestro primo le quitó el móvil a mi hermano y consiguió averiguar que no iba a haber portero suplente, por lo que tendrían que buscar otra forma de abrir la puerta. Como la chica vasca de la discoteca no tenía una ganzúa en el bolsillo o no sabía si tenía porque no hablaba vasco, se vieron obligados a estar hasta tarde intentando forzar la puerta. Probaron primero con un plástico que les había dado Estanislao, el dueño de don Pelayo, y luego con carnés que, aunque no les servían para nada, llevaban en sus carteritas de Purificación García, como el de puntos del cine o el de la biblioteca, incluso el del club Nintendo que el friki de Quero aún conservaba de cuando era pequeño. Para ayudarse vieron cómo se había que proceder en vídeos explicativos, pero ni por esas (con lo fácil que parece en las pelis), así que pasaron luego a la táctica de los dos alambres, que no eran sino anillas estiradas de un llavero, pero tampoco. Viendo que no conseguían su objetivo, mi hermano le dijo al Galgo:

—Pero ¿seguro que no te quieres venir a mi casa a dormir?

Y el Galgo insistía en que no podía dejar al perro dentro solo.

—Pero ¿por qué? ¿Es que te dan pena los de tu especie?

—Ja, ja. No. Es que no tiene pienso puesto. Bueno, sí tiene, pero es uno que no le gusta.

Esto activó un resorte en mi hermano, que dijo:

—Es que hay que joderse, macho —expresión típica suya—. Con la de gente que habrá dedicada a hacer comida de perros desde hace mucho me parece increíble que no hayan conseguido hacer una comida apetitosa para ellos

—Ja, ja. Bueno, supongo que no será tan fácil y que dependerá del perro.

Aunque la respuesta del Galgo estaba cargada de razón, desde entonces empezaron a llamar el «síndrome del fabricante de comida de perro» a los casos en los que la gente se dedica en exclusiva a una cosa y no consigue avanzar nada.

Fabricantes de comida de perro aparte, el caso es que no consiguieron abrir la puerta. Entonces nuestro El llavero solitarioprimo, que seguía siendo el más sensato, preguntó si nadie más aparte del portero tenía una copia de la llave. La novia del Galgo tenía, pero estaba en un pueblo de la sierra, así que no había nada que hacer, aunque, pensándolo bien… ¡tate!, se les ocurrió que la asistenta del Galgo tenía una copia. Sin perder un segundo la llamaron, despertándola, por supuesto, y le pidieron que les mandara las llaves en un taxi, que ellos ya pagarían al taxista cuando llegara. Así ocurrió, las llaves viajaron en el taxi solas, como llavero solitario, y a su llegada el Galgo pudo entrar y mi hermano y compañía por fin se fueron a sus respectivas casas.

Al día siguiente, cuando mi hermano contó la historia en una cena familiar, precisamente en casa de este primo, todo el mundo les sugirió que deberían haber llamado al seguro, que vienen en veinte minutos aunque sea sábado. ¡Como si las sugerencias sirvieran para algo al día siguiente y no fueran tan inútiles como las puertas acorazadas que se abren en menos de cinco minutos con unas planchas que venden! Pero bueno, al menos para la próxima ya lo sabían.

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Latinismos, banderas, el punto y coma y otros ruidos de animales

2

Mi hermano es el típico que sabe que los de Calatayud son bilbilitanos y los de Fuerteventura majoreros, o que está mal dicho a grosso modo, y hay que decir grosso modo, o que es veni vidi vici y no veni vidi vinci. Incluso sabe explicar por qué es vici y no vinci y lo sabe pronunciar a la clásica, es decir, viki y no vichi o vinchi, como dicen algunos a lo Leonardo. Y, por supuesto, sabe que según Plutarco estas palabras las dijo Julio César después de la batalla de Zela.

200px-Escudo_de_la_provincia_de_Ávila.svgMi hermano es también el típico que sabe que las cigüeñas crotoran y que las panteras himplan. No en vano, todavía celebra el haber elaborado de pequeño en el colegio una lista de más de cincuenta ruidos de animales, en una época en la que no era tan fácil realizar búsquedas en diccionarios. Lo que con mayor entusiasmo y ufanía cuenta es que años después su profesor le enseñó aquella lista, que conservaba aún porque le seguía siendo útil con los alumnos.

Mi hermano, además, se sabe las capitales de todos los países, con especialidad en islas oceánicas del tipo de Tonga —capital Nukualofa—, e, incluso, Niue —capital Alofi—, pero también las de colectividades de ultramar como Wallis y Futuna —capital Mata-Utu—, países insulares como los holandeses Curazao, Sint Maarten y Aruba y otros como las Islas Cook; y hasta se llegó a aprender las capitales de los estados de Estados Unidos, en este caso para intentar ligar con las americanas cuando estuvo de estancia en Nueva Isla.

Mi hermano es el típico que sabe que el nombre del país Kiribati viene de una mala pronunciación de Gilbert, el apellido de un capitán británico que anduvo por allí. Es además el típico que tiene nociones de vexilología (como Sheldon en Big Bang Theory) y no solo sabe lo de las dos vacas en el escudo de Andorra, sino que sabe que en la bandera de San Pedro y Miquelón 1024px-Flag_of_Saint-Pierre_and_Miquelon.svghay una ikurriña (de ikur ‘señal’ o ‘signo’) o que en el escudo de la provincia (que no de la ciudad) de Ávila hay una cebra (creo que esto lo sacó de Saber y ganar); y, por supuesto, es el típico que sabe que la palabra tabú es de origen tongano —ya que hemos hablado de Tonga— y significa ‘lo prohibido’, o que tatuaje es de origen samoano.

Diría que hasta es el típico que sabe usar el punto y coma, pero no sé si llega a tanto. Eso sí, por lo menos sabe que el punto y coma no se pone para indicar una pausa menor que la del punto y mayor que la de la coma, sino que hay razones sintácticas detrás.

En definitiva, que mi hermano es el típico que sabe muchas cosas, no siempre aburridas, pero eso sí, la mayoría posiblemente inútiles a ojos de muchos, y muchas de ellas seguramente inventos de la Wikipedia, los llamados por él fake facts. Además hay otras muchas cosas que no sabe. Pero no adelantemos acontecimientos.

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