Testimonio en primera persona de mi hermano

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De una de las noches antes de ir a Roldana en las que salió mi hermano, tengo la buena noticia de que tenemos testimonio directo de su propia mano, pues dejó constancia por escrito de manera detallada de ella. La verdad es que no sé por qué lo hizo, no sé si porque estaba empezando una nueva novela, o quizás para que se hiciera más corta la espera del viaje a Roldana o la llegada del e-mail que indicara el nuevo destino del Manuscrito. En cualquier caso, tengo el gusto de presentar el testimonio aquí, recién robado de su ordenador. Vais a poder asistir a una de las historias de mi hermano en primera persona reproducida fielmente, salvo por el hecho de que le cambió el nombre a los personajes, supongo que para que nadie sintiera violada su intimidad. Supongo que será un borrador, así que no juzguéis el estilo, mucho menos sabiendo que mi hermano siempre se queja de que es muy difícil reproducir el discurso oral en la escritura con un sistema de puntuación tan limitado como el que tenemos. Aquí va:

«Aquella noche todas las novias se habían ido de despedida de soltera de Bea. Aprovechando esto, yo que era de los pocos que no tenía novia, les dije a todos que había que hacer una contradespedida. Hacía tiempo que no salíamos juntos y solos y además había un buen partido a las 6, es decir, una buena excusa para reunirse: se jugaban la liga el Atleti y el Barsa en el Nou Camp.

Empezamos con cervecita y con patatas en casa de Nacho. En cuanto terminó el partido y vimos cómo el Atleti celebraba el triunfo después de tantos años, nos bajamos a cenar a una terracita que había abajo de casa de Nacho. El que menos animado estaba era precisamente Chemo, que debería ser el que más ganas tenía que tener de hacer la contradespedida porque era el novio, perdón, el prometido de Bea. Como la cosa no parecía que se estuviera animando, yo que ya venía de tomarme una copa en la barbacoa en casa de mi tío… bueno, una copa, champán, vino, cerveza y hasta ronmiel…, me pedí una copita: White Label con Coca Cola light. Entonces ya todos se animaron a pedir y Chemo dijo que jugáramos a un juego que nos encanta cuando estamos de copas, que es acertar alineaciones y plantillas de equipos antiguos. Es decir, alguien dice “A ver, la alineación del Madrid en la final de Champions contra la Juve” y hay que ir diciendo los jugadores. Muchas veces hay que decir hasta los cambios. Esta vez eran las plantillas de España desde USA 94. La bomba de esta vez fue cuando Nacho se acordó de Curro Torres en el equipo de España del Mundial de Corea. También se acordó de Diego Tristán, de Pizzi y de Juanele a lo largo del juego. Nacho no solía saber esas cosas y estaba todo el rato con el móvil, así que Richard y yo le dijimos que lo estaba mirando, pero Nacho, también conocido como el Galgo porque últimamente era imposible seguir su ritmo por las noches, decía que no había mirado. Muy raro. De plantilla en plantilla se hicieron más de las 12 y ya era hora de ir a algún sitio. Yo había planteado hacer alguna locura tipo ir a un pueblo o ir a alguna discoteca como Buda o al casino, pero al final decidimos ir a algún bar de los de siempre. Nos metimos en dos taxis sin saber adónde íbamos. En mi taxi le dijimos al taxista que siguiera al otro taxi. Por el camino vimos otro taxi con chicas y le dijimos al taxista que mejor las empezara a seguir a ellas, pero se lo tomó a broma y al final acabamos todos en la zona de María de Molina. Y decidimos ir al Mamá no lo sabe o como se llame, que siempre acabamos diciendo cualquier nombre: el mañana nunca muere, no se lo digas a mamá, mañana no salgo… La música del sitio era buenísima, con todo canciones para cantar, tipo la de Me siento hoy como un halcón y la que estaba de moda, Bailando de Enrique Iglesias. Mucha canción en español de las que hasta Lu canta. Estuvo divertido. Cuando pusieron la de Sabor de Amor aproveché para ir al baño porque me traía un medio mal recuerdo, pero al volver, seguía sonando y en cuanto estos me vieron aparecer me hicieron una coreografía con la canción.

Lo que me había pasado es que un día esperando a mi primera novia en plaza de Castilla vi que estaban rodando un programa como de karaoke y estaban cantando justo la de Sabor de Amor. Como ya llevaba un rato esperando, me acerqué y vi que estaban haciendo una coreografía en plan flexionando un poco las piernas y dando palmas por encima de la cabeza. Me uní al grupo y, cuando estaba en plena faena, en una postura bastante ridícula, llegó mi novia y me dijo “Pero ¿qué haces? Te estaba esperando donde siempre”. Encima. Y ahora los cabrones de mis amigos me hacían la coreografía. Me quejé diciendo que me habían traído recuerdos y que me iba a derrumbar. Nos tomamos la última copita ahí y fuimos a Graf, que era la discoteca a la que nos había dado por ir en aquella época.

En la discoteca solo intenté ligar con una, pero la fórmula de decirle que era muy guapa porque tenía rasgos iraníes no funcionó demasiado bien. Tampoco que me pintara un corazón en la palma de la mano. Pero es que además vi a una camarera que era preciosa, la típica rubia que me gustaba. Se acercó y supuse que era vasca porque se llamaba Aitana, lo cual me perturbó un poco por una antigua historia. De todas formas le hice a la camarera uno de mis clásicos, que era que al ir a firmar el pago de la tarjeta, antes de la firma ponía un corazón. Nunca me había funcionado del todo, pero seguía haciéndolo. También saludé a uno de los de seguridad que era rumano y al que por una larga historia llamaba Kuban. Aparte de esto estuvimos bailoteando un rato todos menos Lu que se había ido antes, hasta que Chemo quiso irse, pero le cayó un abucheo porque no tenía excusa.

Una vez que cerró la discoteca —Nacho y yo nunca nos íbamos antes y menos ahora que Nacho era un galgo— nos quedamos un rato fuera hablando con unos y con otras y cantando con los del Atleti que aún estaban celebrando y entonces, cuando ya cogimos un taxi de vuelta, vino la odisea que paso a contar ahora mismo».

Y ahí se quedaba. Yo sé lo que pasó luego, pero no procede contarlo aquí. Por cierto, la ex novia de lo de Sabor de amor era Adri.

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Los novios de Santaél, tonta ella y tonto él

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Ese día por la tarde quedó para tomar unas cañas y ver un partido de fútbol en el 383, el bar de siempre, con Quero, con el Galgo, con Charly, con Lucas, con Mufo y con los hermanos Raposo, Zazú y Mamut (llamado este último así porque en su momento estaba tan grande como un mamut y, aunque ahora ya no lo estaba, la gente no solo seguía llamándole así sino que también, como pasa siempre, le veían aún como si siguiera estando grande y hacían bromas al respecto). Todos ellos eran amigos nuestros de la infancia de Pinar de San Martín. Mi hermano sentía no poder contarles nada de lo del día anterior para guardar el secreto, pero por suerte siempre tenía alguna historia con la que interrumpir incluso el mejor partido, sobre todo, si estaba tan aburrido como este en concreto. Le dijo al Galgo:

—Adivina con quién me estoy escribiendo otra vez.

Y el Galgo dijo:

—No me digas que otra vez con tu novia de Santaél.

—Efectivamente —contestó mi hermano con la satisfacción propia del niño pequeño que llama la atención por haber hecho alguna travesura.

Y es que el Galgo había acabado un poco hasta las narices de la novia de Santaél. Bueno, el Galgo y más gente, hasta el punto de que incluso habían adaptado una rima para referirse a ellos: «Los novios de Santaél, tonta ella y tonto él».

Al ser mentada la novia de Santaél, los que no estaban tan al tanto de la historia pidieron que mi hermano contara entera la historia de esta novia, también llamada «la sordomuda». Mi hermano empezó a contarla. Aquí la resumiré tanto como pueda, pues no me olvido de que tenemos una aventura pendiente.

Como no podía ser de otra manera… perdón, cómo no (que a nuestra madre no le gusta lo de «como no podía ser de otra manera»), mi hermano conoció a su novia de Santaél en Roldana, o mejor dicho, en Monsácar, que es donde está realmente Valhalla, la discoteca antes mentada. Una noche, como otras noches en las que mi hermano y sus secuaces «entran a todas», queriendo esto decir que hablan con todas las chicas que pueden del local, se acercó mi hermano con Chindas, el cachas, a un grupo de chicas entre las que estaba una bella morena, además de la futura novia de Santaél. Una vez dentro del grupo, las chicas empezaron a vacilarles un poco. Ellos se miraron con cara de no saber lo que estaba pasando. Era una conversación de locos. En un momento de aquella loca conversación, su futura novia de Santaél tuvo la mala suerte de decir, con la voz muy afónica, que se llamaba Fulgencia. Digo que tuvo mala suerte porque la madre de unos amigos nuestros se llama también así, haciendo que mi hermano se interesara de verdad, dejando de lado el tonteo, y que le pidiera que le enseñara el DNI, por pura curiosidad onomástica, justo cuando ya iba a desistir de aquel grupo de chicas. Ella se lo enseñó y, lógicamente, era mentira, así que mi hermano en castigo se guardó el DNI en el bolsillo de atrás del pantalón. Ella protestó un poco, pero, entre el jueguecito que tenían y la conversación posterior, se les acabó olvidando a los dos. Después se separaron durante unas horas por la discoteca, una vez que mi hermano le hubo hecho el infalible truco de insistir en dejarla estar con sus amigas, prometiéndole que más tarde se verían. Y así ocurrió hasta que en determinado momento, mientras mi hermano estaba pidiendo una copa, notó unos golpes por detrás y apareció esta chica con cara de pánico acompañada de una amiga bastante alta, a modo de guardaespaldas. Solo habló la amiga guardaespaldas y le dijo a mi hermano que por favor le devolviera el DNI. Mi hermano no caía al principio, pero de repente se acordó de que lo llevaba en el bolsillo y, como vio la cara de terror en su futura novia de Santaél y la cara de enfado en la guardaespaldas de esta, pidió disculpas vehementes y dijo que es que se le había olvidado, que no se pensaran que lo había robado, que él era muy bueno. Como mi hermano es un maestro en poner cara de bueno, al final todo quedó en nada y hasta se dieron el número de teléfono.

Al día siguiente, habló mucho por WhatsApp con la chica; más de lo que esperaba. Con ella inventó la «táctica de los dos minutos» y parece ser que le funcionó desde que empezó. La táctica de los dos minutos consiste en dejar que pasen dos minutos cada vez que una chica responde algo, sobre todo si es un mensaje juguetón. De esta manera se consigue que la chica se preocupe pensando que ha metido la mata o se impaciente y diga cosas que no habría dicho si se le hubiera interrumpido con una pronta respuesta. Mi hermano ya lo había empezado a hacer ese verano, dejando algunos segundos de silencio cuando alguien le hablaba, cosa que hasta entonces nunca hacía. Con esta chica le dio muy buen resultado y, en general, con otras suele conseguir una información muy valiosa.

Tanto hablaron durante esos días que mi hermano pensó que le gustaba a la chica, como le pasó aquella vez con su novia de Terranaba. Por eso se extrañó cuando se la encontró otro día en la discoteca y ella, alegando que estaba afónica, le indicó por gestos que no podía hablar. Mi hermano se quedó un poco chafado, pero al día siguiente la chica le volvió a escribir bastante. Como era el último día que la chica iba a estar por Roldana, mi hermano le preguntó si quería que cenaran juntos. Su respuesta fue confusa, como la conversación del primer día, y al final no quedaron.

Al día siguiente ella se fue de vuelta a su tierra. Allí, en Santaél, volvió a escribirle mucho y, no solo eso, sino que empezó a enviarle muchas fotos suyas, de cuando iba con su madre a un concierto de Julio Iglesias, de cuando estaba en la piscina, de cuando estaba estudiando, y también fotos de su madre, de sus primos, de su perrito. También se contaron cosas íntimas y se hablaban de sus problemas.

En vista de esto, mi hermano la empezó a llamar su novia de Santaél, porque hablaba con ella como si fuera su novia, a pesar de que ni siquiera le había hecho la táctica de la mano y, por supuesto, a pesar de que la loca conversación inicial con su grupo de amigas no le había permitido preguntarle lo de septentrional, aunque tampoco recuerdo muy bien si en esa época ya lo hacía mi hermano.

Pasado un año en el que no había tramo de más de quince días en el que no se hablaran, decidieron verse otra vez en Roldana en verano. Mi hermano convenció al Galgo, que también iba de vez en cuando a Roldana, para que le acompañara unos días antes de que fueran los demás y así poder coincidir con su novia de Santaél más días.

Esto hicieron y el primer día que coincidieron fue en la playa. Hay que reconocer que mi hermano estaba bastante ilusionado. Cuando se acercó al grupo de su novia de Santaél en la playa, la saludó, pero ella no habló, tomando en su lugar la palabra la guardaespaldas del año anterior, que empezó a hablar en su nombre. Mi hermano consideró que posiblemente le había dado vergüenza a su novia de Santaél. No pasaba nada porque luego, según había quedado con la portavoz, se iban a ver en la discoteca. Pensó que no había problema porque en el fragor y bullicio de la noche no habría lugar para la vergüenza.

Sin embargo, cuando se encontraron en la discoteca por la noche y empezó a hablar con ella, ella solo contestaba con síes a todo, a pesar de que él le preguntara por ejemplo que dónde había cenado esa noche con sus amigas:

—¿Dónde habéis cenado hoy?

—Sí, sí.

Mi hermano no daba crédito y menos cuando al volver a casa empezó ella a escribirle otra vez. No tuvo mucho tiempo para darle vueltas a lo acontecido porque se durmió rápido, como es usual después de haber estado de fiesta. Desafortunadamente, también es usual, no obstante, en Roldana el síndrome de las 12, es decir, el hecho de que a las 12 uno siempre se despierta sin importar a la hora a la que se haya dormido. Víctima de este síndrome mi hermano se despertó a esa hora y entonces sí que tuvo tiempo de pensar con algo más de lucidez sobre lo que había pasado.

Fue la lucidez lo que le hizo resolver el misterio de su novia de Santaél. Empezó a poner todas las piezas en orden. La chica solo le hablaba por WhatsApp, pero nunca bien en persona y la única vez que se habían visto durante el día había hablado la guardaespaldas portavoz o la portavoz guardaespaldas. Eso le llevó a pensar primero que cuando le dieron el número de móvil en verdad le habían dado el de la guardaespaldas y que había estado todo el año chateando en verdad con ella y no con su novia de Santaél; que al principio empezaron gastándole una broma y que luego la bromita se les había ido de las manos. Pero enseguida descartó esa posibilidad porque no podía ser que la guardaespaldas le hubiera mandado tantas fotos de su novia de Santaél. Sería muy raro y una broma demasiado larga. Entonces le vino a la cabeza otra idea, que fue como la respuesta a un jeroglífico en la que todo encaja. Si su novia de Santaél solo hablaba con él por WhatsApp y cuando se la encontraba o no podía hablar porque estaba afónica y hablaba otra chica por ella o respondía todas las preguntas con raros síes, la única posibilidad es que su novia de Santaél fuera… ¡sordomuda! Todo cuadraba. Se lo contó esa misma mañana al Galgo y, aunque al principio este se rió y dijo que ya estaba mi hermano con cosas raras, empezó a pensar que era verdad, que todo cuadraba.

Tan convencidos estaban, olvidando que la primera noche sí que habló, que, cuando esa noche coincidieron con el grupo de esta chica, mi hermano, al ver que esta volvía a no hablarle, decidió preguntarle a la portavoz. Como le parecía un poco fuerte preguntar si la chica era sordomuda, preguntó eufemísticamente si la chica tenía problemas de audición. La guardaespaldas portavoz soltó una carcajada y dijo que no, que lo único que pasaba es que estaba un poco loquita (como la de la canción de Marama o Márama, el otro grupo del cantante de Rombai o Rombái).

Aquella fue la última vez que mi hermano vio a su novia de Santaél a pesar de que aún hoy sigue hablando con ella. Si no fuera porque ella le ha mandado vídeos en los que sale hablando y porque un día sorprendentemente ella llamó a mi hermano para darle las gracias por haberla felicitado por su cumpleaños, mi hermano aún creería que es sordomuda, si es que la que llamó fue ella.

Las excusas que puso ella para explicar su comportamiento fueron que el primer año mi hermano le daba un poco de miedo porque parecía un poco loco, por lo del DNI y por las extrañas cosas que hacía en la discoteca y que el segundo había ido su ex novio con el que medio había vuelto y que no quería que le pillara hablando con mi hermano. Pero el día que le llamó para agradecerle la felicitación, entre otras cosas le dijo que ya se le había pasado el miedo, que se había dado cuenta de que mi hermano era un buen chico y que ya estaba preparada para que se vieran. Sin embargo, como digo, aún no se han visto ni mi hermano la ha oído hablar en persona.

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