Presuntas apariencias

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En uno de esos días de expedición metrística o métrica, Quero, al ver a alguien con un pack ahorro de botellas de Coca Cola, le preguntó a mi hermano:

—Oye, ¿cómo era la historia del pack completo? Que se la quise contar a mi novia el otro día y no me acordaba bien.

Esta historia es una de las muchas que mi hermano tiene de cuando va de vacaciones a la playa en agosto a Roldana. Esos veinte días son el único período del año en el que mi hermano se relaja un poco en lo que a aventuras lingüísticas se refiere y da rienda suelta a otras aventuras menos cultas (aunque, como veremos, siempre hay hueco para alguna charla lingüística). Pero que nadie le diga al verle tan feliz esos días algo como «¿Ves? Si es que uno es mucho más feliz cuando no lee», porque mi hermano saltará bastante enojado con lo siguiente:

—Sí, puede que uno sea más feliz cuando no lee, pero no creo que nadie encuentre la felicidad plena sin haber leído.

La historia del pack completo en concreto, y así empezó contándole mi hermano a Quero, comenzó un verano en el que se juntaron mi hermano, Chindas y Lízar, con el que coincidía mi hermano por primera vez, pues aunque ambos ya habían estado en Roldana, lo habían hecho en momentos distintos.

Una de las primeras cosas que supo mi hermano de Lízar es que su novia le había dejado ir a Roldana, sabiendo la fiesta que allí había todas las noches, con la condición de que no bebiera mucho. No en vano el nombre de Lízar le venía de que cuando bebía se le ponía la cara (sobre todo los ojos) de Lagarto, el supervillano de Spiderman.lagarto 2

Bien, pues, como era de esperar, una de las primeras noches, Lízar se pasó bebiendo. Después de las clásicas copas en la terraza de la casa de Chindas, fueron a Valhalla, la discoteca por excelencia de allí, que está en Monsácar, el pueblo de al lado de Roldana. A la salida, como solían hacer, se acercaron al coche de unas chicas autóctonas en el aparcamiento y se pusieron a hablar con ellas. En el fragor de una loca conversación, Lízar se quiso apoyar en la ventanilla de atrás del coche, pero con la cogorza que llevaba no se dio cuenta de que la ventanilla estaba abierta y no sé muy bien cómo, pero se cayó dentro del coche, quedándose con las piernas para arriba saliendo por la ventanilla. Con medio Lízar dentro del coche, se empezaron a oír gritos de chicas como si hubiera entrado un zorro en un gallinero o, mejor dicho, habiendo entrado un zorro en un gallinero, pero ni mi hermano ni Chindas pudieron ver bien lo que pasaba porque las piernas les tapaban. Lo que sí se pudo ver es que Lízar de repente salió disparado de la ventanilla y empezó a gritar: «¡Me han curtido el lomo! ¡Me han curtido el lomo!». Al ver este espectáculo, una de las chicas que estaba fuera, consideró que era el momento oportuno para calificar al grupo, así que les miró de arriba a abajo a los tres y con todo su acento andaluz dijo:

—Joé, habéis venido el pack completo: el cachas, el pijo y el borracho.

Las etiquetas estaban claras: Chindas era el cachas, porque es de los que tiene los músculos bien desarrollados, conseguidos por medio de la gimnasia y el CrossFit (que, como mi hermano comprobaría en sus carnes, es más o menos una dura pero efectiva modalidad de gimnasia que combina gimnasia normal con carrera y con entrenamiento militar y que consiste en hacer una serie de ejercicios antes que el resto o hacer más repeticiones de algún ejercicio en un tiempo). Mi hermano, aunque había bebido, era claramente el pijo por las pintas que llevaba en aquella ocasión y siempre que está en una discoteca de verano, con sus pantaloncitos de colores, su camisita de marca y sus alpargatas a juego; y Lízar, no solo porque se hubiera caído dentro del coche, sino por los tumbos y gritos que seguía dando, era el borracho.pack completo

La cosa probablemente no habría pasado a mayores, si no hubiera sido porque al día siguiente le contaron la historia a una amiga en la playa. A esta le hizo tanta gracia que quiso hacerse una foto con el pack y la colgó en Facebook poniendo «¡Qué bien me lo paso con el pack completo: el cachas, el pijo y el borracho!».

Cómo no, la novia de Lízar vio la foto y se escamó del comentario que la acompañaba. Sin conocer aún a mi hermano, solo con verle con un bañador de Pertegaz, supuso que él era el pijo. Lo de que Chindas era el cachas estaba claro. Así que solo quedaba que Lízar, al que no le estaba permitido beber, fuera el borracho. No obstante, concediendo el beneficio de la duda a su novio, decidió urdir un plan para comprobar si las suposiciones eran fundadas. Así, uno de los días en los que estaba hablando con Lízar por teléfono subrepticiamente le preguntó:

—Este año estás yendo mucho con un amigo un poco pijo, ¿no?

Lízar, con la comprensible inocencia del que cae en una inesperada trampa, contestó:

—Ah, sí, con Jimmy —que es como llaman a mi hermano en Roldana.

A lo que ella exclamó:

—¡¡¡Ajá!!!! Así que tú eres el borracho.

No había escapatoria posible de aquel ardid, garlito o trampa. La excusa de que mi hermano también había bebido alguna copa no valió; la bronca fue inevitable.

Nada más terminar de contar la historia del pack completo, de repente el metro hizo uno de esos atronadores ruidos, de los típicos que amilanan a más de uno en los parques de atracciones, ruido ante el cual mi hermano se sobresaltó y pegó un brinco que a poco no se deja los dientes en una barra. Quero, en cambio, ni se inmutó:

—¿Qué pasa —le dijo mi hermano a Quero cuando se repuso del sobresalto—, que no te has asustado?

Quero contestó orondo y seguro de sí mismo:

—Yo es que siempre estoy alerta.

Como si siempre tuviera presente que podría producirse algún estruendo de ese tipo.

Por cierto, lo de creer que una ventanilla está cerrada cuando está abierta, como le pasó al desdichado Lízar, perjudicó a mi hermano un día, solo que al revés. Iba conduciendo por el Puerto de la Virgen, volviendo de fiesta con Charly y Mufo, otros dos amigos de la infancia del Pinar, cuando de repente le vino al gaznate uno de esos gargajos que a veces rondan por las vías respiratorias. No sabiendo lo que hacer con él, si tragárselo o expelerlo por la ventana, al final se decidió por lo segundo, sin darse cuenta de que la ventana, a pesar de que, de limpia que estaba, parecía estar bajada, en verdad estaba subida, por lo que el esputo se quedó pegado a ella, igual que en Cuando Harry encontró a Sally. Tanto asco le dio a mi hermano su propio gargajo que lo tuvo que limpiar Charly con un papel.

En aquella ocasión aprovechó para contar su proeza del día que, sentado detrás en un coche en marcha, viendo que el conductor lanzaba una colilla por la ventana (en la época en la que no se perdían puntos por hacerlo) y sabiendo que muchas veces en estas circunstancias la colilla entra por la ventanilla de atrás (por su ventanilla en este caso), la subió rápidamente, consiguiendo que la colilla, que efectivamente amenazaba con volver, chocara con el cristal y no entrara. Por supuesto, cuando lo contó, no se creyeron que le pudiera haber dado tiempo, pero él alegó que era una ventanilla de las de manivela, las cuales, con fuerza y pericia, se pueden subir a toda leche. La aversión al tabaco de mi hermano es tan grande, como veremos, que yo sí me creo que fuera capaz.

Otro día de los de andanzas lingüísticas mi hermano le decía a Quero:

Una de las cosas que más me inquietan en la vida es conocer a gente nueva en un trabajo o en algún sitio y pensar que has podido cruzarte con ellos por la calle diez días o un año antes sin saber que en el futuro vuestras vidas se unirían. Igual que con una chica. A lo mejor acabo dentro de un tiempo con una chica que he visto en alguna discoteca alguna vez o incluso con la que he hablado hace unos años y ni me acuerdo. Me encantaría volver al pasado solo para poder comprobar eso. Es como cuando vuelves a ver una película antigua y ves de secundarios a actores que ahora son archiconocidos.

—Como Joffrey de Juego de Tronos en la primera de Batman de Nolan.

—Exacto.

En otro viaje, y esta es una historia que nadie se cree cuando la cuenta mi hermano, ni siquiera cuando Quero da fe de ella, el metro hizo un giro brusco y mi hermano, que no iba agarrado, rápidamente se cogió de una barra vertical del vagón, pero en vez de sujetarle, como haría cualquier barra rígida de metal, la supuesta barra se dobló y mi hermano cayó al suelo. Cuando se levantó todavía sin comprender lo ocurrido, vio que la gente se estaba riendo. Y es que lo que había pasado no era que mi hermano hubiera hecho un Uri Geller, sino que lo que había cogido, en lugar de una barra, era un póster que llevaba un señor sentado y que tenía puesto hacia arriba entre las piernas. Como diría Fedro en una de sus fábulas, Non semper ea sunt quae videntur, lo cual, para los que como mi hermano odian los libros en los que aparecen citas en lengua extranjera no traducidas, viene a significar algo así como que las apariencias engañan. Quizás por eso, para no caer en falsas apariencias, ahora se abusa tanto de presunto en las noticias, donde hasta los desaparecidos o los muertos a veces se consideran presuntos.

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Los sesgados requisitos de mi hermano para no tener novia

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Siendo como es, podría parecer normal que mi hermano no tenga novia, pero como he dicho antes, con tanta tontería liga bastante, y ha tenido varias novias, alguna ya mentada y otras a las que no tendré más remedio que referirme a lo largo de este relato. Después de todas las historias y los desastres en sus relaciones, la experiencia ha hecho a mi hermano ir formándose en la cabeza una lista de requisitos para una novia, muchos de los cuales ni él mismo entiende, con lo que ha acabado por hacerse imposible que encuentre ya una novia de su gusto; está, digamos, estancado en la soltería.

En primer lugar él dice que su novia tiene que ser guapa, pero más que eso, que le tiene que gustar. No importa si es muy guapa si a él no le gusta. Y si es rubia, mejor, aunque todas sus novias han sido morenas.

Además, superada la prueba de septentrional, a su novia le tiene que gustar leer, pero no de una manera friki, sino de una manera comedida. Y le tiene que gustar la poesía, sobre todo, tiene que saber de poetas extranjeros, para poder sugerirle a mi hermano poesías que leer de autores como Kavafis o Leopardi, es decir, para ahorrarle trabajo, porque mi hermano es de los que dice que hay que leer mucha poesía para encontrar un buen poema o, remedando a Gandhi con el cristianismo y los cristianos, dice que le gusta la poesía pero no le gustan los poetas, refiriéndose, sobre todo, a la poesía (entre comillas) actual. Dice que toda poesía debería parecerse a «Puedo escribir los versos más tristes esta noche» de Neruda o a algún poema de José Ángel Buesa como «Se deja de querer»:

Además a su novia le tiene que gustar el cine y tiene que saber de actores y directores y tiene que poder reconocer actores secundarios, tipo Brendan Gleeson, aunque, eso sí, no puede saberse tantos como él. Phonto(10)Y en ningún caso podrá quejarse de que una película esté en blanco y negro; pero además no será de las que solo puede ver películas en versión original ni de las que solo puede ver películas dobladas. Mi hermano odia cuando la gente le recrimina no haber visto una película en versión original; pero también cuando se ríen de él por ver una película en turco.

Y a su novia le tienen que gustar determinadas series, generalmente las que haya visto él, o, al menos, las que estén en su lista para ver. Es imprescindible que a su novia le gusten y que recuerde escenas de Friends, Los Simpsons, Castle y Big Bang Theory.

En general, además, tiene que ser una persona que muestre interés por las cosas. A mi hermano no le importa que su novia no haya visto tal o cual película o que no haya leído tal o cual libro, pero tiene que demostrar que al menos los conoce y que le gustaría verlos o leerlos. No puede ser que le hable a una chica de Sentido y sensibilidad y ella le responda que no ha visto esa película, sin tener ni idea de que además es un libro de Jane Austen, como le pasó con su novia de Santaél, la «sordomuda», cuya historia luego será convenientemente contada. Tampoco puede consentir que una chica no sepa quién es Kafka y para colmo se defienda alegando que no le puede pedir que sepa cosas de literatura. «¡Pero si hasta la palabra kafkiano está en el diccionario!». Él considera que no se está comportando en este caso como los de «Ah, pero que no has leído…»; hay cosas que hay que saber porque salen en muchos sitios, igual que lo de septentrional.

Y su novia tiene que tener capacidad para reflexionar sobre gramática y conocer curiosidades de la lengua o, al menos, estar interesada en ellas; pero mejor si no es lingüista. Y le tiene que gustar el arte. Si es capaz de explicarle cuadros en un museo, será muy de su gusto. Puede que este punto no se entienda bien porque a mi hermano no le gusta ir a museos, pero él se justifica diciendo que no le gusta ir a museos si no es con guía, por lo que si su novia hace de guía entonces sí que le gustará ir a museos. Y lo mismo a la hora de visitar ciudades. La cuestión es que para él, si la información no es evidente como en la Wikipedia, no se siente cómodo. Bien es cierto que podría estar en el museo viendo la Wikipedia en el móvil, pero, si hay alguien que se lo explique, mejor, que así se puede mirar a la vez.

Y también le encantará que su novia sepa identificar árboles y flores, que es uno de los puntos débiles de mi hermano y es algo difícil de aprender por internet. Es lo malo de haber elegido letras en el colegio. Hay cosas, como el nombre de las plantas o la filosofía, para las que sí que sirve ir al colegio; si te las explican bien, claro. Algo parecido ocurre con los olores. Los tienes que vivir en directo. Por ejemplo, mi hermano lleva años preguntándose (como la del anuncio de Evax, mutatis mutandis) a qué huele el almizcle, olor que un día oyó mencionar a nuestra madre. Pero por internet es imposible saber cómo es un olor, incluso el de las cosas que sí que huelen.

Por otro lado, a su novia le tiene que gustar el fútbol, pero poco; lo justo para poder hablar sin opinar o, mejor dicho, sin poder refutar las opiniones de mi hermano.

Y le tiene que gustar salir por las noches, pero dependiendo. No puede ser muy empalagosa, pero tampoco muy despegada. No puede tener muchos detalles, pero mucho menos pocos. No puede ser agradecida en exceso, pero tampoco desagradecida.

Ah, y por supuesto, mi hermano jamás va a poder tener una relación a distancia, así que jamás estará con una chica que viva en otra ciudad, y eso que sus novias casi siempre han vivido fuera de Almagriz centro. La razón por la que no puede tener una relación de este tipo no es otra que porque odia hablar por teléfono y, mucho más aún, por Skype o cualquier otro sistema de videollamada. Siempre se acaba peleando porque no se le entiende bien. Esto le lleva pasando desde pequeño cuando se negaba a hablar con nuestros padres cuando estábamos de campamento o en la finca de nuestros abuelos, por ejemplo. 1430747729763Dice que odia hablar por teléfono porque él es muy expresivo con los gestos y con el teléfono se agobia. Aunque esto no debería ser un problema con las videollamadas, dice que en ese caso también se agobia porque le parece algo muy artificial.

Tampoco ayuda mucho, aunque sea en broma, que, cuando se va a ir de estancia al extranjero, les diga a sus novias, cuando le preguntan si las va a echar de menos, que las va a echar tanto de menos que se va a tener que buscar a otra para consolarse.

Todos estos y alguno más que ya recordaré conforman la lista de requisitos de mi hermano para elegir a su futura novia, los cuales, según él, son fruto de la experiencia y, como tales, axiomáticos, incuestionables e irrebatibles. Pero, vamos, por mucho que él considere que la que cumpla estos requisitos será su novia perfecta, yo sé que si encontrara alguna así, se cansaría de ella a la semana y, con mayor probabilidad, ella de él. Mi hermano en verdad quiere otra cosa, como se ha demostrado con el tiempo. Pero no adelantemos acontecimientos.

Ahora supongo que se entenderá por qué mi hermano, aunque haya tenido, ahora lleva tiempo sin tener novia. Él se justifica diciendo que igual que Mark Twain consideraba que una obra maestra es la que nadie quiere leer, pero que todo el mundo quiere haber leído, para él no es bueno tener novia, pero sí que es bueno haberla tenido. Por eso se limita a mantener una relación con una serie de chicas, a las que él llama novias, con las que simplemente habla de vez en cuando por el WhatsApp y a las que a veces ve, generalmente porque se encuentra con ellas por las noches en alguna discoteca. Una de estas, por ejemplo, es una chica de Santaél, con la que nunca se ha besado, de hecho prácticamente ni se han visto, como luego contaré, y a la que, sin embargo, llama «novia de Santaél» por todo lo que hablan por el WhatsApp y la cantidad de intimidades que saben el uno del otro. Pero tiene muchas otras «novias», como él las llama, que ya irán apareciendo.

La filosofía de que es bueno haber tenido novia la usa también al hablar de los viajes. Mi hermano no es muy aficionado a los viajes, pero dice que, aunque le da mucha pereza viajar, le encanta haber viajado. Asegura que viajando se aprenden cosas que luego no se olvidan tan fácilmente como cuando se leen y, por eso, hace el esfuerzo de viajar más de lo que le apetece. Pero él se refiere a viajar de verdad, no a viajar siguiendo esa moda de viajar por viajar que impera ahora, motivada, según él y según una frase que leyó en La insoportable levedad del ser, porque la gente necesita viajar para encontrar la felicidad que no encuentra en su casa, sin darse cuenta de que si no encuentran la felicidad en su casa, no la van a encontrar en ningún sitio, almagriceñospor muy lejos que viajen o por muy exótico que sea el país al que viajan. Dice que de repente se pone de moda un país y la gente entonces se muere de ganas de ir, cuando no habían oído hablar de ese país en la vida. Mi hermano en esto tiene ventaja, porque como se sabe las capitales de todos los países, por narices ha oído hablar de todos ellos.

Con lo de los viajes, lo que más nervioso le pone es la gente que dice que quiere conocer «nuevas culturas». «Si tanto interés tuvieran —dice indignado— verían antes los documentales de la 2 de los viernes o Almagriceños por el mundo». Al fin y al cabo, como más o menos dice Pessoa, lo que vemos cuando viajamos es solo lo que somos. Para eso uno se queda en casa, que encima es más barato.

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(Sé que a alguien le pueden tocar las narices estos requisitos de mi hermano. Pero si los compara con los de Einstein, mi hermano le parecerá un novio delicioso.)

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