El origen del lenguaje podría ser la manzana de Adán

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Y por fin llegó el día de ir a Roldana. Fueron Chindas, Lízar y mi hermano, es decir, el pack completo, en el coche de mi hermano, un Peugeot 206 gris muy reconocible por tener tres pegatinas de smiley, de las cuales la del centro se la regaló en un bonito verano, del que ya hablaré, Cami 2, y una pegatina de I Roldana.20150329_202115

Más tarde ese día, al salir del trabajo, irían Quero, el Galgo y Zazú y luego se iría uniendo más gente esa tarde y los siguiente días. Esa tarde, además, llegarían en tren a Cartadás, que está a una hora de Roldana, nuestra madre y nuestro abuelo, que por comodidad suelen preferir hacerse gran parte del camino en tren. Luego les recoge mi hermano en la estación de Cartadás. Nuestra abuela ya está muy mayor para el viaje y se queda en Almagriz con nuestra tía abuela. Como todos los años, nuestra madre al llegar se disputaría la custodia de mi hermano con Chindas (aunque al final siempre quedan en lo mismo: mi hermano duerme en casa de nuestra madre y nuestro abuelo los días que vuelve pronto, es decir, antes de las cuatro de la mañana y, si no, en casa de Chindas con todos; medida salomónica con la que todos están conformes). Lo bueno de dormir en casa de Chindas es que así pueden hacer desayunos y pistachadas y discutir sobre chotos, lechones y lechales.

Durante el viaje, Chindas, que llevaba un tiempo pensándolo le preguntó a mi hermano:

—Oye, ¿por qué era tan importante para ti encontrar el Manuscrito del Conde Ensortijado? —No importaba que se enterara Lízar, porque al fin y al cabo era parte del pack completo.

—Pues mira —empezó mi hermano con el tono filosófico que pone en estos casos—, el origen del lenguaje es un misterio. Es difícil imaginar cómo pudo nacer, cómo a alguien se le ocurrió codificar el pensamiento en símbolos, sobre todo en símbolos arbitrarios, que permitiera comunicarlos. ¿Cómo saltó la chispa? ¿Cómo pudo pensar o cómo se le pudo ocurrir si no tenía lenguaje? Y por mucho que digan que el cuerpo humano tenía las condiciones favorables para desarrollar el lenguaje por la posición de la glotis, como se dice por ahí con una laringe perfecta, es extraño que otros animales con características semejantes no lo hayan desarrollado.

—Pero ¿y qué esperabas encontrar en el Manuscrito, por ejemplo?

—Pues yo qué sé. Que lo que llaman en la Biblia la manzana en el Paraíso fuera en verdad la capacidad del lenguaje y que Dios recomendó a Adán no utilizarlo porque solo traía tristeza y culpa, que es lo que sucede cuando uno es capaz de codificar y, por tanto, de reflexionar sobre lo que siente. Y no sé, puede que la palabra para lenguaje se tradujera como manzana por algún error tipo el de «Antes entra un camello por el ojo de una aguja que un rico en el Reino de los Cielos» donde en verdad kamelos en griego significa ‘soga’, lo cual tiene más sentido. O también puede que sea una metáfora. En cualquier caso sería curioso descubrir que lo que hizo el lenguaje fue que Adán y Eva abandonaran el Paraíso. —Vamos, una historia parecida a la de la novela fantástica que empezó a escribir.

—Ja, ja, ¿y entonces lo de la tentación de Eva? —le siguió tirando de la lengua Chindas.

—Pues igual fue porque Adán empezó a utilizar el lenguaje para ligársela.

—Ja, ja, ja.

En el camino, al adelantar un coche con tías buenas, recordaron la historia de cuando mi hermano iba a Sasón con Lucas, Toño y Lapita, donde habían quedado con otros de Pinar de San Martín. Yendo para allá adelantaron a un grupo de chicas y se empezaron a escribir mensajes en un papel poniéndolos contra la ventanilla. Así estuvieron durante doscientos kilómetros adelantándose, riéndose, mandándose mensajitos e, incluso, les dieron el número de móvil de mi hermano, que conducía, y ellas le incluyeron en un chat de WhatsApp con todas. Mi hermano y sus pasajeros no tuvieron la culpa de ello, pero metieron un poco la pata porque les pusieron a las chicas en un cartel que iban a Sasón y las chicas empezaron a celebrarlo porque también iban allí, sin caer en la cuenta de que iban de despedida de soltera y la que era objeto de la despedida, que también iba en el coche, no sabía aún adónde la llevaban. Al final pararon todos en la misma gasolinera, básicamente porque mi hermano vio que las chicas paraban en una y se metió detrás de ellas. Como es lógico la situación fue un poco incómoda o embarazosa. —La mejor palabra sería awkward. En español no sé si hay una palabra igual de precisa. Quizás la mejor forma de expresarlo sea como lo hace el Galgo que califica este tipo de situaciones como aquellas en las que a uno le sangra la nariz de la vergüenza—. Pues tanto les sangró la nariz a todos que luego cuando se vieron por Sasón en un bar, ni se hablaron.

Ya casi llegando a Roldana, antes de pasar el famoso cartel de Bastetania, Marmoel, Arbol y Cuevas del Surbo, vieron un cartel que indicaba que por allí pasaba el río Mundo, el mítico afluente del Segura —mítico en el sentido almagriceño de clásico o de que se estudiaba en la infancia—, y mi hermano aprovechó para compartir una bonita curiosidad de su repertorio:

—Es error común creer que el nombre del río Mundo procede de la palabra mundo que todos conocemos. No. Bueno, tiene relación, pero no es exactamente así. La palabra mundo que usamos en español para la Tierra, procede del latín mundus, que es un calco del griego cosmos. Lo de que sea un calco quiere decir que es una palabra del latín que se utiliza de la misma manera metafórica que la palabra del griego sin tener nada que ver en su forma. Es decir, en griego cosmos significaba limpieza y orden y creo que fue Pitágoras quien la utilizó para referirse al universo como algo limpio, bello y ordenado. Con el mismo significado de limpieza de cosmos tenemos ahora cosmética, por ejemplo. Pues en latín hicieron lo mismo. Utilizaron la palabra que significaba ‘limpio’ en su lengua para referirse al universo. Y esta palabra era mundus. Nosotros ya no tenemos mundo con ese significado, pero sí tenemos inmundo, para el significado contrario. Y esto venía a que el río Mundo se llama así porque es limpio y no inmundo.

Con estas cosas y con las nuevas autopistas, el viaje a Roldana pasa muy rápido.

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No hay hombre nacido como mi hermano

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Según iban andando de vuelta a casa, mi hermano, que muchas veces se culpaba a sí mismo de solo contar sus historias y no interesarse por las de los demás, le preguntó a Chindas:

—Oye, por cierto, y ¿qué tal la entrevista? Que a lo mejor te han cogido, ja, ja.

—Ja, ja. Pues la verdad es que no iba mal, pero a mitad me ha dado un apretón y me he tenido que salir al baño y una vez que estaba ahí he pensado que para qué iba a volver, si en el fondo así tenía más tiempo de buscar, que es lo que nos importaba. Ahora que lo pienso, igual por eso, como no he vuelto, los de la entrevista han llamado a los de seguridad y ha sido cuando me han pillado.

—Buf, no sé cómo podéis ir a baños fuera de casa y sin bidé —dijo mi hermano, que es de los defensores del bidé, sin darle más importancia al apretón de Chindas. Siguió—: Bueno, por lo menos te has conseguido escapar sano y salvo. Esperemos que no te denuncien o que no te busquen para hacerte algo, porque, conociéndoles ahora, no me extrañaría nada que el cadáver que vimos tuviera algo que ver con ellos. Aunque me extrañaría que Leticia les dé tu nombre y no sé si se atreverán a preguntárselo a los jefes, porque sospecharían de ellos. Antes te encuentra Leticia que ellos.

(Efectivamente, Leticia le agregó al Facebook poco después de que volvieran a Almagriz.)

Según iban hablando de esto, de repente se empezó a formar un gran tumulto en la calle. Se acercaron adonde se arremolinaba un gran grupo de gente. Se enteraron de que lo que había pasado es que se había escapado un mono.

—¡Un mono! Ja, ja. Lo que faltaba.

Viendo esto, Quero y mi hermano recordaron el día en que en Pinar de San Martín también se escapó un mono y aprovecharon para tener una de sus entretenidas conversaciones:

—¿Te acuerdas? —decía Quero.

—Sí, ¿qué era? ¿Un tití? ¿Un babuino?

—No me acuerdo. No sé si era un tití, un babuino o un papión.

—Era como rubito —aclaró mi hermano.

—Entonces sería un babuino.

—Eso, un babuino —dijo mi hermano como si se acordara y como si en ese momento recordara cómo es un babuino.

Y para tirarse aún más el moco dijo sin saber:

—Un papión seguro que no era.

—¿¡Cómo!? —exclamó Quero con el mismo tono que tantas otras veces—. ¡Pero si es lo mismo! Te estaba poniendo a prueba. —Y para picar, aunque no estaba seguro, prosiguió— ¿Es que no sabías que tienen la misma etimología?

Chindas, atento a todo, apostilló dirigiéndose a mi hermano:

—Joer, macho, has caído en el clásico truco del babuino y el papión.

Esto me recuerda, por cierto, a otra vez, cuando mi hermano estaba trabajando en la VEI en un diccionario escolar. Entre otras cosas curiosas del diccionario, vio que salían algunos dinosaurios, pero no otros. No dudó en chivarse a Quero, que era amante de los dinosaurios, de que no estaba el tiranosaurio y, sin embargo, estaban el diplodoco o el brontosaurio. Lo que no esperaba mi hermano era una reacción tan fuerte de Quero:

—¿¡Cómo!? No me digas que está el brontosaurio.

—Pues sí. ¿Por qué? A mí no me parece mal. Lo que me parece mal es que no esté el tiranosaurio.

Es error común llamar brontosaurio al verdaderamente llamado apatosaurio —profirió Quero.

Y le estuvo explicando a mi hermano que por culpa de una clasificación errónea se había llamado brontosaurio a una especie de dinosaurio, pero que era un nombre erróneo, y que luego el cine había contribuido a consolidar ese nombre, pero que el correcto era apatosaurio. Como Quero era así exigió a mi hermano que lo cambiara para que los niños no lo aprendieran mal.

—Si de primeras lo aprenden mal… No puede ser.

Y la cosa es que mi hermano, atendiendo a su exigencia, propuso cambiarlo y le aceptaron la sugerencia, por lo que hoy se puede encontrar la inusitada palabra apatosuario en el diccionario en el que trabajó mi hermano, seguramente el único caso de diccionario escolar que recoge esta palabra. Como curiosidad, diré que en el diccionario oficial de la VEI no viene ni brontosaurio ni apatosaurio (aunque sí tiranosaurio).

Antes de llegar a casa, a Quero, que le iba dando vueltas a todo y ya había empezado a dilucidar, se le escapó medio en serio medio en broma un suspiro seguido de un «En fin… no somos nadie». Mi hermano rápidamente saltó:

—¿Sabéis que justo leí el otro día en un libro que se desaconseja el uso de frases hechas como «No somos nadie» o como «De menos nos hizo Dios» o «Menos da una piedra»?

—Ja, ja. ¿Y por qué, a ver? —objetó Chindas.

—Pues porque demuestra que uno no tiene imaginación para inventarse una frase que venga al caso.

—Ja, ja —se rió Quero—. Pues tampoco tengo mucho más que aportar. Podría haber dicho algo así como… eh… no tenemos ninguna importancia en este mundo en el que vivimos.

—Pues sí —aprobó mi hermano que, al intentar buscar un correspondiente en latín, empezó a darle vueltas a otra cosa, la cual no tardó en manifestar—. Oye, por cierto, ¿os he contado alguna vez de dónde vienen nadie y nada?

—Creo que no —contestó Quero con cara de Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra?, es decir, con la cara que ponía Cicerón cuando se quejaba de Catilina en el Senado, un Cicerón que, por cierto, a punto estuvo de ser coetáneo del tocayo gramático de Quero.

—Pues —explicaba mi hermano sin querer fijarse en la cara de Quero—, una pregunta que le puede surgir a cualquiera es por qué se usan esas palabras si en latín eran nemo, como el capitán de 20000 leguas de viaje submarino, je, je, y nihil, como lo del nihilismo.

—Sí, la verdad es que es una pregunta muy frecuente —dijo Chindas con retintín, que no Rin Tin Tin, pues ese es el nombre del perro, y no estaba con ellos.

—Pues la cosa es que nadie y nada vienen de nati y nata que en latín significaban ‘nacido’ (uno en masculino plural y otro en femenino singular), de natus, de donde viene por ejemplo neonato, recién nacido, o naonato, nacido en un barco… o innato, vamos —ya se empezaba a liar mi hermano, y eso que solo tenía un público de dos personas.

—Pero ¿y por qué pasaron a significar lo que significan ahora? —interrumpió Chindas devolviendo a la Tierra a mi hermano.

—Ah, pues porque antes se decía «No hay hombre nacido», diciendo nati, «que haya hecho tal», por ejemplo. Y lo mismo con «No hay cosa nacida», diciendo nata. Y de ahí se quedó en algo así como «No hay nati» y «No hay nata». Lo de que la t pase a d es normal, como en catena, que pasa a cadena, sin ir más lejos —y se quedó pensando de dónde venía la –e final de nadie, pero no se acordaba, así que lo obvió.

—Ah.

—De hecho, esto podría explicar por qué en español hay doble negación frente al inglés, por ejemplo. En inglés o dicen «There isn’t anything» o «There is nothing», pero no «There isn’t nothing» (seguramente porque en nothing está inlcuido el no), pero en español, como nadie y nada no tienen un no includio, decimos «No hay nada», con no y nada, y no «Hay nada», a no ser que se anteponga el nada como en «Vio que nada le salía bien», que también podría haber sido «Vio que no le salía bien nada», pero nunca «Vio que le salía bien nada».

—Un lío, vamos, ja, ja —le cortó Chindas ya en el ascensor de subida a casa del Rey Escorpión—. Vaya leccioncita nos has clavado. ¿Y esto es lo que hacéis los lingüistas?

A mi hermano le escuecen mucho ese tipo de comentarios porque su intención es hacer que la lingüística sea accesible para todos y no tan complicada como se suele hacer. Por eso él siempre intenta dar ejemplos cotidianos y explicaciones lo más sencillas posibles, pero no siempre consigue que se entiendan, y además, muchas veces siente que la gente desconecta o no se interesa pensando que es más difícil de lo que en verdad es. Solo es cuestión de prestar un poquito de atención e interés, piensa. Dice al respecto que una vez, cuando dio unas clases prácticas de profesor, antes de empezar a explicar unas cosas de sintaxism tuvo la prudencia de preguntar a una clase de casi cuarenta alumnos:

—¿A cuántos de vosotros os gusta la sintaxis?

Solo tres levantaron la mano. Entonces preguntó:

—¿Y cuántos de vosotros sabéis de sintaxis?

Y levantaron la mano los mismos.

Con esto quería demostrar que la sintaxis y, por extensión, la lingüística es algo que le gusta a todo el mundo cuando la aprende bien; pero para eso, hacen falta valor para no tenerle miedo y un poquito de interés.

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Adelanto de la Segunda parte

Aquí tenéis el pdf con el adelanto (erratas y partes sin supervisar incluidas) de la Segunda parte entera, para los que no podáis esperar hasta septiembre para seguir conociendo las aventuras de mi hermano:

SEGUNDA PARTE

¡Que disfrutéis!

Y para los que aún no habéis empezado a leer, aquí tenéis el Prólogo, la Primera parte y la Segunda, todo en uno:

PRÓLOGO + PRIMERA PARTE + SEGUNDA PARTE

Si alguien quiere recibir alguna parte más, puede escribir un mensaje privado a la cuenta de Twitter: @ahoranoblog

Operación monokini o los etimológicos y morfológicos peligros de dormir como un choto recién amamantado

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Pero no siempre eran incorrecciones (perdón, supuestas incorrecciones de la gente provocadas por la natural evolución de la lengua) lo que encontraban o en lo que se fijaban. También escucharon alguna vez hermosas expresiones. Por ejemplo, otro día escucharon a un chaval que decía: «Pues yo hoy he dormido como un choto recién amamantado». Esto inevitablemente le trajo a la memoria a mi hermano un día en Roldana cuando al volver de fiesta, después de un rato de clásica pistachada en la terraza de Chindas, que ya se había acostado, le dijo, estirándose, a Lízar:

—Uf, yo me voy a la cama ya que estoy matado. Hoy voy a dormir como un choto recién amamantado.

Pero muy lejos de sus pretensiones, en vez de irse a dormir como tal cría de animal, se puso a discutir con Lízar sobre qué era un choto. Tenían dudas de si era la cría de la vaca o de la cabra o la oveja y tenían dudas de los años que tendría un choto. Por si esto fuera poco, les saltaron a las mientes también lechón y lechal. Y se empezaron a enzarzar en la que desde entonces fue llamada «discusión del choto, lechón y lechal». Si hubiera estado Quero se lo habría resuelto fácilmente.

Les sonaba lo del cordero lechal y el lechón sonaba a cochinillo. Pero si choto era de la vaca, entonces, ¿qué era ternera? Y también les sonaba que choto era de la cabra. Y encima luego estaba chivo, que eso sí que es cabra, ¿no?, por lo de la barba de chivo. Estuvieron bastante rato discutiéndolo y, aunque llegaran a un acuerdo, lo reconsideraban y se volvían a hacer un lío. Como acababan de volver de fiesta decían cosas de las que luego se desdecían y uno podía defender lo que el otro pasaba a defender más tarde sin llegar a un acuerdo. Menos mal que sus neuronas solo daban entonces para palabras con ch y no pensaron en recental y añojo, por ejemplo, lo cual les habría liado aún más.

En esas estaban cuando su eterna, enmarañada y bucúlica discusión fue interrumpida por unos ruiditos y bisbiseos de chicas fuera de la terraza en la piscina de la urbanización de Chindas (llamada «la Hortensia»). Al oír los ruiditos, mi hermano salió escopetado, como el legionario que contaba nuestro abuelo que en Roldana, cuando vio a una chica en bikini por primera vez, bramó como un toro, «Muuuuuuuu», y fue corriendo a por ella como para embestirla. Lízar salió corriendo detrás. Al llegar a donde estaban las chicas, antes casi de saludar, les preguntaron si sabían lo que era un choto, lo cual quedó fatal, por supuesto, pero enseguida lo arreglaron preguntando por lechón y lechal. chotoTan intrigados habían acabado con el tema que no se estaban dando cuenta ni de que a las chicas les faltaba la parte de arriba del bikini ni de que por preguntarles estaban interrumpiendo su romántico baño en la piscina. Cuando por fin reaccionaron, empezaron la retirada disimulando muy mal, entre mirando y no mirando lo que la falta de bikini dejaba al aire, hasta que llegaron a la terraza y se fueron a dormir.

Y durmieron, después de tantas emociones, como verdaderos chotos recién amamantados, signifique choto lo que signifique. (La verdad es que si hubieran que estar como una chota es estar como una cabra, podrían haber deducido que un choto tiene que ver con las cabras. Pero nunca se sabe.)

Y ya que he vuelto a referirme a un bikini, que en este caso era más bien un monokini, creo que es buen momento de hablar del reanálisis. Según nos contó mi hermano un día, el reanálisis consiste en interpretar alguna palabra o parte de una palabra de una manera que no corresponde a su significado. Un caso claro es precisamente bikini. Como bikini empieza por bi- y la prenda se compone de dos piezas, esta sílaba se interpretó o se reanalizó como el prefijo bi-, que aparece en casos como bisílabo y que significa ‘dos’. Así, cuando salió una prenda parecida al bikini, pero con tres piezas, se llamó trikini y la de una, monokini. Como bi- se interpretó como prefijo, kini se interpretó consecuentemente como base léxica y sobre ella se han construido otros tipos de traje de baño femenino como el tankini. Es error común, por cierto, creer que el tankini es el bikini cuya parte de abajo es un tanga, como creía yo, sin ir más lejos. No. El nombre viene de tank top, que significa camiseta sin mangas, y kini. Así que es el conjunto de braguita más camiseta sin mangas. También está el burkini, que es el que lleva burka (no el que se usa en Burkina Faso, capital Uagadugú). También hay bikini masculino, el mankini, que es el famoso bañador que lleva Borat en la película y el que desde entonces es frecuente ver en los que se despiden de solteros.

El día que explicó esto mi hermano, como es habitual, aportó información extra:

—Y en verdad bikini viene de que el día de la presentación del primer bikini en 1946, justo el atolón Bikini, de las Islas Marshall (capital Majuro), había sido utilizado por Estados Unidos para una prueba nuclear y entonces se dijo que la prenda iba a ser más explosiva que la bomba de Bikini.

Y siguió explicando la verdadera morfología de bikini:

—Y os estaréis preguntando que de dónde viene en verdad bikini. Pues bikini viene de la palabra Pikinni del marshalés, que está formada por pik, que significa ‘superficie’ y ni que significa ‘cocos’ y, por tanto, significa ‘superficie de cocos’.

Y concluyó con una de sus hilarantes y chuscas agudezas:

—Así que, tanto en su significado original marshalés de bikini como en el actual, los cocos son claves.

Otros casos de reanálisis de este tipo son aquellos en los que se quita la –s de una palabra en singular reinterpretando esta –s como si fuera la indicadora de plural. Yo pensaba que pasaba con metrópoli, que estaba mal dicho porque en verdad el singular era metrópolis, y de hecho así se llama la ciudad de la película de Fritz Lang, pero ya se encargó mi hermano de decirme que lo recomendable para el singular es efectivamente metrópoli (como la revista). Aun así me suena que había algún caso en el que sí que pasaba esto. Le preguntaré.

Ahora, si lo de bikini es un reanálisis morfológico o una falsa segmentación, también hay un curioso caso de reanálisis léxico, es decir, de toda una palabra. Un día mi hermano preguntó a su público de ese momento:

—¿Cómo llamarías a alguien de Kenia?

Unos contestaban keniano y otros keniata. Los que respondieron keniata decían que keniano estaba mal, pero los que respondieron keniano dijeron que también les sonaba keniata. Mi hermano como siempre sonreía cuando, al modo de Eris con la manzana, sembraba la discordia de esta manera. juicio parisY cuando consideraba oportuno interrumpía la discusión para aclarar las cosas:

—Pues resulta que lo recomendable por la VEI es keniano. Lo de keniata se empezó a utilizar porque hubo un presidente en Kenia en los años sesenta y setenta que se llamaba Jomo Keniatta. Cuando en las noticias se aludía a él se hacía diciendo «el presidente Keniatta», igual que se dice «el presidente Rajoy». La gente al oírlo pensaba que Keniatta era un gentilicio, es decir, que se estaba diciendo el presidente de Kenia, en vez del nombre de un presidente de Kenia, y desde entonces se quedó para muchos la idea de que keniata es el gentilicio de Kenia.

Se trata este por tanto de un reanálisis de una palabra que se empieza a considerar como adjetivo, siendo en verdad un nombre en aposición.

El caso de bikini es parecido a lo que ocurre con los acrónimos. Los acrónimos son…, bueno, mejor que nos lo explique mi hermano directamente. Lo que a continuación muestro es un archivo que encontré un día hurgando en su portátil, de lo que parece una novela que empezó a escribir, o quizás un diario. Aquí va:

«No quiero que las palabras se queden entre los libros de mi cuarto, ni en la pantalla de mi ordenador. Las palabras están en todas partes. Por eso empezaré a contaros esta historia, por ejemplo, desde una discoteca, hablando con una chica:

—¿Tú sabes que la palabra discoteca es un acrónimo de disco y biblioteca?

—¿Qué es un acrónimo?

Generalmente, tengo la costumbre de pensar que, por mucha cara de borde y de asco que ponga una chica al hacer una pregunta, si la hace es porque le interesa seguir la conversación contigo. Así que me animé:

—Bueno —siempre empiezo con «Bueno» cuando me encuentro cómodo en una conversación, a la vez que echo los hombros como para atrás y saco pecho a modo de pollo capón; algo raro, creedme, pero mi hermano hace igual, así que debe de ser genético—, en verdad se suele decir de dos cosas. Una: las siglas que forman una palabra, como ovni o láser, que, aunque no lo parezca es la sigla de Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation.

La chica me miraba sorprendida con lo de láser y la verdad es que tampoco me costó tanto aprenderme esto y suele impresionar, sobre todo por mi asombroso acento americano, que suena especial cuando me he bebido alguna copa. Y seguí:

—Pero en este caso se refiere a la palabra formada por el principio de una y el final de otra: disco de disco y –teca de biblioteca. ¿Qué te parece?

Llegados a este punto, las chicas suelen inclinarse por una de dos posibles respuestas. La primera es abandonar con prontitud, presteza y premura la escena. La segunda es celebrar mis palabras y mostrar aún más interés. En este caso la chica no pareció demasiado interesada y me dijo una frase clásica:

—Voy un momento con mis amigas.

La verdad es que es normal que una chica en una discoteca quiera estar con sus amigas, pero a esas horas uno considera que lo más normal es que escuchen sus historias. Mientras se iba le grité en alto:

—Pues aún no te he dicho que en inglés este tipo de acrónimos se llaman portmanteaus.

Frase estúpida. Sería raro que se volviera a preguntarme «¿qué es un portmanteau?». Es como ponerle de cebo a un pez otro pez.

Luego, como siempre, me quedé pensando y pensé que debería haberle hablado de la historia de las discotecas o haberle hablado de que hay quien cree que Stonehenge fue la primera discoteca de la historia.

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Aunque, claro, hay chicas a las que no les interesan esas cosas. Eso es porque en verdad son chicas que no merecen la pena. Seguro que si le pregunto «¿Tú sabes quién es Lewis Carroll?», no sabría qué contestarme. En esas estaba cuando otra chica se me acercó y me dijo:

—¿Y qué es un portmanteau?

¡Sobresaliente! Esta es una pregunta que da para una noche larga. Y es mejor cuando te la hacen directamente, sin que tengas que ir tú.

—Pues bien, portmanteau es una palabra de origen francés que significa algo así como ‘portatrajes’ y se usa como ‘maletín’. Lewis Carroll en Alicia detrás del espejo hace que Humpty Dumpty…

—¿Humpty Dumpty? Ja, ja, ja.

—Sí, je, je —me reí a la vez que pensaba para mis adentros: «pero no me interrumpas»—. Humpty Dumpty le explica a Alicia el poema Jabberwocky, que es, precisamente, un poema lleno de portmanteau words o, como viene en la versión del libro que yo tengo: palabras-maletín. Lo que pasa es que esas palabras se las inventó él, pero hay un montón de palabras que se han formado así. Se forman uniendo, generalmente, la primera parte de una palabra con la final de otra. Por ejemplo, brunch es una mezcla de breakfast y lunch; o una nueva como phablet es una mezcla de phone y tablet; y Wikipedia es una mezcla de wiki y enciclopedia. ¿Sabes lo que significa wiki, por cierto?

—No.

—Significa ‘rápido’ en hawaiano.

Siempre dejaba un espacio en mi conversación para la Wikipedia, mi mayor fuente de inspiración en el arte de conquistar a las mujeres. Muchos dicen que lo que viene en la Wikipedia está mal. Yo no sé cómo estará pero sí sé que en la Wikipedia hay miles de cosas interesantes que sorprenden a la gente: ¿Cuál fue la primera marca de coches en poner el cinturón de seguridad que tenemos ahora, o sea, el de tres puntos? ¡Volvo! ¿Y de dónde viene la palabra volvo? Del verbo latino volvo, que significa ‘yo ruedo’. Todo en la Wikipedia. Basta con poner las palabras ‘volvo’ y ‘wiki’ en Google. Y encima nos dicen que el escudo de la marca es el símbolo del acero de los alquimistas. Espectacular. Y seguí:

—Pero hay muchos más portmanteaus o acrónimos, como se llaman en español. Por ejemplo Spanglish, de Spanish e English o portuñol, de portugués y español. También, aunque con deformación, pichinglis, de pidgin e English. Otra: autobús, que viene del francés, está formado por auto y por omnibus (dativo plural de omnis, ‘todo’), que en latín significa ‘para todos’. Hay muchísimas. A partir de ahora te las vas a encontrar por todas partes: ofimática (oficina + informática), los Beatles (de beat y beetle). Y todos los escándalos que terminan en –gate, a partir del escándalo del Watergate. Por ejemplo, en España el EREgate, formado por ERE o expediente de regulación de empleo más –gate. Si nos volvemos a ver algún día seguro que te ha salido alguno nuevo. Por cierto, ¿cómo te llamas?

No hay nada mejor que dejar deberes a las chicas durante la semana. Así te garantizas que, por lo menos, se acuerden de ti, aunque les dé rabia, unos días. Para eso está bien decir palabras que vayan a utilizar seguro. Autobús es una apuesta segura. Y además así les dejas que se luzcan delante de sus amigos y te ven como algo positivo y enriquecedor: “Pues ¿sabéis de dónde viene ‘autobús’…?”».

En fin, espero que con este ejemplo veáis que no exagero a la hora de describir a mi hermano. Yo la verdad es que siempre había pensado que discoteca estaba formada por disco y el sufijo –teca, que significa ‘caja’ en griego y de ahí ‘lugar en el que se guarda algo’. De hecho, mi hermano muchas veces nos ha hablado de las muchas palabras que hay en español con este sufijo, que las sabe porque ha mirado en el diccionario inverso, que es un diccionario en el que las palabras están ordenadas alfabéticamente a partir de su terminación, muy útil para hacer rimas. Por ejemplo, si uno quiere buscar palabras acabadas en –teca tiene que hacer como si buscara acet y encontrará ejemplos como los que nos ponía mi hermano como gliptoteca, que es el lugar donde se guardan esculturas o piedras grabadas, oploteca, el de armas antiguas, donde oplo significa precisamente ‘arma’ (como se ve también en panoplia ‘conjunto de todas las armas’ o en hoplita, que es un soldado griego, con una h que mosquea a mi hermano, porque no sabe que también se puede escribir hoploteca); o también una más fácil como pinacoteca. Incluso, hipoteca viene de este sufijo –teca y significa ‘lo que se guarda debajo’. Ah, y también hemeroteca, el lugar donde se guardan los periódicos, donde hemero significa ‘día’, que también ha dado efímero, por ejemplo, que es ‘lo que dura solo un día’, o Decamerón, el título del libro de Boccaccio, que significa ‘diez días’. Esta etimología de algo relativo al tiempo le gusta mucho a mi hermano, tanto como la de procrastinar, que está formada a partir de cras, que en latín significa ‘mañana’, en el sentido de ‘día siguiente’, hodierno, que significa ‘relativo al día presente’ y viene de hodie en latín, a partir de hoc die, ‘este día’, de donde viene hoy; también hebdomadario, que significa ‘semanal’ y viene del griego hebdomas que significa ‘siete años’ y de ahí ‘semana’; o sesquicentenario que es lo relacionado con un conjunto de ciento cincuenta unidades, formado a partir del prefijo sesqui- que significa ‘unidad y media’. Una sesquihora es una hora y media, por ejemplo. También la ya mencionada hipopotomonstrosesquipedaliofobia o simplemente (entre comillas) sesquipedaliofobia, que es el miedo a las palabras largas y cuyo nombre se deriva del de una palabra que tiene pie y medio de largo, lo cual debe ser mucho (como un pie de Gasol, más o menos).

Como veis las palabras que le gustan a mi hermano son de extrema utilidad por su habitual uso.

Pero bueno, de vuelta a las andanzas en el metro, mi hermano escuchó por enésima vez eccétera, palabra en la que creo que hay una asimilación del sonido de la t en el sonido de la c. Mi hermano decía:

—¡Con lo bonita que es la etimología de etcétera!

Y se ponía a explicar el origen.

Etcétera viene de et, que se sabe que significa ‘y’ y de cetera, que significa ‘las cosas restantes’. Es el neutro plural de ceterus. En una famosa cita aparece el adverbio ceterum, relacionado con ceterus. La cita es lo que se supone que decía Catón el Viejo al final de sus discursos, en plenas Guerras Púnicas, alentando a la destrucción de Cartago «Ceterum censeo Carthaginem esse delendam», que significa ‘Por lo restante, considero que Cartago debe ser destruida’.

Y sin parar, saltando de una cosa a otra, mi hermano seguía:

—Y este delendam es un bonito gerundivo en latín. El gerundivo es el participio pasivo futuro, es decir, más o menos el que significa ‘lo que debe ser hecho’. En español tenemos algunos otros bellos restos del gerundivo como hacienda o agenda que son las cosas que deben hacerse. También reprimenda, por ejemplo, que es cosa que debe ser reprimida, o vivienda, que es el lugar que debe ser habitado. Y también es curioso —nuevo brinco de mi hermano a otro tema, demostrando lo excitado que estaba— el participio futuro pero activo, es decir, el que significa ‘el que debe hacer algo’, no ‘el que debe ser hecho’. Este participio termina en turus, que en masculino plural aparece en el clásico morituri de «Ave, Caesar, morituri te salutant» que significa ‘los que van a morir’ y que es error común creer que le decían los gladiadores a Julio César, pues, en verdad, parece que se lo dijeron unos condenados a Claudio. También tenemos restos de este participio de futuro en español. Sin ir más lejos, la palabra futuro es un participio activo futuro del verbo sum, que es ‘ser’ en latín, y que por tanto significa ‘lo que ha de ser’, pero también lo tenemos en aventura que es el participio activo futuro de advenire ‘suceder’, y que, por tanto, significa ‘lo que ha de suceder’, como la aventura que vamos a vivir ya nosotros. Eso sí, Arturo no es el que va a estar harto.

Lo de que futuro sea un participio futuro, por cierto, es muy bonito. Al final resulta que en español tenemos que pasado es un participio pasado, presente es un participio de presente y futuro, lo dicho, un participio de futuro.

Pues bien, estas y otras muchas anécdotas, deseos, sustos y curiosidades, trataron, pidieron, vivieron y escucharon mi hermano y Quero en sus incursiones lingüísticas. Dejo las no contadas para el futuro con la idea de volver a ellas cuando el texto me recuerde alguna de especial interés, que ahora me temo que urge acometer la tantas veces anunciada aventura, la cual me dispongo ya a empezar a contar, comprendiendo que por mucho que como aventura sea algo que está por suceder, estaréis ya impacientes por que empiece de una vez a fraguarse.

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Juegos de manos, juegos de mi hermano

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La verdad es que mi hermano se cree más de lo que piensa las historias mágicas relacionadas con la posibilidad no solo de sanarse con el poder de la mente, sino también con las propiedades curativas de las manos. Así es como empezó con su «táctica de la mano o quirotáctica». Mi hermano considera que con las manos se pueden transmitir —y él cree que con sus manos transmite—, muchas sensaciones. De ahí que ideara una táctica basada en ellas.

La táctica es muy sencilla. Consiste en coger de la mano a una chica mientras hablas con ella en una discoteca y luego acariciarla suavemente —la mano, no a la chica en general—, generalmente haciendo delicados círculos con el dedo gordo en la palma de la pretendida. 2015-04-09 13.21.14La complicación estriba en elegir el momento preciso y en acariciar de una forma tal que se transmitan a través de ella sentimientos de deseo, pero sin que la cosa quede forzada, por ejemplo, dibjuando con el dedo demasiadas siluetas —palabra que procede del nombre del ministro Silhouette— de corazones.

Puede parecer mentira, pero generalmente a mi hermano el truco de la mano le ha funcionado, aunque solo sea para al menos atraer la atención de las chicas durante un poco más de tiempo. Lo malo es que, como se lo ha contado a todo el mundo, en su afán de compartir sus conocimientos, ahora ha conseguido que nuestros amigos empiecen a aplaudir y a silbar cuando le ven hacerlo, a veces incomodando a la chica y estropeando el momento. Eso, si no es mi propio hermano el que enseña a nuestros amigos desde lejos que tiene la mano cogida.

Otra forma de llevar a cabo la táctica de la mano es cogiéndosela a una chica y ponderando exageradamente su suavidad. Un día hasta llegó a hacer una rima al respecto: «Las manos de Rocío / son un desvarío». Por suerte en este caso Rocío era amiga y el pareado cayó en gracia.

Para satisfacción de mi hermano, un día una chica le hizo una táctica parecida pero, en vez de con la mano, con el pulgar. La táctica de la chica consistió en decirle a mi hermano que se había quemado la yema del pulgar de pequeña y que no tenía huella dactilar, de manera que, para comprobarlo, mi hermano tuvo que acariciar su yema, ante lo que notó como un calor especial que le produjo una extraña e intensa atracción hacia la chica. Esto le sirvió para confirmar la teoría sobre el poder manil, perdón, manual, y también digital, de transmitir sensaciones.

Otro truco con el que mi hermano combina el de la mano y que dice que nunca falla es el «truco de la pajita». Este truco se inicia al llegar a la situación donde, a pesar de que la chica con la que 2015-04-09 13.38.35uno lleva hablando un rato y a la que por supuesto ya tiene cogida de la mano parece más que dispuesta a pasar a la siguiente fase, uno no se decide por el momento en el que besarla (o en el que tirarle la boca, vamos). Entonces, para poner en práctica el truco, lo esencial es que la chica tenga una bebida con pajita, que suele ser el caso, por mucho que se les diga que con la pajita las copas suben más. En caso de que no hubiera ni copa ni pajita, tocará invitar, asegurándose de que la copa vaya con pajita. Esto no es problema para mi hermano, que ya sabemos que en el arte de invitar es bastante avezado.

Una vez que la chica tiene los pertrechos necesarios y que ha bebido un poco, hay que pedirle que nos deje probar de su copa mientras se mira su pajita con algo de reparo, finalmente cogiendo otra 2015-04-09 14.55.46para parecer que se es escrupuloso. —Mi hermano empezó haciéndolo porque de verdad tenía escrúpulos las primeras veces—. La chica al principio solo pensará que el chico es escrupuloso, pero luego caerá en la cuenta de que, si no quiere chupar de su pajita, eso quiere decir que tampoco va a querer besarse con ella. En ese momento de desconcierto, parecido al momento crítico que Álvaro de Mesía atribuye a toda mujer durante quince minutos al día en La Regenta, es cuando uno debe atacar, sabiendo que ya existe poca posibilidad de fracaso o calabaza. También en este caso he sido testigo de cómo a mi hermano le ha funcionado el truco.

Asimismo le funciona un truco que aprendió gracias a un niño del que era monitor en un campamento. En una gincana, perdón, yincana (del hindi gymkhana ≅ ‘lugar donde se juega a la pelota’), que organizaron ese año, una de las pruebas consistía en buscar al niño mayor (de más edad) del campamento, al que mi hermano le dio un papelito con una pista que tenía que entregar solo en caso de que le preguntaran directamente si él era el mayor. Al rato el niño volvió y le dijo a mi hermano que se había inventado una prueba que había que superar para encontrar el papelito. La prueba consistía en seguir una serie de pasos que estaban pintados en su mano. Lo primero que hizo el niño fue enseñarle a mi hermano la mano cerrada en puño con un círculo pintado en el dorso, Phonto(87)en la parte donde está ese músculo que decían que se pone duro, además del del antebrazo, cuando…, en fin, cuando uno se dedica a prácticas pecaminosas. Debajo del círculo estaba escrito «PULSA». Al pulsar mi hermano, el niño sacó el índice, en el que había una flecha indicando un giro en el sentido inverso a las agujas del reloj, seguida de un «GIRA». Al girar el dedo, en su parte interna ponía «TIRA» y había una flecha hacia fuera. Finalmente, al tirar mi hermano, el niño abrió la mano, extendiendo la palma, en la que ponía «MIRA EN MI BOLSILLO», que era donde estaba la pista entregada por mi hermano.

Al ver esto, mi hermano felicitó efusiva y convenientemente al chaval, no tanto por esa idea en concreto sino por las aplicaciones que el mecanismo podía tener en las discotecas con las chicas. En la palma de la mano se podía poner cualquier mensaje, desde un simple «¡HOLA!» (o en su momento «¡OLA KE ASE!») hasta un «¿CÓMO TE LLAMAS?» o un «¡GUAPA!» o un «DAME UN BESO» junto al dibujo de unos sugerentes labios, mensajes que, por supuesto, han sido probados posteriormente por mi hermano con mayor o menor éxito. El de «DAME UN BESO» no suele funcionar, sobre todo porque acto seguido mi hermano saca los labios a lo Scarlett Johansson, o peor, a lo Carmen de Mairena. El de «¡GUAPA!» funciona un poco mejor. Para pintarse las instrucciones en la mano, muchas veces mi hermano roba el boli que le dan para firmar el recibo de la primera copa en la discoteca y lo devuelve a última hora de la noche, siendo por lo general regañado.

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Otro truco, para mi hermano infalible, es el de llevar algo puesto que llame la atención, cual reclamo o añagaza, de las chicas. Debe ser algo que puedan coger, como sombreros, pelucas o gafas. Lo que nunca falla son unas gafas que le hace un amigo con pajitas. Y es que, si hay algo crucial en el flirteo, es darle motivos a la chicas para que se acerquen y tomen la iniciativa.

La palabra añagaza, por cierto, viene del árabe clásico naqqaz, que significa ‘pájaro saltarín‘. Normal que mi hermano, un pájaro saltarín como cualquier otro, haga uso de añagazas para atraer mujeres.

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Monicaca y su agüita o el peligro de los hipocorísticos con K

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En una discoteca es mucho más fácil ligar si te preparas el terreno. Eso es lo que hace mi hermano. No es que se estudie en casa fun facts o datos curiosos ex profeso para ligar, pero uno de los motivos por los que le gusta saber cosas es, precisamente, para luego soltárselas a las chicas y conquistarlas.

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El pollo capón

Y es que una discoteca está llena de objetos fascinantes, o mejor dicho (que eso suena algo mal), de objetos de los que se pueden contar historias fascinantes, con las que se podría impresionar a cualquiera. Una mina, por ejemplo, es el origen de los nombres de las bebidas y de los nombres de las marcas de las bebidas.

Pero, claro, no basta con saber estas historias; también es necesario saber cuándo contar qué historia y tener un poco de suerte.

Un día mi hermano conoció a una chica pidiendo en una barra. Vio que la chica pedía un vodka con naranja y se lanzó:

—¿A que no sabes de dónde viene la palabra vodka?

La chica le miró con sorpresa y dijo:

—Pues no.

Cuando mi hermano habla con una chica extremadamente guapa, se hincha como un pollo capón, sacando pecho y echando para atrás los hombros, lo que hace que tenga menos éxito del debido (por la artificiosidad de la postura, ojo, que no por la falta de atractivo, gallardía y donaire). De esa guisa empezó a explicar:

—Pues tiene origen polaco. En lenguas como el polaco o el ruso, voda significa ‘agua’. Y con la k se hace el diminutivo. Por lo tanto, vodka es como ‘agüita’.

—¡Ah!… —la chica le miró con cara de haber roto un plato.

Impertérrito, mi hermano siguió:

—Así, en los hipocorísticos del ruso, a veces aparece la k, como en Marushka de Maria. —Queriendo sacarle el hipocorístico a la chica, continuó—: A ver, por ejemplo, ¿tú cómo te llamas?

—Mónica —respondió la chica que, aunque algo intimidada, en el fondo sentía algo de curiosidad.

Phonto(46)Como lo que procedía según lo explicado era algo así como Monicaca o quizás Monishka, lo cual tampoco sonaba del todo bien, mi hermano enmudeció, mostrando la confusión y el turbamiento precisos para que la chica hiciera un ruidito de desaprobación, pusiera cara de «otro chico que me la quiere colar», cogiera su agüita con naranja y se fuera, sin dejar tiempo a mi hermano de explicar que otro diminutivo en ruso es Katiuska (de Katia), el cual dio nombre a las botas de agua a raíz de una zarzuela o, mejor dicho, opereta de Sorozábal donde la protagonista, Katiuska, llevaba este tipo de botas (como lo de la rebeca con la peli de Hitchcock o la pamela de la novela de Samuel Richardson).

Cuando cuenta este percance, mi hermano dice que lo que falló en esta ocasión fue haber usado la palabra hipocorístico:

—Seguro que a la chica la palabra le sonó pedante, con lo bonita que es, que se aplica a los nombres cariñosos o familiares, tipo Concha (de Concepción) o Paco (de Francisco) y quiere decir algo así como ‘palabras que acarician’.

Superromántico, vamos. No me cabe la menor duda de que, si la chica llega a haber sabido esta información, habría captado la indirecta, cayendo rendida ante las tentativas acariciantes de mi hermano.

Pero bueno, como en la vida todo es cuestión de acabar encajando con alguien y como muchas otras veces le han funcionado estas prácticas, mi hermano nunca se da por cachiporra o por vencido y eso hace que siempre se pueda disfrutar de sus locas y chascarrilleras peripecias.

Además, como más adelante contaré, mi hermano cuenta con todo tipo de tácticas y estrategias para que la cosa no falle, como la célebre e hipocorística «táctica de la mano», 60px-Proto-semiticK-01.svgque tanto juego le da. En la escena aquí contada, no tuvo tiempo de coger de la mano a Monicaca y se le escapó, pero ya veremos otros lances en los que estuvo más rápido con la mano y menos torpe con la letra K, cuyo origen, curiosamente, es un símbolo semita que representaba una mano abierta.

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