Adelanto de la Segunda parte

Aquí tenéis el pdf con el adelanto (erratas y partes sin supervisar incluidas) de la Segunda parte entera, para los que no podáis esperar hasta septiembre para seguir conociendo las aventuras de mi hermano:

SEGUNDA PARTE

¡Que disfrutéis!

Y para los que aún no habéis empezado a leer, aquí tenéis el Prólogo, la Primera parte y la Segunda, todo en uno:

PRÓLOGO + PRIMERA PARTE + SEGUNDA PARTE

Si alguien quiere recibir alguna parte más, puede escribir un mensaje privado a la cuenta de Twitter: @ahoranoblog

Incepta est fabula

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Y es que en uno de esos viajes —y creedme que con esto llegamos, por fin, al origen de la aventura— en los que alternaban las anécdotas de la naturaleza con la caza de curiosidades lingüísticas, mi hermano y Quero escucharon una secreta conversación entre dos misteriosos hombres que se tapaban las bocas con los cuellos o, mejor, solapas de las gabardinas que llevaban a pesar de que era junio (y de que no hacía tanto frío como este año), fieles a su condición de hombres misteriosos. Como mi hermano y Quero ya estaban entrenados para escuchar hasta el bostezo de una mosca, igual que los ninjas pueden oír los latidos del corazón, para ellos la conversación sonó alta y clara.

Uno de los hombres decía:

—¿Y cuánto ganamos con esto?

El otro respondía:

—La gente pagaría millones por conocer el origen del lenguaje y mucho más pagarán los que quieran seguir escondiéndolo en secreto y que no salga a la luz.

—Entonces tenemos que darnos prisa. Según el informe, esta noche tenemos que ir al Seminario de los Caballeros en la puerta inclinada con la cruz, ¿verdad? Seguro que es allí donde se encuentra el Manuscrito del Conde Ensortijado, ¿no?

—Sí, allí es.

—A las diez estaremos allí; una vez que se haya hecho de noche. —En aquellos días aún se hacía de noche a las 10, no como ocurre ahora que anochece a las 11 o más tarde, algo que, como se encarga de repetir mi hermano en una de sus teorías, se debe a que este año se han equivocado con el cambio de hora.

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Al oír todo esto mi hermano, que había estado observando a los hombres engabardinados (como los langostinos) con la atención y posición de un perrillo de las praderas, le dijo a Quero en la voz más baja que le permitió la exaltación para que no le oyeran aquellos hombres:

¡El origen del lenguaje! ¿Tú sabes lo que eso supone? Sería un descubrimiento magnífico. El origen del lenguaje es un misterio. Por mucho que digan que el ser humano tiene unas condiciones que favorecieron la capacidad del lenguaje, es difícil saber qué chispa hizo que empezara. Su descubrimiento tendría un valor incalculable.

Y Quero contestaba también entre susurros:

—Me lo puedo imaginar. He creído oír que valdría millones.

—Bueno, el dinero es lo de menos, lo importante es el valor cultural. Puede desvelar el origen del hombre y contestarnos muchas preguntas sobre el porqué de la vida, sobre quiénes somos. ¡Tenemos que encontrar ese Seminario de los Caballeros antes que estos hombres! Dan la sensación de ser unos malhechores que solo buscan enriquecerse. Nosotros le daremos el uso adecuado.

Cuando se bajaron los hombres del metro mi hermano estaba en éxtasis, hablando sin parar de todo lo escuchado, sin olvidarse, eso sí, de hablar bajo para que nadie más se enterara de la existencia de aquel Manuscrito del Conde Ensortijado.

Es cierto que aquella emoción habría sido comprensible, pero solo en caso de que hubiera sido real lo que habían escuchado. Y es que, como en verdad no eran ninjas, puede que escucharan mal y que el sitio no fuera el Seminario de los Caballeros. Yo me he limitado a transcribir la conversación a través de los oídos de mi hermano. De hecho, seguro que a los oídos de Quero llegó otra información, pero mi hermano estaba tan entusiasmado con que ese era el sitio que nadie le habría podido sacar la idea de la cabeza. Yo creo que a ello contribuía que le encantaba la sonoridad del nombre de Seminario de Caballeros. Puede que dijeran «Herbolario de Panaderos», pero ese no era nombre digno de albergar el Manuscrito que contenía la historia del origen lenguaje.

También puede que el nombre del Manuscrito no fuera «Manuscrito del Conde Ensortijado», pero es que ese nombre sonaba majestuoso. Sonaba como el de un secreto códice perteneciente a un conde opulento; claro que esto se debía probablemente a que mi hermano creía que ensortijado significa ‘lleno de sortijas’. Lo que sí es seguro es que aquellos hombres de verdad hablaban de un Manuscrito donde se explicaba el origen del lenguaje. princejohn

En cualquier caso, para mi hermano el saber de dónde viene el lenguaje, sobre lo que tanto ha pensado, es algo soñado desde niño. El lenguaje para él es la esencia del ser humano y saber su origen es conocer la manera en la que dejamos de lado al resto de las especies, es entender el aliento divino que nos dio el privilegio de las lenguas.

Tanta era, pues, la emoción que se acumulaba en su pecho, que no se paró a pensar en nada. Ni en que aquellos hombres podían ser de verdad unos peligrosos malhechores, ni en que podía haber escuchado mal, ni en que aquellos hombres podían a su vez haber quedado con gente peligrosa en aquel sitio, ni siquiera pensó en que la puerta a la que se habían referido podía estar cerrada cuando llegaran. A las nueve y media, antes que aquellos hombres llegaran, tenían que estar allí.

Incepta erat fabula. La aventura daba comienzo.

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Los lingüistas somos gente honrada

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De vez en cuando, y con esto nos vamos acercando a la ya varias veces anunciada aventura, mi hermano sale a dar una vuelta con un amigo al que, sin ser filólogo como él, también le encantan la lengua y sus curiosidades. Se llama Queremón (nombre que curiosamente comparte con un gramático estoico) y es a quien me he referido antes como Quero, que es el hipocorístico con el que le llamamos. Quero es el perfecto complemento de mi hermano porque le interesa mucho la gramática. Aunque de lo que de verdad sabe mucho es de curiosidades de la naturaleza, es decir, de animales, plantas, minerales, dinosaurios, elementos químicos y demás. Baste decir que uno de sus autores favoritos es Asimov. Quero acabó estudiando Derecho, después de dejar Biología en cuarto, desilusionado porque, como les pasa a muchos (incluso a mi hermano con Filología), la Universidad no es ni mucho menos lo que uno espera cuando decide estudiar lo que de verdad le gusta sin tener en cuenta las posibles salidas.

Mi hermano siempre se queja de que no hay derecho a que le preguntaran en un examen de Literatura de la Universidad por el nombre de la madre del protagonista del libro que se tenían que leer (en el colegio todavía, pero en la Universidad no), o a que le pusieran peor nota por haberse leído varias versiones de la historia de Prometeo y confundirlas, cuando para el examen solo le exigían leerse la de Esquilo; o —y esto es lo que más le molesta— a que le preguntaran por la biografía de una poetisa de la Generación del 27, en vez de preguntarle por alguna cuestión poética de las que le extasiaban por aquella época.

En este último caso lo que más le molesta es que le suspendieran la asignatura de Poesía del siglo XX. A él que se considera un gran poeta, a él que nació el día después de que muriera Vicente Aleixandre y del que, por tanto, (aunque no le gusta demasiado) se considera la reencarnación; a él que nació el día de san Juan de la Cruz, que es el día de los poetas; a él que, según dice, es poeta de más altura que el mismo Keats, pues si Keats medía exactamente cinco pies, mi hermano descubrió un día, al medirse en Nueva Isla, que mide exactamente seis pies, es decir unos 1,8235 metros (viendo lo cual, por cierto, empezó a considerar que es un estándar de la naturaleza y que tienen que llevarle a París para ponerle al lado de la barra de iridio y platino que sirve como patrón de medida del metro).

Pero, claro, como todo lo malo le tiene que servir a mi hermano para algo, este suspenso reafirmó su idea antes mencionada de que, como al licenciado Vidriera, y como le pasaba a Gandhi con el cristianismo, a él le gusta la poesía, pero no le gustan los poetas. Los días que sale el tema de su suspenso, después de lamentarse amargamente, se contenta diciendo que no pasa nada por que le suspendieran la asignatura de poesía del siglo XX, puesto que, claro, al fin y al cabo, él es un poeta del siglo XXI.

Pero, a lo que íbamos. El caso es que Quero y mi hermano se van de vez en cuando a correr juergas y andanzas lingüísticas, es decir, parten en busca de curiosidades que salen de las bocas de las gentes al hablar, no satisfechos (de satis que significa ‘bastante’ en latín) con lo mucho y muy sustancioso que se escucha en la televisión o en la radio o con lo mal que se escribe ahora en los periódicos. Estas correrías suelen tener lugar en los vagones del metro o por las calles del centro de Almagriz. Generalmente mi hermano es el que toma la palabra.

Así, uno de esos días mi hermano le iba diciendo en el metro a Quero:

Escribir bien y hablar bien es de gente buena. Porque el que es cuidadoso con el lenguaje y con las palabras que emplea es cuidadoso en todo lo demás. El que respeta las normas lingüísticas y, más aún, el que las respeta y las entiende, también respeta y entiende las normas cívicas, y esto le da un poder crítico para distinguir cuándo una norma es justa o injusta. Y el que siente curiosidad por el lenguaje es curioso en todo y el que es curioso no puede hacer mal porque el curioso tiende a dejar que las cosas ocurran en su forma natural para analizarlas. Otra cosa es que a veces sienta la necesidad de intervenir para corregir a los que utilizan mal una lengua y explicarles cómo se debe usar, para así brindarles la oportunidad de ser cuidadosos también.

Quero asentía porque estaba completamente de acuerdo. Mi hermano proseguía:

—Y además de escribir y hablar correctamente es preciso tener un extenso vocabulario para así poder reproducir de la manera más fiel posible los pensamientos de uno, pues no hay sentimiento más hermoso que el ver los pensamientos plasmados en algo físico como son la voz o la escritura. Significa capturar algo etéreo y demostrarnos a nosotros mismos que es real. De esa manera es fácil conquistar a las personas. Es como si les transmitiéramos el pensamiento por telepatía. Cuando la forma de expresarnos no refleja minuciosamente lo que pensamos, entonces otros podrán entender con razón algo distinto de lo que queremos manifestar. Se podría decir que les estamos engañando. Así que el buen uso de una lengua es esencial para nuestra relación con los otros y, por tanto, es deber y reflejo de la buena persona hablar y escribir bien porque esto significa que desea relacionarse de la mejor manera posible con los demás.

En ese momento justo llegaron a la estación de Quevedo.

respeta las normas

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No es literatura para viejos

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Sumergido entre tanto libro, mi hermano un día saltó al leer un artículo sobre la llamada alta literatura en una revista:

—¿Pero por qué tiene que ser alta literatura lo que ellos digan? ¿Por qué es menos literatura la que se centra en el contenido y en el argumento que la que se centra en la forma? Yo entiendo que haya gente a la que le guste una novela por la forma en la que está escrita o el estilo y no por el argumento. ¿Por qué ellos no pueden entender que a mí me guste otro aspecto de la literatura? «A los que nos gusta leer», dicen. ¿Qué pasa, que los que se leen El código Da Vinci o algún libro de Santiago Posteguillo no se lo pasan bien leyendo? ¿Qué pasa, que esa literatura no es buena porque lo dice todo de manera directa, rápida y entretenida? No hay derecho a que la gente que se inventa lo que es la literatura, porque así lo es para ellos, impongan los criterios para valorar una obra. Como si la literatura fuera suya. Pues a mí me gusta también leer obras que se centran en el argumento y no tengo por qué criticar a los que disfrutan con la forma y el estilo.

»Además, ¡qué narices!, a mí también me gusta leer poesía. ¿Soy por ello mejor lector que el que se lee un best seller? ¿Me gusta más leer? ¿Por qué tiene que haber alta y baja literatura? ¿Por qué no se puede hablar de distintos criterios a la hora de valorar una obra? Ya estoy harto de la gente que, no estando conforme con lo que hace, se dedica a menospreciar lo que hacen otros para así sentirse superiores. ¿Por qué alta literatura? ¿Porque es demasiado elevada para los que no disfrutan de la lectura? ¿Es inaccesible para ellos? ¿Por qué no se lo pasa bien cada uno como quiera y deja a los demás en paz?

»Y luego se quejan de que la juventud actual no lee. ¿No lee o no lee lo que ellos quieren? Claro, como a la juventud siempre se la considera idiota… ¡Qué buena manera de hacer que la humanidad avance!

Dicho esto, mi hermano se serenó y en un acto de rebeldía se puso a leer la Wikipedia.2015-05-12 12.28.34

Como en cualquier arrebato, mi hermano, por arremeter contra determinado tipo de personas, la tomó con aquello que defienden, sin ser del todo consecuente con lo que él siente al respecto.

En cualquier caso, a raíz de este disgusto, quizás para vengarse, empezó un blog en el que pone nota a películas y libros que va viendo y leyendo. En el ranking llama la atención ver que novelas clásicas muy valoradas por los críticos como La busca de Baroja, La colmena de Cela o La saga/fuga de J. B. de Torrente Ballester y películas de Hitchcock, de Woody Allen y de Almodóvar están en una posición más baja que libros como El código Da Vinci y Africanus o películas como Ahora me ves, comedias del tipo de American Pie y Dos tontos muy tontos y películas de acción tipo La Roca o Kick-Ass. Y a él le encanta que así sea.

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