¡¿Jaguares en África?! o Cosas que no sabe mi hermanóptero

22

Pero no siempre era mi hermano el que daba lecciones a Quero. Ya he dicho que Quero era el experto en animales y naturaleza en general del dúo. Tanto le apasionaban los animales que casi le da un pipirlitaque, pipirindengue o tantarantán, es decir, un patatús, un día en que mi hermano hablaba de pingüinos y osos polares en el Polo Norte:

—¡¿Cómo?! ¡¿Pingüinos en el Polo Norte?!

—Sí, ¿no?

—No, solo hay pingüinos en el Polo Sur. Y los osos polares solo en el Polo Norte.PINGÜINOS

—Pero, entonces, ¿en Chilly Willy?

—Eso está mal. Lo que pasa es que en muchos libros, sobre todo en los de los niños, cuando hablan de los polos ponen juntos a pingüinos y osos polares y eso crea confusión. Como mucho en el Polo Norte hay alcas, que son parecidas a los pingüinos, pero de distinta especie.

No tan grave fue lo de otro día cuando llegaron a la situación —a saber de qué andarían hablando— en la que mi hermano decía algo de que en África un jaguar había hecho no sé qué, a lo que Quero saltó ofuscado:

¡¿Jaguares en África?!

Mi hermano le miró con sorpresa y dijo:

—¿Es que no hay jaguares en África?

—¡Por Dios! Solo hay jaguares en Sudamérica.

Y lo mismo con los lémures, que solo viven en Madagascar.

Otro disgusto más se llevó Quero el día que descubrió que mi hermano creía que una pantera era una especie distinta al leopardo, al puma o al guepardo:

—¡¿Cómo?! Pero si panteras son todos.

—¿Perdón?

Panthera es el nombre del género al que pertenecen leopardos, guepardos, pumas, jaguares e, incluso, tigres. Como sabrás —y esto lo decía en el tono perfecto para picar a mi hermano— pantera viene del griego pan, que significa ‘todo’, y tera, que significa ‘fiera’ o ‘animal salvaje’.

—Pues lo de pan, lógicamente sí lo sabía; sale en miles de palabras —y no perdió ocasión de decir algunas—: panteísmo, panhispánico, pandemia

—Ya, pero lo de fiera no lo sabías.

—Pues igual sí, nunca lo había pensado.

—Vamos, que no lo sabías. Igual creías que era como los teras de los discos duros.

—Hombre, pues tampoco eso…, aunque, ahora que lo dices, cuando me estudié todos los prefijos de medidas, peta, pico, yotta, femto, atto, zepto —parecía que jugaba a pinto pinto gorgorito— creo que tera se usaba porque significaba monstruo.

—Pues, mira, podría tener que ver, pero, a lo que íbamos; el caso es que panteras son todos en el sentido de que pertenecen a esta especie, pero no sé por qué, en español se usa pantera solo cuando estos animales sufren melanismo y son, por tanto, negros…

—De color —bromeó mi hermano, reservándose la oportunidad de relacionar melanismo con melancolía, ambos derivados de melan, que significa ‘negro’, para otra ocasión.

—Sí, de color negro —sentenció Quero y aclaró—: Así Bagheera en el Libro de la selva será un leopardo negro o algo así.

—Me lo apunto —concluyó mi hermano, en quien la curiosidad había eclipsado el disgusto de no haber sabido lo de fiera.

Otro día Quero le dijo que acababa de descubrir en un libro de Asimov que quiro significa ‘mano’ en griego y que por eso los murciélagos son quirópteros, porque tienen alas (ptero es ‘ala’) en las manos.

—Sí —dijo mi hermano, que lo sabía desde hacía tiempo, aprovechando para vengarse por lo de tera—, y quiromancia es adivinación por medio de las manos y quiropráctico el que cura con las manos, y creo que había un personaje mitológico que era el Hecatonquiros o Hecatonquirón, o algo así y era que tenía cien manos.

(Según esto, yo añado que la táctica de la mano sería la quirotáctica, y que menos mal que mi hermano no era un Hecatónquiros, porque, si no, ¡pobres mujeres!, agarradas por las cien manos de mi hermano.)

Para demostrar que algo sabía de animales, mi hermano aprovechó para traer a colación algo que se había estudiado no hacía mucho:

—Por cierto, sobre lo de pteros, estuve mirando hace no mucho todos los pteros que hay.

—Ja, ja. ¿Los pteros? Hay homos, heteros y pteros.

—No, digo los animales que en su nombre tienen ptero. abeja

—Ya lo había supuesto, hombre.

—Recuerdo que estaban los dípteros, que eran las moscas, ¿no?, porque tienen dos alas.

—Sí.

—Y los himenópteros son avispas y abejas y es como que tienen las alas con membrana, como el himen, je, je. —Aquí mi hermano demostró que, como bien dijo en un poema, ha tardado más en madurar.

—Correcto. ¿Y qué más, a ver?

—Los coleópteros son los escarabajos, porque tienen las alas duras. Los hemípteros es que tienen las alas partidas a la mitad y creo que eran las mariquitas.

—¡No, hombre! Las mariquitas son también coleópteros.

Homópteros, je, je.

—Je, je. Pues precisamente los homópteros eran un antiguo orden que incluía a los hemípteros, que son las chinches y las cigarras.

—Ah. Es que es un lío; como no siguen un criterio único, de número de alas o forma o material.

—Ya.

—Luego recuerdo que estaban los ortópteros, pero no tengo ni idea de cuáles eran, aunque tienen que tener las alas rectas o algo así, igual que la ortografía —aprovechaba para tirar para casa— es la recta escritura.

—Pues ahora que lo dices no me acuerdo, creo que los saltamontes son ortópteros.

—Y luego están los helicópteros, con alas como hélices, je, je, y los pterodáctilos, con alas en vez de dedos.

—Ja, ja. Sí. Pero se te han olvidado unos imprescindibles: ¡los lepidópteros!

—Ay, ¡es verdad! ¡Las mariposas! ¿Qué era lepido-?

—Creo que era que tienen escamas.

—Ni idea.

—Y luego está el solptero que eres tú.

—Jou, jou.

Y así se divertían.

Capítulo siguiente    Capítulo anterior

Índice

Anuncios

Monicaca y su agüita o el peligro de los hipocorísticos con K

4

En una discoteca es mucho más fácil ligar si te preparas el terreno. Eso es lo que hace mi hermano. No es que se estudie en casa fun facts o datos curiosos ex profeso para ligar, pero uno de los motivos por los que le gusta saber cosas es, precisamente, para luego soltárselas a las chicas y conquistarlas.

pollo capón 2
El pollo capón

Y es que una discoteca está llena de objetos fascinantes, o mejor dicho (que eso suena algo mal), de objetos de los que se pueden contar historias fascinantes, con las que se podría impresionar a cualquiera. Una mina, por ejemplo, es el origen de los nombres de las bebidas y de los nombres de las marcas de las bebidas.

Pero, claro, no basta con saber estas historias; también es necesario saber cuándo contar qué historia y tener un poco de suerte.

Un día mi hermano conoció a una chica pidiendo en una barra. Vio que la chica pedía un vodka con naranja y se lanzó:

—¿A que no sabes de dónde viene la palabra vodka?

La chica le miró con sorpresa y dijo:

—Pues no.

Cuando mi hermano habla con una chica extremadamente guapa, se hincha como un pollo capón, sacando pecho y echando para atrás los hombros, lo que hace que tenga menos éxito del debido (por la artificiosidad de la postura, ojo, que no por la falta de atractivo, gallardía y donaire). De esa guisa empezó a explicar:

—Pues tiene origen polaco. En lenguas como el polaco o el ruso, voda significa ‘agua’. Y con la k se hace el diminutivo. Por lo tanto, vodka es como ‘agüita’.

—¡Ah!… —la chica le miró con cara de haber roto un plato.

Impertérrito, mi hermano siguió:

—Así, en los hipocorísticos del ruso, a veces aparece la k, como en Marushka de Maria. —Queriendo sacarle el hipocorístico a la chica, continuó—: A ver, por ejemplo, ¿tú cómo te llamas?

—Mónica —respondió la chica que, aunque algo intimidada, en el fondo sentía algo de curiosidad.

Phonto(46)Como lo que procedía según lo explicado era algo así como Monicaca o quizás Monishka, lo cual tampoco sonaba del todo bien, mi hermano enmudeció, mostrando la confusión y el turbamiento precisos para que la chica hiciera un ruidito de desaprobación, pusiera cara de «otro chico que me la quiere colar», cogiera su agüita con naranja y se fuera, sin dejar tiempo a mi hermano de explicar que otro diminutivo en ruso es Katiuska (de Katia), el cual dio nombre a las botas de agua a raíz de una zarzuela o, mejor dicho, opereta de Sorozábal donde la protagonista, Katiuska, llevaba este tipo de botas (como lo de la rebeca con la peli de Hitchcock o la pamela de la novela de Samuel Richardson).

Cuando cuenta este percance, mi hermano dice que lo que falló en esta ocasión fue haber usado la palabra hipocorístico:

—Seguro que a la chica la palabra le sonó pedante, con lo bonita que es, que se aplica a los nombres cariñosos o familiares, tipo Concha (de Concepción) o Paco (de Francisco) y quiere decir algo así como ‘palabras que acarician’.

Superromántico, vamos. No me cabe la menor duda de que, si la chica llega a haber sabido esta información, habría captado la indirecta, cayendo rendida ante las tentativas acariciantes de mi hermano.

Pero bueno, como en la vida todo es cuestión de acabar encajando con alguien y como muchas otras veces le han funcionado estas prácticas, mi hermano nunca se da por cachiporra o por vencido y eso hace que siempre se pueda disfrutar de sus locas y chascarrilleras peripecias.

Además, como más adelante contaré, mi hermano cuenta con todo tipo de tácticas y estrategias para que la cosa no falle, como la célebre e hipocorística «táctica de la mano», 60px-Proto-semiticK-01.svgque tanto juego le da. En la escena aquí contada, no tuvo tiempo de coger de la mano a Monicaca y se le escapó, pero ya veremos otros lances en los que estuvo más rápido con la mano y menos torpe con la letra K, cuyo origen, curiosamente, es un símbolo semita que representaba una mano abierta.

Capítulo siguiente     Capítulo anterior

Índice