No era yo, no era yo; era yo

7

Una de esas tardes, como era tradición todos los años, mi hermano quedó con Cami 1. Cami 1 es una chica de Mirtea —y por eso a veces la llamaba mi hermano «mi novia de Mirtea»— con la que conectó desde que se conocieron o, mejor dicho, desde que se re-conocieron un día en el malecón de Roldana, porque conocerse ya se conocían desde hacía tiempo, lo que pasa es que ambos tenían pareja entonces. De hecho nuestros abuelos conocen a los suyos.

Bueno, pues, desde que se re-conocieron, ya habían pasado algunos años. Para que la situéis, Cami 1, por ejemplo, acompañó a mi hermano al concierto de Juan Magán del que he hablado antes. El acompañar a mi hermano al concierto y otras cosas hicieron que Cami 1 adelantara a Cami 2 en el ranking de Camilas de mi hermano, historia que contaré apropiadamente en algún momento, quizás ya en una segunda parte.

Esa tarde fueron a las terracitas del puerto y se sentó mi hermano primero y ella después justo en la silla de su lado, en vez de en la de enfrente. Mi hermano le dijo lo que siempre le dice a la persona que se le sienta así cuando son dos —después de dejar el chicle en la servilleta de papel, claro—:

—Ja, ja. Te me has sentado como una novia pesada.

Ella dudó, se ruborizó un poco y le preguntó si quería que se cambiara, pero él dijo que no pasaba nada, que era una tontería.

Empezaba fuerte mi hermano en la conversación, en plan seductor, pero pronto caería con todo el equipo porque hablando de una cosa y otra resultó que Cami 1 se había echado novio. Una menos.

Esa misma noche fueron todos a Pequod, la discoteca alternativa a Valhalla. Esta vez, Chindas también conducía, y tocaba sacar el coche de mi hermano. Ese día estaban casi todos. También estaban Pichuki, Cami 2, Lupita y algunos más que ya habían llegado para la temporada de verano en Roldana, como Pitu.

A mitad de la noche mi hermano, después de haber estado preguntando en compañía de Chindas y Quero a las chicas que qué libro se estaban leyendo, recibiendo respuestas desastrosas, se encontró a una chica con la que flirteaba todos los veranos y con la que se vio alguna vez en Almagriz y con la que hace algunos años habría empezado algo, si no hubiera sido porque mi hermano estaba entretenido en aquella época con otras y la perdió, y eso que esta chica, que se llamaba Coral, le encantaba. Él decía que estaba seguro de que la había perdido porque ella o algún amigo suyo le había pillado un día que en una discoteca en Almagriz se subió a una tarima bailando cariñosamente con una chica, bueno, con Adri, a la que no veía desde hacía mucho, y que alguien les debió ver y decírselo a Coral.

La cosa es que en Almagriz no se veían mucho Coral y él. Solo alguna vez. Por ejemplo, fue graciosa una vez en la que se encontraron y no sé por qué mi hermano estaba molesto con ella —supongo que porque no le habría contestado a algún mensaje— y, en vez de darle dos besos, le dio la mano formalmente. En todo caso, todos los veranos les gustaba encontrarse en Roldana.

Esta vez no iba a ser menos y estuvieron hablando bastante tiempo. Después de un buen rato, Chindas les interrumpió un momento para decirle a mi hermano que se iban y, como llevaba el coche de mi hermano, le dijo que se fuera con ellos. Pero mi hermano, como siempre, quería quedarse y le dijo que no pasaba nada, que se llevaran su coche, que él luego volvería en taxi, porque veía que Coral estaba verdaderamente dispuesta a algo: ya estaban cogidos de la mano y todo y hasta Coral le había dicho que su reloj era muy bonito, y eso que se lo había comprado a un negro en la playa. Chindas dudó un poco, acordándose de lo que había pasado la última noche con lo de la súper y el autobús, pero al final, viendo que le dejaba bien acompañado se fue con el resto.

La cosa es que una vez solos, sentados en un apartado de la discoteca, mi hermano empezó con sus promesas de empezar algo juntos. Como siempre, mi hermano se creía sus propias mentiras, por lo que no eran mentiras, pero, además, creo que en este caso decía en serio lo de empezar algo juntos. Pero Coral empezó a decirle que aunque era el chico que más le había gustado nunca, no quería empezar nada con él porque era muy celosa y tenía miedo de defraudar a mi hermano y que se estropeara la relación tan bonita que tenían de verse y flirtear cada verano. Mi hermano dijo que no le importaba que fuera celosa, que él era la persona más fiel —que por eso no tenía novia je, je, pensó— y trató de hacer todos los trucos posibles para desviarla de aquellos pensamientos. No lo consiguió y la chica se despidió de repente dejando a mi hermano con la miel en los labios y desolado.

Desolado como estaba salió fuera ya de la discoteca, pensando que encima se tenía que pelear ahora por un taxi y volver solo, cuando de repente se le iluminó la cara al ver a Pichuki y a Lupita, que seguían por allí. Se animó al verlas porque al menos no estaría solo y fue hacia ellas, pero ellas, entre que estaban celosas y enfadadas porque el coche de mi hermano se había ido dejándolas ahí, no dándose cuenta de que, aunque era el coche de mi hermano, mi hermano también se había quedado tirado, le miraron con odio y le dijeron:

¡¡¡Ahora no!!!

E, indignadas, se dieron la vuelta las dos a la vez y se alejaron.

Mi hermano se quedó sorprendido y apesadumbrado y le empezaron a brotar sentimientos de auténtica soledad. En esas estaba cuando de repente vio a una de las amigas de Pichuki y Lupita y, decidió vengarse, indicándole rápidamente dónde estaban Pichuki y Lupita, que estaban con otras dos amigas, Cami 2 entre ellas, para que no cupieran en un taxi con esta chica. Y así pasó, o sea que la venganza surtió efecto, pero al final un amigo de Cami 2, uno de los roldaneros que estaban en el veinticuatro la otra noche, que también andaba por allí, les llevó a todos, en su furgoneta, mi hermano incluido, a quien la venganza le había salido redonda, pero a quien ni Lupita ni Pichuki dirigían la palabra.

ahora no finalHay que decir que no era ni mucho menos la primera ni la última vez que Lupita y Pichuki se enfadaban con mi hermano, pero esta vez pareció la más grave. Siempre tenían rencillas entre ellos por ver quién ligaba más, por ejemplo. Por eso en el chat del WhatsApp que tenían los tres, llamado «los cukis», por la terminación de Jaimuki, Pichuki y Lupuki, el emoticono que más se usaba era el de la carita a la que le sale humo de la nariz. También salía mucho el del llamado «hierbamán». Hierbamán fue un personaje que se inventaron un día en unas copas, cuando estando en la terracita de una villa que habían alquilado mi hermano y los del Pinar, empezaron a oírse ruidos de hojas como si hubiera alguien o algo y empezaron a decirse entre ellos Lupita, Pichuki y mi hermano que había un monstruo con la piel de hierba y que era hierbamán y se empezaron a meter miedo.

Desde entonces, cuando alguno de los tres ligaba, se mandaban el emoticono de hierbamán, que en verdad era un sombrero con un lazo verde, pero en el que el lazo parecían unos ojos verdes y el sombrero la cabeza. Un hierbamán, por supuesto, siempre era contestado con una carita con humo saliendo por la nariz.

También se enfadaba mucho Pichuki cuando le recomendaba películas a mi hermano y mi hermano siempre las ponía fatal en su blog, criticándola a ella por habérselas recomendado. Cuando se enfadó de verdad Pichuki fue cuando mi hermano fue a ver una de las películas recomendadas con una pituki o nenúfar, como llamaban a las chicas en el grupo. Sin contar, claro, el día que Pichuki se enfadó de verdad por recibir un Fernando Alonso.

Pero, volviendo a la desolación de mi hermano, que en este caso me parece que es preocupante de verdad, es decir, que no es la típica penuria que le entra otras noches cuando no liga o no desayuna, cuando le hubieron dejado en la puerta de la casa de nuestro abuelo, se fue a por un pan pizza y, como era costumbre, se fue al malecón a pensar en sus cosas. Entonces se le juntó todo en la cabeza: la desazón de no haber descubierto el origen del lenguaje, el desastre de la súper, lo de Coral, lo de Cami 1 y el «Ahora no» de sus supuestas amigas. Empezó a darse cuenta de que ni siquiera con una chica a la que le gustaba, como Coral, y para la que era el hombre de su vida era capaz de empezar algo y cayó en la cuenta de que al final, con tanta tontería, se había quedado solo, que todos le habían dejado atrás, que aunque hablaba con muchas chicas, en el fondo, era él quien siempre llevaba el peso de las conversaciones, quien siempre animaba, el que siempre contaba alguna historia graciosa. Que en el fondo todas sus novias, la de Santaél y las demás, no eran más que figuras en las que volcar sus fantasías, personajes reales, pero moldeados por su imaginación, con los que nunca se decidía a dar el paso y con los que, cuando lo daba, era demasiado tarde, productos de su imaginación que, al final, no sabía ni si le gustaban de verdad.

Entonces, decidió que tenía que dejar de ser él quien mandaba siempre el primer mensaje y el que respondía más y se puso a recordar que las distintas chicas con las que tan buena relación tenía al final no suponían más que obstáculos que le habían hecho no ver más allá y encontrar una chica con la que de verdad pudiera estar a gusto.

Mi hermano comprendió que si no fuera por él ya no le escribirían y que dejar pasar el tiempo para que se pensaran que se había olvidado de ellas no era una táctica tan buena como él creía, que lo que en verdad sucedía es que ellas le olvidaban hasta que él volvía a escribir, a veces en las tardes de domingo, a veces los viernes al volver a casa de fiesta, cuando les mandaba un mensaje tonto o la foto de un reloj con la hora a la que se acostaba, y que entonces le recordaban y volvían a hablar con él, porque en el fondo mi hermano, con su frivolidad y sus historias raras era de los que siempre animan y con los que siempre se puede chatear un rato, pero nada más.

Luego se puso a pensar en antiguas novias y no se reconocía él en la persona que estuvo con ellas, en la persona que se centró en una y luchó por ella y se preguntaba cómo habría hecho para empezar con ellas; y entonces le venía a la mente el final de una de las poesías que escribió de pequeño: «No era yo, no era yo; era yo». Y efectivamente, aquel había sido él, aunque ahora no se reconociera y no se acordara de cómo era en aquella época. Era él y seguía siendo el mismo.

A diferencia de lo que le pasaba otras veces, este sentimiento le seguía durando a la mañana siguiente. Como ya me temía, no era solo un producto exagerado del alcohol. Siguió pensando que tras este nuevo revés en el amor —o como él decía, una nueva leche de las que da la vida— mi hermano comprendió que era lo suficientemente raro como para interesar y divertir a las chicas, pero demasiado como para gustarles. Como descubrió aquel día, lamentándose con Chindas que, como sabemos, en aquella época estaba en una situación parecida, es terrible pero el hecho de que una chica te rechace como novio no es simplemente que esa chica se esté haciendo la interesante, no, la cosa es que prefiere no estar contigo, no compartir la mayoría de los momentos de su vida contigo. Por el motivo que sea, la chica, antes que estar contigo, prefiere estar con otro, reservar esos momentos para otra persona o, peor aún, prefiere estar sola. Y siguiendo las normas de mi hermano, no se le puede rogar que prefiera estar con nosotros.

Entonces mi hermano empezaba a pensar que después de todo no se arrepentía de su comportamiento con las chicas, pero que notaba que mientras todos sus amigos, iban teniendo sus parejas, él, después de todo, se estaba quedando un poco atrás. Por suerte todavía le quedaba gente como Chindas o el recién vuelto al mercado Quero.

Pero, aunque este sentimiento de desolación le duró a mi hermano más que otras veces, enseguida se le pasó. Lo cierto es que este tipo de aflicción solo le aparece de vez en cuando, generalmente de 8 a 9 todos los días, lo cual según nuestra madre le pasa desde pequeño, o los domingos a cualquier hora. Hubo una época en la que le empezó a pasar los lunes. Ante esto él decía que es que se habían equivocado y habían puesto un año bisiesto cuando no debería haberlo sido y le habían trastocado su día triste.

Él dice que lo peor que se puede hacer cuando uno está triste es ponerse aún más triste al pensar que está triste, como culpándose. También encuentra consuelo en la frase que oyó un día en Tierra de penumbras, película sobre C.S. Lewis, que es el creador de Las crónicas de Narnia y amigo de Tolkien, donde el propio C.S. Lewis justifica el sufrimiento humano entendiendo que los seres humanos somos bloques de piedra que Dios con su cincel va moldeando. Cada golpe duele, pero nos hace más bellos y perfectos. Otra cita que le consoló de pequeño es la de Neruda «Estoy triste, pero siempre estoy triste» de Farewell, uno de sus primeros trabajos.

Yo, como le había visto tan triste, dije que era preocupante, pero, vamos, tan preocupante como puede ser un día de tristeza, y más en Roldana.

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Próxima parada: mi hermano. Tengan cuidado de no introducir el oído entre coche y él

21

Otro día de aventura underground —diría suburbana, pero mi hermano se enfadaría, como explico más abajo o yusoexplico— empezaron Quero y mi hermano a discurrir sobre lo que sonaba por megafonía al llegar a una parada en curva:

—¡Atención!: estación en curva. Al salir tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén.

Mi hermano por fin se manifestó abiertamente:

—Lo de para me suena fatal, pero no sé muy bien por qué. Yo diría «tengan cuidado de no introducir».cuidado de

—Sí —coincidía Quero—, a mí también me suena mejor con de.

—O si no —le cortaba mi hermano— me podría sonar bien «tengan cuidado, para así no introducir». Me parece que con el así se consigue que la oración de finalidad o propósito introducida por para se vea como más externa y no interna al predicado de tener cuidado. —Se quedaba pensando y seguía como si estuviera solo—. Sí, debe ser eso, porque uno no pregunta «¿Para qué tuve cuidado?», sino «¿De qué tuve cuidado?». Es parecido a lo de las causales externas o, mejor, de la enunciación, aunque creo que no es igual. Una causal puede modificar al verbo y entonces indica la causa por la que se lleva a cabo la acción, pero también puede modificar a otro elemento más externo y entonces se expresa la causa que ha llevado a uno a decir algo. Por ejemplo, si digo «Hace frío porque es invierno», porque introduce la razón por la que hace frío. Sin embargo, si digo «Seguramente hace frío, porque la gente va con abrigo» lo que introduce porque no es la causa por la que hace frío, sino la causa por la que yo pienso que hace frío: «Pienso que seguramente debe hacer frío porque la gente va con abrigo».

—Uf. Un poco chungo —decía Quero que ante estas cosas se quedaba patidifuso, si es que no desconectaba antes— pero sí, a mí me suena mejor con de.

Menos mal que en este caso nadie les oía, a pesar de que mi hermano elevaba la voz, como la elevan a veces las madres para que las oigan los dependientes de las tiendas, abochornando a sus hijos cuando van de compras con ellas

A todo esto, lo de suburbano no lo he usado antes, atendiendo a lo que un día mi hermano explicó a su público, empezando como tantas veces con su «Es error común», sobre por qué no se debe usar suburbano como sinónimo del metro o como algo relativo a este medio de transporte. Decía:

Es error común creer que suburbano es sinónimo de metro solo porque el metro vaya por debajo de la ciudad. No. El suburbano no es el tren que va por debajo de la urbe o ciudad, sino el tren relacionado con los suburbios. Suburbano viene de suburbio. El sub- de suburbio, pues, significa ‘debajo’ pero no en el sentido espacial, sino debajo en el sentido de por debajo en el nivel económico, por ejemplo. El suburbano es, por tanto, el tren que va a los suburbios y no el que va por debajo de las urbes. Es una mala interpretación de la formación de la palabra. La segmentación se hace mal: no es sub-urbano, lo que significaría que es algo relacionado con la urbe y que va por debajo, sino suburb-ano, lo que significa que es relativo al suburbio. Es decir, primero se forma el sustantivo suburbio y luego el adjetivo suburb-ano, y no al revés, no es urbano y a partir de ahí luego sub-urbano.

Asumiendo que era fácil entender su liosa explicación, todavía siguió:

—Algo parecido pasa con algunos casos del español que permiten lo que se llama una doble segmentación. Es difícil de ver, pero por ejemplo —y utilizaba el ejemplo de la Gramática de la VEI— karate kidcon inmovilizable puede quererse decir que algo no se puede movilizar o que algo se puede inmovilizar. Depende de si formamos primero movilizable y luego le añadimos in- o de si formamos inmovilizar y, a partir de ahí, inmovilizable. Por ejemplo, una montaña es inmovilizable en el primer sentido porque no se puede conseguir que se mueva, pero una mosca es inmovilizable en el segundo sentido porque se puede coger con unos palillos a lo Karate Kid y hacer que deje de moverse: puede hacerse inmóvil.

Su público en ese caso también debía pertenecer al segundo grupo, como las moscas, porque con esta explicación mi hermano los dejó a todos inmóviles. Y eso que se dejó en el tintero otros casos relacionados en cierta medida a estos como los de reanálisis o falsa segmentación del tipo de bikini y trikini, que veremos más adelante.

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