Los novios de Santaél, tonta ella y tonto él

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Ese día por la tarde quedó para tomar unas cañas y ver un partido de fútbol en el 383, el bar de siempre, con Quero, con el Galgo, con Charly, con Lucas, con Mufo y con los hermanos Raposo, Zazú y Mamut (llamado este último así porque en su momento estaba tan grande como un mamut y, aunque ahora ya no lo estaba, la gente no solo seguía llamándole así sino que también, como pasa siempre, le veían aún como si siguiera estando grande y hacían bromas al respecto). Todos ellos eran amigos nuestros de la infancia de Pinar de San Martín. Mi hermano sentía no poder contarles nada de lo del día anterior para guardar el secreto, pero por suerte siempre tenía alguna historia con la que interrumpir incluso el mejor partido, sobre todo, si estaba tan aburrido como este en concreto. Le dijo al Galgo:

—Adivina con quién me estoy escribiendo otra vez.

Y el Galgo dijo:

—No me digas que otra vez con tu novia de Santaél.

—Efectivamente —contestó mi hermano con la satisfacción propia del niño pequeño que llama la atención por haber hecho alguna travesura.

Y es que el Galgo había acabado un poco hasta las narices de la novia de Santaél. Bueno, el Galgo y más gente, hasta el punto de que incluso habían adaptado una rima para referirse a ellos: «Los novios de Santaél, tonta ella y tonto él».

Al ser mentada la novia de Santaél, los que no estaban tan al tanto de la historia pidieron que mi hermano contara entera la historia de esta novia, también llamada «la sordomuda». Mi hermano empezó a contarla. Aquí la resumiré tanto como pueda, pues no me olvido de que tenemos una aventura pendiente.

Como no podía ser de otra manera… perdón, cómo no (que a nuestra madre no le gusta lo de «como no podía ser de otra manera»), mi hermano conoció a su novia de Santaél en Roldana, o mejor dicho, en Monsácar, que es donde está realmente Valhalla, la discoteca antes mentada. Una noche, como otras noches en las que mi hermano y sus secuaces «entran a todas», queriendo esto decir que hablan con todas las chicas que pueden del local, se acercó mi hermano con Chindas, el cachas, a un grupo de chicas entre las que estaba una bella morena, además de la futura novia de Santaél. Una vez dentro del grupo, las chicas empezaron a vacilarles un poco. Ellos se miraron con cara de no saber lo que estaba pasando. Era una conversación de locos. En un momento de aquella loca conversación, su futura novia de Santaél tuvo la mala suerte de decir, con la voz muy afónica, que se llamaba Fulgencia. Digo que tuvo mala suerte porque la madre de unos amigos nuestros se llama también así, haciendo que mi hermano se interesara de verdad, dejando de lado el tonteo, y que le pidiera que le enseñara el DNI, por pura curiosidad onomástica, justo cuando ya iba a desistir de aquel grupo de chicas. Ella se lo enseñó y, lógicamente, era mentira, así que mi hermano en castigo se guardó el DNI en el bolsillo de atrás del pantalón. Ella protestó un poco, pero, entre el jueguecito que tenían y la conversación posterior, se les acabó olvidando a los dos. Después se separaron durante unas horas por la discoteca, una vez que mi hermano le hubo hecho el infalible truco de insistir en dejarla estar con sus amigas, prometiéndole que más tarde se verían. Y así ocurrió hasta que en determinado momento, mientras mi hermano estaba pidiendo una copa, notó unos golpes por detrás y apareció esta chica con cara de pánico acompañada de una amiga bastante alta, a modo de guardaespaldas. Solo habló la amiga guardaespaldas y le dijo a mi hermano que por favor le devolviera el DNI. Mi hermano no caía al principio, pero de repente se acordó de que lo llevaba en el bolsillo y, como vio la cara de terror en su futura novia de Santaél y la cara de enfado en la guardaespaldas de esta, pidió disculpas vehementes y dijo que es que se le había olvidado, que no se pensaran que lo había robado, que él era muy bueno. Como mi hermano es un maestro en poner cara de bueno, al final todo quedó en nada y hasta se dieron el número de teléfono.

Al día siguiente, habló mucho por WhatsApp con la chica; más de lo que esperaba. Con ella inventó la «táctica de los dos minutos» y parece ser que le funcionó desde que empezó. La táctica de los dos minutos consiste en dejar que pasen dos minutos cada vez que una chica responde algo, sobre todo si es un mensaje juguetón. De esta manera se consigue que la chica se preocupe pensando que ha metido la mata o se impaciente y diga cosas que no habría dicho si se le hubiera interrumpido con una pronta respuesta. Mi hermano ya lo había empezado a hacer ese verano, dejando algunos segundos de silencio cuando alguien le hablaba, cosa que hasta entonces nunca hacía. Con esta chica le dio muy buen resultado y, en general, con otras suele conseguir una información muy valiosa.

Tanto hablaron durante esos días que mi hermano pensó que le gustaba a la chica, como le pasó aquella vez con su novia de Terranaba. Por eso se extrañó cuando se la encontró otro día en la discoteca y ella, alegando que estaba afónica, le indicó por gestos que no podía hablar. Mi hermano se quedó un poco chafado, pero al día siguiente la chica le volvió a escribir bastante. Como era el último día que la chica iba a estar por Roldana, mi hermano le preguntó si quería que cenaran juntos. Su respuesta fue confusa, como la conversación del primer día, y al final no quedaron.

Al día siguiente ella se fue de vuelta a su tierra. Allí, en Santaél, volvió a escribirle mucho y, no solo eso, sino que empezó a enviarle muchas fotos suyas, de cuando iba con su madre a un concierto de Julio Iglesias, de cuando estaba en la piscina, de cuando estaba estudiando, y también fotos de su madre, de sus primos, de su perrito. También se contaron cosas íntimas y se hablaban de sus problemas.

En vista de esto, mi hermano la empezó a llamar su novia de Santaél, porque hablaba con ella como si fuera su novia, a pesar de que ni siquiera le había hecho la táctica de la mano y, por supuesto, a pesar de que la loca conversación inicial con su grupo de amigas no le había permitido preguntarle lo de septentrional, aunque tampoco recuerdo muy bien si en esa época ya lo hacía mi hermano.

Pasado un año en el que no había tramo de más de quince días en el que no se hablaran, decidieron verse otra vez en Roldana en verano. Mi hermano convenció al Galgo, que también iba de vez en cuando a Roldana, para que le acompañara unos días antes de que fueran los demás y así poder coincidir con su novia de Santaél más días.

Esto hicieron y el primer día que coincidieron fue en la playa. Hay que reconocer que mi hermano estaba bastante ilusionado. Cuando se acercó al grupo de su novia de Santaél en la playa, la saludó, pero ella no habló, tomando en su lugar la palabra la guardaespaldas del año anterior, que empezó a hablar en su nombre. Mi hermano consideró que posiblemente le había dado vergüenza a su novia de Santaél. No pasaba nada porque luego, según había quedado con la portavoz, se iban a ver en la discoteca. Pensó que no había problema porque en el fragor y bullicio de la noche no habría lugar para la vergüenza.

Sin embargo, cuando se encontraron en la discoteca por la noche y empezó a hablar con ella, ella solo contestaba con síes a todo, a pesar de que él le preguntara por ejemplo que dónde había cenado esa noche con sus amigas:

—¿Dónde habéis cenado hoy?

—Sí, sí.

Mi hermano no daba crédito y menos cuando al volver a casa empezó ella a escribirle otra vez. No tuvo mucho tiempo para darle vueltas a lo acontecido porque se durmió rápido, como es usual después de haber estado de fiesta. Desafortunadamente, también es usual, no obstante, en Roldana el síndrome de las 12, es decir, el hecho de que a las 12 uno siempre se despierta sin importar a la hora a la que se haya dormido. Víctima de este síndrome mi hermano se despertó a esa hora y entonces sí que tuvo tiempo de pensar con algo más de lucidez sobre lo que había pasado.

Fue la lucidez lo que le hizo resolver el misterio de su novia de Santaél. Empezó a poner todas las piezas en orden. La chica solo le hablaba por WhatsApp, pero nunca bien en persona y la única vez que se habían visto durante el día había hablado la guardaespaldas portavoz o la portavoz guardaespaldas. Eso le llevó a pensar primero que cuando le dieron el número de móvil en verdad le habían dado el de la guardaespaldas y que había estado todo el año chateando en verdad con ella y no con su novia de Santaél; que al principio empezaron gastándole una broma y que luego la bromita se les había ido de las manos. Pero enseguida descartó esa posibilidad porque no podía ser que la guardaespaldas le hubiera mandado tantas fotos de su novia de Santaél. Sería muy raro y una broma demasiado larga. Entonces le vino a la cabeza otra idea, que fue como la respuesta a un jeroglífico en la que todo encaja. Si su novia de Santaél solo hablaba con él por WhatsApp y cuando se la encontraba o no podía hablar porque estaba afónica y hablaba otra chica por ella o respondía todas las preguntas con raros síes, la única posibilidad es que su novia de Santaél fuera… ¡sordomuda! Todo cuadraba. Se lo contó esa misma mañana al Galgo y, aunque al principio este se rió y dijo que ya estaba mi hermano con cosas raras, empezó a pensar que era verdad, que todo cuadraba.

Tan convencidos estaban, olvidando que la primera noche sí que habló, que, cuando esa noche coincidieron con el grupo de esta chica, mi hermano, al ver que esta volvía a no hablarle, decidió preguntarle a la portavoz. Como le parecía un poco fuerte preguntar si la chica era sordomuda, preguntó eufemísticamente si la chica tenía problemas de audición. La guardaespaldas portavoz soltó una carcajada y dijo que no, que lo único que pasaba es que estaba un poco loquita (como la de la canción de Marama o Márama, el otro grupo del cantante de Rombai o Rombái).

Aquella fue la última vez que mi hermano vio a su novia de Santaél a pesar de que aún hoy sigue hablando con ella. Si no fuera porque ella le ha mandado vídeos en los que sale hablando y porque un día sorprendentemente ella llamó a mi hermano para darle las gracias por haberla felicitado por su cumpleaños, mi hermano aún creería que es sordomuda, si es que la que llamó fue ella.

Las excusas que puso ella para explicar su comportamiento fueron que el primer año mi hermano le daba un poco de miedo porque parecía un poco loco, por lo del DNI y por las extrañas cosas que hacía en la discoteca y que el segundo había ido su ex novio con el que medio había vuelto y que no quería que le pillara hablando con mi hermano. Pero el día que le llamó para agradecerle la felicitación, entre otras cosas le dijo que ya se le había pasado el miedo, que se había dado cuenta de que mi hermano era un buen chico y que ya estaba preparada para que se vieran. Sin embargo, como digo, aún no se han visto ni mi hermano la ha oído hablar en persona.

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Muchos apellidos vascos o Casa con una puerta, mala es de cerrar

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Otro día, cuando el grupo de amigos partíamos rumbo a una discoteca después de haber estado tomando copas en casa del Galgo, que es un amigo de la infancia de Pinar de San Martín, un barrio al noreste de Almagriz, al salir de casa, el propio Galgo cerró la puerta dándose cuenta justo al hacerlo de que se había dejado las llaves dentro y, no solo las llaves, sino la cartera y al perro. Como no había nada que hacer en ese momento, puesto que eran las dos de la mañana, decidimos postergar el problema a la mañana, con la esperanza de que para entonces, a pesar de ser sábado, estuviera el portero, que tenía una copia de las llaves.

Esa noche en la discoteca, mi hermano, entre otras cosas, empezó a hablar con una vasca. Últimamente, después de haberlo dejado con una novia del País Vasco, con la que estuvo algún tiempo, le había dado por encontrarse con chicas de esta zona en las discotecas. Esto no era muy de su agrado porque decía que se desmoronaba o que se venía abajo por los recuerdos. Aun así, ya que estaba, aprovechaba para sacar su repertorio de palabras sueltas en vasco. Las palabras las sabía porque su exnovia —o ex novia, que en caso de que ella ahora sea novia de otro sigue siendo una novia y no una exnovia, aunque sí es ex novia de mi hermano (con el ex separado)— porque su ex novia, pues, se las había enseñado, o, más bien, MUCHOS APELLIDOSporque mi hermano se las había sacado a la fuerza, puesto que a ella no le gustaba hablar con él en vasco, por mucho que mi hermano se empeñara en aprender. Obviando la voluntad de su ex novia, mi hermano llegó a hacer algún cursillo de euskera por internet, gracias al cual consiguió decir hasta «Me duele la cabeza» en esa lengua. Pero no solo su ex novia sufrió lo aprendido en estos cursillos, también mi hermano tuvo a bien hacernos sufrir una buena temporada, dándonos la chapa con el origen de los apellidos vascos, mucho antes de que sacaran la película de Ocho apellidos vascos. Esto empezó una vez que hubo superado la época del noruego y del famoso «Hva heter du?» para ‘¿Cómo te llamas?’ y el «Kan du stave det?» para ‘¿Puedes deletrearlo?’, repertorio que, todo hay que decirlo, le sirvió por lo menos para flirtear con una sueca en Canarias. —El sueco es muy parecido al noruego—.

Mi hermano decía que para saber el significado de los apellidos vascos basta con saber el significado de algunas palabras clave. Por ejemplo, etxe, significa ‘casa’ y berri ‘nuevo’. etxebe del castilloPor tanto, el apellido Etxeberria significa ‘casa nueva’, con lo que es igual que (o un calco de) Casanova o Cánovas. También con etxe está sagaretxe, que es un restaurante de Almagriz. Sagar significa ‘manzana’, por lo que el significado literal es ‘casa de la manzana’, que es lo mismo que ‘sidrería’. Y luego logo-loreak-mendianGoikoetxtea es ‘casa de arriba’. Otra palabra clave es mendi, que significa ‘monte’. Aparece en Mendikoetxea, ‘casa del monte’ o en el apellido del jugador de fútbol Illarramendi, que significa ‘monte de guisantes’. También en la canción Ikusi mendizaleak que significa algo así como ‘mirad montañeros’, si no me equivoco, y también en la marca Loreak Mendian, que significa ‘flores (como en la película vasca) en el monte’ (de ahí el logo de la florecilla). Otra palabra curiosa es Haran, que es ‘valle’, por lo que mi hermano dice que el valle de Arán es un pleonasmo o tautopónimo, porque significaría ‘valle del valle’ igual que el puente de Alcántara es ‘puente del puente’ o el desierto del Sahara es ‘desierto del desierto’, porque Alcántara y Sahara significan ‘el puente’ y ‘el desierto’ en árabe. También los nombres de los ríos que empiezan por guad-, o monte Fujiyama, tautopónimo porque yama es ‘monte’. Por eso en la Wikipedia aparece como monte Fuji. En la propia Wikipedia se pueden encontrar muchos más, como río Misisipi (en algonquino ya significa ‘río’), lago Míchigan (en ojibwe ya es ‘lago’), etc. De manera similar, sin ser topónimo, al decir pera bergamota caemos en pleonasmo porque bergamota viene del turco beg armudi, donde armudi es ‘pera’ y beg es ‘bey’ o ‘señor’. Estaríamos, pues, diciendo la pera pera del señor.

2015-04-21 12.07.51Así nos ilustraba mi hermano con estos y otros muchos apellidos vascos más (más de ocho, desde luego), algo que, después de todo, a la larga, cuando uno se daba cuenta de que era capaz de sacar el significado de uno nuevo que veía, tenía su gracia. He de confesar que para mí lo de Etxeberria fue una revelación tan grande como cuando descubrí que en muchísimas cremalleras pone YKK o que quicksilver significa ‘mercurio’ o que el apellido Smith significa ‘herrero’ y Schneider ‘sastre’ o que el logo de Chupa chups lo diseñó Dalí y el de La Caixa Miró.

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En esto de enseñar técnicas, la verdad es que mi hermano a veces es como Lao Tsé, es decir, que si alguien le pide que le ayude a pescar, él no se limita a pescarle un pez a esa persona, sino que le enseña a pescar para que pueda hacerlo cuando quiera sin necesitar que mi hermano esté.

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Pues bien, volviendo al vasco o euskera, en cuanto mi hermano conoce una chica vasca, por su carácter generalizador, da por hecho que como su ex novia aprendió antes vasco o euskera que castellano o español, todos en el País Vasco tienen que haber hecho igual, sean de donde sean. Bien es cierto que gracias a esto las vascas se libran, solo por su procedencia, de la prueba de septentrional. La chica de esta noche en concreto era de Bilbao y mi hermano empezó a soltarle su ristra o ringlera de palabras. Una de sus expresiones preferidas, para demostrar que va más lejos que un simple eskerrik asko, que de todos es sabido que significa ‘gracias’, es ez horregatik, que significa ‘de nada’ (con ese ez ‘no’ típico de las papeletas vascas cuando hay referéndum); pero también tiene en su repertorio on egin, que significa ‘que aproveche’, y que a veces confunde con egun on que creo que es ‘¡buenos días!’. Generalmente las chicas le dicen que qué guay, pero que ellas no saben mucho vasco y él no se da cuenta de que le dicen esto para que pare.

En este caso procedió igual, es decir, no paró hasta que una vez pasado el Ni naiz, con el que se presenta, y después de unos cuantos apellidos, la chica le dijo que de verdad que no sabía mucho vasco, de una manera lo suficientemente antipática como para que hasta él se diera cuenta de que tenía que parar. Entonces pasó a la infalible «táctica de la mano» y siguió hablándole de otras cosas. Entre ellas le contó lo de que se habían dejado las llaves y que el problema es que tenían que volver luego porque estaba la perrita de su amigo dentro (lo cual no sonó muy bien), que, si no fuera por eso, su amigo podría irse a dormir con él y volver al día siguiente cuando estuviera el portero. Mientras contaba esto, de repente se le ocurrió hacerle a la chica una pregunta de esas raras suyas que no tienen sentido, pero gracias a la cual recibió la respuesta que ahora sigue. La pregunta fue:

—Por cierto, ¿no tendrás una ganzúa en el bolsillo?

A lo que ella con cara de resignación respondió:

—A ver, tío, que de verdad que no hablo vasco.

Viendo que la chica no tenía ni idea que ganzúa era una palabra del español, a mi hermano se le puso una cara de felicidad y satisfacción impropia cuando alguien te acaba de dar una mala contestación, pero típica de cuando él escucha alguna perlita de estas, como aquel día en el que, al salir de una película muy mala en el cine, Mufo (otro amigo de Pinar de San Martín) dijo: «¡Qué bodorrio de película!», queriendo decir «¡Qué bodrio!».

No obstante, en defensa de la chica hay que decir que, al día siguiente, mi hermano pensó que a lo mejor la palabra venía del vasco. La buscó y, efectivamente, así es, lo cual quita algo de gracia, aunque no mucha, al asunto, porque generalmente si alguien no sabe el significado de ganzúa mucho menos sabe que procede del vasco, aunque sí es verdad que suena a vasco. Es como si a alguien le pides un cigarro y te responde «A ver, tío, que no sé maya».

ganzúaEn fin, yo sé que preguntas raras como la de si alguien lleva una ganzúa en el bolsillo las hace mi hermano inspirado en películas. En este caso, por ejemplo, yo creo que lo de preguntar por algo que es difícil que se tenga en el bolsillo, lo sacó de los hermanos Marx, de la célebre escena de «la parte contratante» de Una noche en la ópera, en la que Groucho, que solo ve de lejos, está intentando leer un papel alejándolo lo máximo que puede con los brazos extendidos y, como sigue sin ver, le pregunta a Chico si tiene un chimpancé en el bolsillo.

Otras preguntas que hace a veces mi hermano sin venir a cuento son si la chica ha estado alguna vez en una prisión turca, tomado de Aterriza como puedas, o si a la chica le ha picado alguna vez una abeja muerta, de Tener y no tener. Cosas raras de mi hermano. A saber qué se le pasa por la cabeza o qué pretende cuando lo hace.

Antes de volver a intentar abrir la puerta del Galgo, para hacer tiempo antes de que llegara el portero, mi hermano, Quero (otro amigo de la infancia de Pinar de San Martín que luego será clave en la aventura que está a punto de llegar) y el Galgo fueron al bar de desayunos por excelencia de mi hermano, al que él llama don Pelayo, empleando una metonimia o sinécdoque (que sigo sin saber muy bien la diferencia), al nombrar a un bar por su objeto vendido, pues así es como se llama el queso de Tóldoz que allí ponen y que según mi hermano es el mejor que ha probado nunca. Ahí se les unió nuestro primo pequeño, al que se encontraron por la calle, y que fue clave para conseguir resolver la situación finalmente o al menos para poner un poco de cordura en lo que sucedió. En compañía de este primo, que se llama igual que mi hermano pero algunos años menor, mi hermano a veces ha estado ligando en discotecas, utilizando la táctica de primo mayor y primo pequeño con el mismo nombre, es decir, por medio de la «táctica de primos tocayos».

Ya en desayunas, es decir, habiendo desayunado, resultó que, al llegar a la casa, el portero no estaba. Mientras pensaban lo que hacer, un vecino que les vio en el portal y que se interesó por ellos incautamente les proporcionó el número de teléfono del portero. Digo incautamente porque mi hermano no dudó en llamar al portero —serían las ocho de la mañana— para ver dónde estaba. El pobre hombre le dijo que estaba de vacaciones. Entonces, no sé por qué, mi hermano le empezó a exigir que le dijera dónde estaba, quizás con la idea de acercarse a por la llave de la portería si no se había ido demasiado lejos, recibiendo la consiguiente y justificada indignación y la obvia negativa del portero. Prudentemente, nuestro primo le quitó el móvil a mi hermano y consiguió averiguar que no iba a haber portero suplente, por lo que tendrían que buscar otra forma de abrir la puerta. Como la chica vasca de la discoteca no tenía una ganzúa en el bolsillo o no sabía si tenía porque no hablaba vasco, se vieron obligados a estar hasta tarde intentando forzar la puerta. Probaron primero con un plástico que les había dado Estanislao, el dueño de don Pelayo, y luego con carnés que, aunque no les servían para nada, llevaban en sus carteritas de Purificación García, como el de puntos del cine o el de la biblioteca, incluso el del club Nintendo que el friki de Quero aún conservaba de cuando era pequeño. Para ayudarse vieron cómo se había que proceder en vídeos explicativos, pero ni por esas (con lo fácil que parece en las pelis), así que pasaron luego a la táctica de los dos alambres, que no eran sino anillas estiradas de un llavero, pero tampoco. Viendo que no conseguían su objetivo, mi hermano le dijo al Galgo:

—Pero ¿seguro que no te quieres venir a mi casa a dormir?

Y el Galgo insistía en que no podía dejar al perro dentro solo.

—Pero ¿por qué? ¿Es que te dan pena los de tu especie?

—Ja, ja. No. Es que no tiene pienso puesto. Bueno, sí tiene, pero es uno que no le gusta.

Esto activó un resorte en mi hermano, que dijo:

—Es que hay que joderse, macho —expresión típica suya—. Con la de gente que habrá dedicada a hacer comida de perros desde hace mucho me parece increíble que no hayan conseguido hacer una comida apetitosa para ellos

—Ja, ja. Bueno, supongo que no será tan fácil y que dependerá del perro.

Aunque la respuesta del Galgo estaba cargada de razón, desde entonces empezaron a llamar el «síndrome del fabricante de comida de perro» a los casos en los que la gente se dedica en exclusiva a una cosa y no consigue avanzar nada.

Fabricantes de comida de perro aparte, el caso es que no consiguieron abrir la puerta. Entonces nuestro El llavero solitarioprimo, que seguía siendo el más sensato, preguntó si nadie más aparte del portero tenía una copia de la llave. La novia del Galgo tenía, pero estaba en un pueblo de la sierra, así que no había nada que hacer, aunque, pensándolo bien… ¡tate!, se les ocurrió que la asistenta del Galgo tenía una copia. Sin perder un segundo la llamaron, despertándola, por supuesto, y le pidieron que les mandara las llaves en un taxi, que ellos ya pagarían al taxista cuando llegara. Así ocurrió, las llaves viajaron en el taxi solas, como llavero solitario, y a su llegada el Galgo pudo entrar y mi hermano y compañía por fin se fueron a sus respectivas casas.

Al día siguiente, cuando mi hermano contó la historia en una cena familiar, precisamente en casa de este primo, todo el mundo les sugirió que deberían haber llamado al seguro, que vienen en veinte minutos aunque sea sábado. ¡Como si las sugerencias sirvieran para algo al día siguiente y no fueran tan inútiles como las puertas acorazadas que se abren en menos de cinco minutos con unas planchas que venden! Pero bueno, al menos para la próxima ya lo sabían.

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