¡Es «marchaos», no «marcharos»!

8

—Buf, qué horror, no puedo ni abrir los ojos —se decían unos a otros.

Al conseguir enfocar la mirada resacosa y ver la hora, mi hermano y Quero gritaron horrorizados y sacaron a Chindas de la cama. El rey Escorpión y Kiko no sabían nada de lo de Altair. Pensaban que, al ser verano, Chindas, Quero y mi hermano habían ido a Favencia simplemente de vacaciones.

Mi hermano, que no quería procrastinar (es decir, dejar para mañana, cras en latin) el asunto metió prisa a los demás:

—¡Venga, nos vestimos rápido y vamos!

—Buf, ¡qué resaca!

—Anda, anda. Nada que no pueda quitar una buena cervecita.

Mi hermano es de los que cree que una cervecita quita o, al menos, modera la resaca; por eso siempre elegía la cerveza en el desayuno con nuestra abuela. A veces dice que una cervecita sienta tan bien como cuando uno lo deja con una chica y se lía con otra.

Con la precipitación ni se ducharon ni pensaron un plan ni le dieron tiempo al rey Escorpión ni a Kiko a que les preguntaran adónde iban. Simplemente fueron andando rápido hacia Altair que, por suerte, estaba cerca de la casa del rey Escorpión. La rapidez no impidió que a mi hermano le diera tiempo a hacer una de las suyas al ver un pulpo de juguete en un escaparate:

—¿Os cuento una cosa divertida sobre los pulpos?

—Bueno, si insistes —contestó Quero medio jadeante y pensando que les iba a contar que era el único animal que tiene las pupilas rectangulares, además de las cabras.

—Insisto. ¿Sabéis de dónde viene el nombre de pulpo?Closeup_of_goat_eye

—Pues no.

—A ver, ¿cómo se dice mucho en griego?

—¿Mucho?

—Sí, como en muchas sílabas.

—Ah, poli.

—¡Exacto! ¿Y pie?

¿Pedo? Je, jedijo Quero después de pensar un poco.

—No, eso es en latín, creo, como en cuadrúpedo, pero en griego es…

—¡Podo! —dijo Chindas—; como en octópodo.

—Justo. Pues como los pulpos tienen muchos pies, eran polípodos, de donde se deriva pulpo. Es parecido a lo de cefalópodo, que significa con los pies en la cabeza. Cefalea, por ejemplo, es ‘dolor de cabeza’.

De esta manera llegaron a Altair sin pérdida, gracias, por supuesto, a las nuevas tecnologías (Google Maps) y a la orientación de Chindas, pues si hubiera sido por la orientación de mi hermano no habrían llegado nunca.

El edificio de Altair era el típico edificio lúgubre, de color gris, como de las películas de los 90 —de hecho, para que el momento estuviera mejor ambientado, estaba lloviznando—. El edificio tenía bastantes plantas, aunque según comprobaron en el cartel de la puerta, solo tres de ellas pertenecían a Altair. Para entrar había un botón como los de los bancos donde ponía «Recepción». Mi hermano lo pulsó como solía hacer todos los días en casa de nuestros abuelos, es decir, imitando el inicio de The Bitter End de Placebo.

—¿Sí? —contestó una voz de chica enojada.

—Teníamos una reunión en Altair.

—¡Pasen!

Y se abrió la puerta.

Nada más entrar mi hermano pegó un grito y se fue corriendo a tocar una mesa de madera. Cuando le preguntaron qué le pasaba les señaló un cuadro de un presidente de Estados Unidos que le daba gafe, cuyo nombre por supuesto yo no voy a mentar aquí. Mi hermano antes si veía u oía algo gafe se tocaba una cuenta de madera de una pulsera de la amistad, de las que se compraba con Sano en Roldana, pero la cuenta se le cayó y, aunque ahora sigue haciendo el gesto de tocarse la pulsera, por si acaso toca también algo de madera con patas, que es lo propio. Solo cuando no hay más remedio, como cuando de viaje en coche ve la publicidad de algún toro por la carretera (que ha leído que son puntos negros de accidentes) se conforma con tocarse la muñeca.

Superado este numerito, encontraron a una recepcionista jovencita que, de primeras, incluso antes de que mi hermano chillara, seguramente por lo del telefonillo, ya les estaba mirando con desdén. Esto no suponía un problema, por supuesto, porque mi hermano conocía muchos trucos para hacerle cambiar de expresión. Lo primero que hizo, mientras se acercaban, y sin que le vieran Chindas y Quero, fue levantar las cejas a su modo mientras decía un «¡Hola!» de los suyos, más moderado, eso sí, que los de su peor época. La recepcionista, viendo las caras de sueño que traían y su ropa arrugada, frunció aún más el ceño. Entonces se apoyaron los tres en el mostrador, como si estuvieran en el Oeste y fueran a pedir una copa, pero como no tenían plan alguno, se quedaron callados. La recepcionista preguntó, sin responder al «¡Hola!» de mi hermano:

—¿Qué querían?

—Ah, pues, es que teníamos una reunión en Altair.

—¿En Altair? ¿Con quién? —dijo desconfiada después de haber comprobado, en lo que habían tardado en llegar hasta la mesa, que no había ninguna reunión programada.

—Eh… —empezó a decir mi hermano. Y para ganar tiempo, viendo que la recepcionista tenía un cartelito donde ponía que se llamaba Leticia, cambió la dirección de la conversación—: ¿Tú sabes lo que significa Leticia en latín?

—¿Perdón? —refunfuñó la recepcionista confundida—. Pues no, pero…

—Significa ‘alegría’, como la que deberías sentir de ser tan guapa.

Y entonces, cuando parecía que le iba a hacer la táctica de la mano, Quero y Chindas le detuvieron y tomó la palabra Chindas:

—Perdone. Nada, veníamos a ver a… José Sánchez.

Para llegar a ese nombre Chindas utilizó la táctica que usa Sheldon en Big bang theory cuando responde «Mohamed Li» intentando adivinar el nombre de alguien, entendiendo que matemáticamente es lo más probable porque Mohamed es el nombre más común del mundo y Li el apellido. Chindas, al menos, fue algo más perspicaz y utilizó un nombre y un apellido de una misma lengua.

—Pues, lo siento, pero no tenemos ningún José Sánchez en la empresa —dijo la recepcionista sin mirar ningún papel—, así que, no sé a qué habréis venido, pero no me hagáis llamar a seguridad.

—Tú no sabes quién somos —exclamó mi hermano con una de sus clásicas contestaciones que nunca le sirven más que para recibir respuestas como la que recibió en este caso.

—Pues no. No sé quiénes sois. Así que, marcharos, por favor.

Mientras Quero y Chindas, que habían asumido la derrota, se llevaban a mi hermano, este todavía tuvo tiempo de decir (por supuesto, por pura información, no corrigiendo):

—¡Es marchaos, no marcharos!

Y se marcharon.

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Latinismos, banderas, el punto y coma y otros ruidos de animales

2

Mi hermano es el típico que sabe que los de Calatayud son bilbilitanos y los de Fuerteventura majoreros, o que está mal dicho a grosso modo, y hay que decir grosso modo, o que es veni vidi vici y no veni vidi vinci. Incluso sabe explicar por qué es vici y no vinci y lo sabe pronunciar a la clásica, es decir, viki y no vichi o vinchi, como dicen algunos a lo Leonardo. Y, por supuesto, sabe que según Plutarco estas palabras las dijo Julio César después de la batalla de Zela.

200px-Escudo_de_la_provincia_de_Ávila.svgMi hermano es también el típico que sabe que las cigüeñas crotoran y que las panteras himplan. No en vano, todavía celebra el haber elaborado de pequeño en el colegio una lista de más de cincuenta ruidos de animales, en una época en la que no era tan fácil realizar búsquedas en diccionarios. Lo que con mayor entusiasmo y ufanía cuenta es que años después su profesor le enseñó aquella lista, que conservaba aún porque le seguía siendo útil con los alumnos.

Mi hermano, además, se sabe las capitales de todos los países, con especialidad en islas oceánicas del tipo de Tonga —capital Nukualofa—, e, incluso, Niue —capital Alofi—, pero también las de colectividades de ultramar como Wallis y Futuna —capital Mata-Utu—, países insulares como los holandeses Curazao, Sint Maarten y Aruba y otros como las Islas Cook; y hasta se llegó a aprender las capitales de los estados de Estados Unidos, en este caso para intentar ligar con las americanas cuando estuvo de estancia en Nueva Isla.

Mi hermano es el típico que sabe que el nombre del país Kiribati viene de una mala pronunciación de Gilbert, el apellido de un capitán británico que anduvo por allí. Es además el típico que tiene nociones de vexilología (como Sheldon en Big Bang Theory) y no solo sabe lo de las dos vacas en el escudo de Andorra, sino que sabe que en la bandera de San Pedro y Miquelón 1024px-Flag_of_Saint-Pierre_and_Miquelon.svghay una ikurriña (de ikur ‘señal’ o ‘signo’) o que en el escudo de la provincia (que no de la ciudad) de Ávila hay una cebra (creo que esto lo sacó de Saber y ganar); y, por supuesto, es el típico que sabe que la palabra tabú es de origen tongano —ya que hemos hablado de Tonga— y significa ‘lo prohibido’, o que tatuaje es de origen samoano.

Diría que hasta es el típico que sabe usar el punto y coma, pero no sé si llega a tanto. Eso sí, por lo menos sabe que el punto y coma no se pone para indicar una pausa menor que la del punto y mayor que la de la coma, sino que hay razones sintácticas detrás.

En definitiva, que mi hermano es el típico que sabe muchas cosas, no siempre aburridas, pero eso sí, la mayoría posiblemente inútiles a ojos de muchos, y muchas de ellas seguramente inventos de la Wikipedia, los llamados por él fake facts. Además hay otras muchas cosas que no sabe. Pero no adelantemos acontecimientos.

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