Uve doble ele ele (1)

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Otras locuras o dejémoslo en cosas peculiares de mi hermano tienen que ver con los camareros. Los camareros son una de las obsesiones de mi hermano en las discotecas, sobre todo las camareras, por supuesto, pero también ellos. Entre otras perlitas para con este gremio tiene una típica respuesta que yo creo que ha cogido de alguna película o serie. Cuando una camarera le pregunta si quiere algo más él responde:

—No sé, ¿quiero algo más? —y guiña el ojo igual que Joey en Friends. No en vano hubo una época en la que a mi hermano le llamaban Joey, principalmente cuando le dio por entrar a las chicas diciendo «¿Cómo va eso?».

También cuando paga con tarjeta tiene su ritual. Cuando le pregunta 20150922_132523alguna camarera si quiere copia él contesta «¿De ti o del recibo?» escalofriándola (de manera similar a cuando una noche en la cola de Valhalla tuvo un roce con un quinqui, el cual le amenazó diciendo que por menos había visto navajazos, a lo que mi hermano contestó con la fanfarronada «¿Tuyos o míos?»).

Como la tarjeta de mi hermano es de firmar, aprovecha la ocasión para, en vez de poner la firma, pintar corazones o firmar con una X, queriendo hacer la gracia de parecer analfabeto; o pone su teléfono, o pinta la clásica pantera rosa hecha con hexágonos. Todo un repertorio que, al principio podía resultar gracioso, pero que luego ha empezado a ser un poco tedioso, máxime cuando alguien que nunca lo ha visto lo celebra o cuando a veces las camareras se ríen e, incluso, se lo enseñan entre ellas. Un día, por ejemplo, al firmar, pintó un corazón y después puso su firma, tras lo cual le dijo a la camarera:

—Lo primero para el banco lo siguiente para ti.

La camarera se partió de risa, y más cuando al pedir la siguiente copa y escribir lo mismo mi hermano lo dijo al revés:

—Ahora lo primero para ti y lo segundo para el banco.

Y guiñó un ojo.

Pero su éxito más rotundo fue el día que le escribió una poesía a una camarera en la caja del Big Mac en un McDonalds. La camarera al leerla se metió donde se preparan las hamburguesas, y de repente, cuando ya no se la veía, se oyó una carcajada de todos los que estaban dentro. Mi hermano miró orondo a su compañero de desayuno de aquel día, que ahora no recuerdo quién era.

Otro de sus grandes éxitos a la hora de firmar el recibo de la tarjeta fue en el restaurante de Roldana al que siempre vamos a comer chanquetes, cuando, a la hora de firmar el recibo, la camarera no tenía boli, y mi hermano, sin saber si funcionaría, se tiró un triple y le dijo que no se preocupara, que en ese papel se podía firmar con la uña, que era como papel calco; cosa que curiosamente consiguió hacer cuando lo intentó. La camarera, sorprendida, se lo agradeció y le dijo que bueno era saberlo para la próxima.

También a la hora de pagar, si pide un chupito de Jagger o de tequila, suele ofrecer uno al camarero en cuestión diciendo bastante rápido «Dos chupitos de Jagger. Si tú quieres uno, tres», sabiendo que generalmente o el camarero no puede tomar porque está trabajando o, si puede tomar, con este truco no cobrará ninguno. De esta manera, aun en el caso de que le cobren el chupito, al menos siempre consigue quedar bien y casi siempre le invitan al segundo (al segundo chupito, digo, no que le invitan al instante).

Otro truco fundamental para quedar bien es dejar un euro de propina por copa. Dice que un euro más al precio que están las copas no se nota, y que, como poca gente lo hace, los camareros agradecen y aprecian mucho el gesto. Considera una tontería no hacerlo y para demostrarlo siempre cuenta la historia de que una vez en Ribancho, al darle un euro a una camarera, esta le preguntó «¿Sabes quién soy?». Ante el intrigado no de mi hermano, le desveló que era la dueña del bar y le dijo que a partir de ese momento estaba invitado a todas las copas que quisiera (a las suyas, eso sí, que no era plan de que se pusiera a invitar a copas a todos sus amigos. Encima con exclusividad, pensaría él).

La mejor propina que dio de esta forma fue una vez en Roldana cuando compró previamente el típico euro de recuerdo que viene pintado por una de las dos caras, en este caso, con una palmerita y con el nombre de Roldana. Cuando llegó a la discoteca sorprendió con este euro especial a la camarera a la que llevaba dándole un euro de propina todas las noches. La cautivó realmente.

Otro truco que hace, en este caso para que los camareros se acuerden de lo que bebe y no tener que gritar con el estruendo de las discotecas, es decir «uve doble ele ele», lo cual lógicamente, y él lo hace aposta, al principio el camarero no entiende, pero que explicado como White Label con (Coca Cola) light cobra sentido y es efectivo para que ya no se le olvide al camarero ni lo que significa ni lo que pide mi hermano.

Precisamente es bueno que no tenga que decir lo del White Label porque alguna vez ha tenido problemas con el nombre. Uno de ellos fue en su estancia en Nueva Isla, estancia de la que algún día hablaré con más detalle. Empezó pidiendo White Label, Dewars_White_Label_1pronunciado a la española, es decir, [guáit lábel], y no le entendían. Entonces se le encendió la bombilla y pensó, «Ah, claro, es que se pronuncia [guáit léibel]», pero tampoco le entendían. Entonces miró la botella y cayó en que allí lo llamarían por el nombre de la marca, Dewar’s, lo cual pronunciado con su mejor inglés o jaimglish, es decir, diciendo [díwars], tampoco obtuvo el resultado esperado. Al final, tuvo que señalar la botella, y entonces el camarero exclamó: «¡Oh! [Dúars]».

Lo de jaimglish, por cierto, es como él llama a su forma de hablar inglés, haciendo un acrónimo del tipo de spanglish. Esta variante del inglés de mi hermano es bastante correcta y, al parecer, a las chicas les parece muy mona, sobre todo cuando pronuncia, como tantos españoles, una e inicial en palabras que empiezan por s más consonante, la llamada s líquida, diciendo, por ejemplo, [espéin]. Será que a los españoles nos gusta ponerle una tapa a todo lo líquido.

Otro día en Roldana, mejor dicho, en Pera playa, que es la continuación del paseo de Roldana, donde en verdad está la casa de Chindas, mi hermano le pidió a la dependienta del veinticuatro una botella de White Label. La chica fue a coger una de Red Label (de Johnnie Walker), en la que se ve más grande lo de Label y mi hermano la detuvo exclamando:

—No, no. White Label. —Y acordándose de lo de Nueva Isla añadió—. Bueno, Dewar’s —pronunciado [díwars] porque le parecía demasiado fuerte pronunciarlo [dúars].

La dependienta, autóctona ella de las tierras del sur, contestó:

—Cómo que da igual —pronunciado [diwáh] en almeriense—. No, no, si me has pedido White Label te pongo White Label.

A su lado su amiga Cami 2 se empezó a reír y mi hermano, con su bondad innata, para que no se sintiera mal la dependienta, que con su mejor intención le había recriminado, dijo:

—Ah, ¿que he dicho da igual? Pues no me he enterado. No, sí, mejor White Label si se puede.

De Cami 2, ya que es la segunda vez que la menciono, diré por ahora que es una de las mejores amigas de mi hermano, con la que alguna vez ha tenido alguna historia graciosa que ya irá saliendo en este o en un futuro relato. Es suficiente por ahora contar, por ejemplo, que, como mi hermano y Cami 2 tienen las casas muy cerca en Roldana, muchas veces bajan juntos y solos a la playa. Tanto tiempo pasan juntos y solos que fue inevitable que el padre de Cami 2, de la vieja escuela, cuando se estaban conociendo, les viera y se mosqueara. Queriendo no creer que le estaban levantando a su hija delante de sus narices y observando que mi hermano iba muchas veces con un bañador rosa, un día le preguntó a su hija, como queriéndola disuadir de sus posibles intenciones, si su amigo era mariquita y que por eso llevaba un bañador rosita con flores hawaianas. Cami 2 se desternilló pensando en la posible reacción de mi hermano al enterarse. Cuando se lo contó, mi hermano se ofendió un poco, pero contestó con sorna diciendo que qué tendría que ver, que eso lo decía su padre porque viendo su atractivo había temido que Cami 2 cayera rendida en sus brazos y se acogía a la esperanza de que fuera gay (pronunciando [gái] como manda la VEI); que además el bañador se lo había regalado una ex novia y que, si de algo era el bañador, era de surfero, lo cual es lo más macho que hay.

Esta y otras historias que irán saliendo han unido y desunido a la vez, es decir, han unido, a Cami 2 y a mi hermano. En este caso, hay que reconocer que mi hermano tuvo una extraña etapa en la que le encantaba el color rosa: siempre se pedía la ficha rosa en el Trivial, llevaba calcetines rosas y hasta se compró las Sparco, cuando se pusieron de moda, de ese color. Aún hoy le quedan algunos vestigios de ese gusto cromático, como ir con chaleco rosa a las bodas de las que le hacen testigo.

Volviendo al tema de las discotecas, lo de pedir con Coca Cola light mi hermano ahora lo sigue haciendo por no engordar. Y es que, cuando le advierten que el alcohol engorda, él dice que lo que engorda es la Coca Cola, no el alcohol. Pero en su momento, cuando estaba más delgado, empezó a pedir Coca Cola light porque descubrió, la primera vez que estuvo en América, que allí la Coca Cola light se llamaba Diet Coke, y le encantaba pronunciar el nombre: [dáiet cóuk].  Así, con la tontería, se acostumbró al sabor y desde entonces siempre pide Coca Cola light, aunque es verdad que ha tenido alguna época de rebeldía en la que ha pedido Coca Cola normal o, incluso, a veces zero.

Aunque todas estas cosas puedan parecer excentricidades, el caso es que mi hermano, gracias a ellas, consigue algunos favores, y no solo el susovisto del día que le invitaron a todas las copas en Ribancho. Por ejemplo, entre lo del euro y lo del uve doble ele, muchas veces no tiene que esperar cola en la barra para pedir. Con levantar las manos por encima de la gente con un dedo levantado el camarero se lo pone. A veces en vez de un dedo indicando que quiere una copa, levanta tres dedos de una mano haciendo una uve doble y dos de la otra haciendo una ele. Y así, aunque es un panoli o pagafantas invitando a chicas, es experto en que los camareros le inviten a cosas.

Continuará…

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Operación monokini o los etimológicos y morfológicos peligros de dormir como un choto recién amamantado

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Pero no siempre eran incorrecciones (perdón, supuestas incorrecciones de la gente provocadas por la natural evolución de la lengua) lo que encontraban o en lo que se fijaban. También escucharon alguna vez hermosas expresiones. Por ejemplo, otro día escucharon a un chaval que decía: «Pues yo hoy he dormido como un choto recién amamantado». Esto inevitablemente le trajo a la memoria a mi hermano un día en Roldana cuando al volver de fiesta, después de un rato de clásica pistachada en la terraza de Chindas, que ya se había acostado, le dijo, estirándose, a Lízar:

—Uf, yo me voy a la cama ya que estoy matado. Hoy voy a dormir como un choto recién amamantado.

Pero muy lejos de sus pretensiones, en vez de irse a dormir como tal cría de animal, se puso a discutir con Lízar sobre qué era un choto. Tenían dudas de si era la cría de la vaca o de la cabra o la oveja y tenían dudas de los años que tendría un choto. Por si esto fuera poco, les saltaron a las mientes también lechón y lechal. Y se empezaron a enzarzar en la que desde entonces fue llamada «discusión del choto, lechón y lechal». Si hubiera estado Quero se lo habría resuelto fácilmente.

Les sonaba lo del cordero lechal y el lechón sonaba a cochinillo. Pero si choto era de la vaca, entonces, ¿qué era ternera? Y también les sonaba que choto era de la cabra. Y encima luego estaba chivo, que eso sí que es cabra, ¿no?, por lo de la barba de chivo. Estuvieron bastante rato discutiéndolo y, aunque llegaran a un acuerdo, lo reconsideraban y se volvían a hacer un lío. Como acababan de volver de fiesta decían cosas de las que luego se desdecían y uno podía defender lo que el otro pasaba a defender más tarde sin llegar a un acuerdo. Menos mal que sus neuronas solo daban entonces para palabras con ch y no pensaron en recental y añojo, por ejemplo, lo cual les habría liado aún más.

En esas estaban cuando su eterna, enmarañada y bucúlica discusión fue interrumpida por unos ruiditos y bisbiseos de chicas fuera de la terraza en la piscina de la urbanización de Chindas (llamada «la Hortensia»). Al oír los ruiditos, mi hermano salió escopetado, como el legionario que contaba nuestro abuelo que en Roldana, cuando vio a una chica en bikini por primera vez, bramó como un toro, «Muuuuuuuu», y fue corriendo a por ella como para embestirla. Lízar salió corriendo detrás. Al llegar a donde estaban las chicas, antes casi de saludar, les preguntaron si sabían lo que era un choto, lo cual quedó fatal, por supuesto, pero enseguida lo arreglaron preguntando por lechón y lechal. chotoTan intrigados habían acabado con el tema que no se estaban dando cuenta ni de que a las chicas les faltaba la parte de arriba del bikini ni de que por preguntarles estaban interrumpiendo su romántico baño en la piscina. Cuando por fin reaccionaron, empezaron la retirada disimulando muy mal, entre mirando y no mirando lo que la falta de bikini dejaba al aire, hasta que llegaron a la terraza y se fueron a dormir.

Y durmieron, después de tantas emociones, como verdaderos chotos recién amamantados, signifique choto lo que signifique. (La verdad es que si hubieran que estar como una chota es estar como una cabra, podrían haber deducido que un choto tiene que ver con las cabras. Pero nunca se sabe.)

Y ya que he vuelto a referirme a un bikini, que en este caso era más bien un monokini, creo que es buen momento de hablar del reanálisis. Según nos contó mi hermano un día, el reanálisis consiste en interpretar alguna palabra o parte de una palabra de una manera que no corresponde a su significado. Un caso claro es precisamente bikini. Como bikini empieza por bi- y la prenda se compone de dos piezas, esta sílaba se interpretó o se reanalizó como el prefijo bi-, que aparece en casos como bisílabo y que significa ‘dos’. Así, cuando salió una prenda parecida al bikini, pero con tres piezas, se llamó trikini y la de una, monokini. Como bi- se interpretó como prefijo, kini se interpretó consecuentemente como base léxica y sobre ella se han construido otros tipos de traje de baño femenino como el tankini. Es error común, por cierto, creer que el tankini es el bikini cuya parte de abajo es un tanga, como creía yo, sin ir más lejos. No. El nombre viene de tank top, que significa camiseta sin mangas, y kini. Así que es el conjunto de braguita más camiseta sin mangas. También está el burkini, que es el que lleva burka (no el que se usa en Burkina Faso, capital Uagadugú). También hay bikini masculino, el mankini, que es el famoso bañador que lleva Borat en la película y el que desde entonces es frecuente ver en los que se despiden de solteros.

El día que explicó esto mi hermano, como es habitual, aportó información extra:

—Y en verdad bikini viene de que el día de la presentación del primer bikini en 1946, justo el atolón Bikini, de las Islas Marshall (capital Majuro), había sido utilizado por Estados Unidos para una prueba nuclear y entonces se dijo que la prenda iba a ser más explosiva que la bomba de Bikini.

Y siguió explicando la verdadera morfología de bikini:

—Y os estaréis preguntando que de dónde viene en verdad bikini. Pues bikini viene de la palabra Pikinni del marshalés, que está formada por pik, que significa ‘superficie’ y ni que significa ‘cocos’ y, por tanto, significa ‘superficie de cocos’.

Y concluyó con una de sus hilarantes y chuscas agudezas:

—Así que, tanto en su significado original marshalés de bikini como en el actual, los cocos son claves.

Otros casos de reanálisis de este tipo son aquellos en los que se quita la –s de una palabra en singular reinterpretando esta –s como si fuera la indicadora de plural. Yo pensaba que pasaba con metrópoli, que estaba mal dicho porque en verdad el singular era metrópolis, y de hecho así se llama la ciudad de la película de Fritz Lang, pero ya se encargó mi hermano de decirme que lo recomendable para el singular es efectivamente metrópoli (como la revista). Aun así me suena que había algún caso en el que sí que pasaba esto. Le preguntaré.

Ahora, si lo de bikini es un reanálisis morfológico o una falsa segmentación, también hay un curioso caso de reanálisis léxico, es decir, de toda una palabra. Un día mi hermano preguntó a su público de ese momento:

—¿Cómo llamarías a alguien de Kenia?

Unos contestaban keniano y otros keniata. Los que respondieron keniata decían que keniano estaba mal, pero los que respondieron keniano dijeron que también les sonaba keniata. Mi hermano como siempre sonreía cuando, al modo de Eris con la manzana, sembraba la discordia de esta manera. juicio parisY cuando consideraba oportuno interrumpía la discusión para aclarar las cosas:

—Pues resulta que lo recomendable por la VEI es keniano. Lo de keniata se empezó a utilizar porque hubo un presidente en Kenia en los años sesenta y setenta que se llamaba Jomo Keniatta. Cuando en las noticias se aludía a él se hacía diciendo «el presidente Keniatta», igual que se dice «el presidente Rajoy». La gente al oírlo pensaba que Keniatta era un gentilicio, es decir, que se estaba diciendo el presidente de Kenia, en vez del nombre de un presidente de Kenia, y desde entonces se quedó para muchos la idea de que keniata es el gentilicio de Kenia.

Se trata este por tanto de un reanálisis de una palabra que se empieza a considerar como adjetivo, siendo en verdad un nombre en aposición.

El caso de bikini es parecido a lo que ocurre con los acrónimos. Los acrónimos son…, bueno, mejor que nos lo explique mi hermano directamente. Lo que a continuación muestro es un archivo que encontré un día hurgando en su portátil, de lo que parece una novela que empezó a escribir, o quizás un diario. Aquí va:

«No quiero que las palabras se queden entre los libros de mi cuarto, ni en la pantalla de mi ordenador. Las palabras están en todas partes. Por eso empezaré a contaros esta historia, por ejemplo, desde una discoteca, hablando con una chica:

—¿Tú sabes que la palabra discoteca es un acrónimo de disco y biblioteca?

—¿Qué es un acrónimo?

Generalmente, tengo la costumbre de pensar que, por mucha cara de borde y de asco que ponga una chica al hacer una pregunta, si la hace es porque le interesa seguir la conversación contigo. Así que me animé:

—Bueno —siempre empiezo con «Bueno» cuando me encuentro cómodo en una conversación, a la vez que echo los hombros como para atrás y saco pecho a modo de pollo capón; algo raro, creedme, pero mi hermano hace igual, así que debe de ser genético—, en verdad se suele decir de dos cosas. Una: las siglas que forman una palabra, como ovni o láser, que, aunque no lo parezca es la sigla de Light Amplification by Stimulated Emission of Radiation.

La chica me miraba sorprendida con lo de láser y la verdad es que tampoco me costó tanto aprenderme esto y suele impresionar, sobre todo por mi asombroso acento americano, que suena especial cuando me he bebido alguna copa. Y seguí:

—Pero en este caso se refiere a la palabra formada por el principio de una y el final de otra: disco de disco y –teca de biblioteca. ¿Qué te parece?

Llegados a este punto, las chicas suelen inclinarse por una de dos posibles respuestas. La primera es abandonar con prontitud, presteza y premura la escena. La segunda es celebrar mis palabras y mostrar aún más interés. En este caso la chica no pareció demasiado interesada y me dijo una frase clásica:

—Voy un momento con mis amigas.

La verdad es que es normal que una chica en una discoteca quiera estar con sus amigas, pero a esas horas uno considera que lo más normal es que escuchen sus historias. Mientras se iba le grité en alto:

—Pues aún no te he dicho que en inglés este tipo de acrónimos se llaman portmanteaus.

Frase estúpida. Sería raro que se volviera a preguntarme «¿qué es un portmanteau?». Es como ponerle de cebo a un pez otro pez.

Luego, como siempre, me quedé pensando y pensé que debería haberle hablado de la historia de las discotecas o haberle hablado de que hay quien cree que Stonehenge fue la primera discoteca de la historia.

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Aunque, claro, hay chicas a las que no les interesan esas cosas. Eso es porque en verdad son chicas que no merecen la pena. Seguro que si le pregunto «¿Tú sabes quién es Lewis Carroll?», no sabría qué contestarme. En esas estaba cuando otra chica se me acercó y me dijo:

—¿Y qué es un portmanteau?

¡Sobresaliente! Esta es una pregunta que da para una noche larga. Y es mejor cuando te la hacen directamente, sin que tengas que ir tú.

—Pues bien, portmanteau es una palabra de origen francés que significa algo así como ‘portatrajes’ y se usa como ‘maletín’. Lewis Carroll en Alicia detrás del espejo hace que Humpty Dumpty…

—¿Humpty Dumpty? Ja, ja, ja.

—Sí, je, je —me reí a la vez que pensaba para mis adentros: «pero no me interrumpas»—. Humpty Dumpty le explica a Alicia el poema Jabberwocky, que es, precisamente, un poema lleno de portmanteau words o, como viene en la versión del libro que yo tengo: palabras-maletín. Lo que pasa es que esas palabras se las inventó él, pero hay un montón de palabras que se han formado así. Se forman uniendo, generalmente, la primera parte de una palabra con la final de otra. Por ejemplo, brunch es una mezcla de breakfast y lunch; o una nueva como phablet es una mezcla de phone y tablet; y Wikipedia es una mezcla de wiki y enciclopedia. ¿Sabes lo que significa wiki, por cierto?

—No.

—Significa ‘rápido’ en hawaiano.

Siempre dejaba un espacio en mi conversación para la Wikipedia, mi mayor fuente de inspiración en el arte de conquistar a las mujeres. Muchos dicen que lo que viene en la Wikipedia está mal. Yo no sé cómo estará pero sí sé que en la Wikipedia hay miles de cosas interesantes que sorprenden a la gente: ¿Cuál fue la primera marca de coches en poner el cinturón de seguridad que tenemos ahora, o sea, el de tres puntos? ¡Volvo! ¿Y de dónde viene la palabra volvo? Del verbo latino volvo, que significa ‘yo ruedo’. Todo en la Wikipedia. Basta con poner las palabras ‘volvo’ y ‘wiki’ en Google. Y encima nos dicen que el escudo de la marca es el símbolo del acero de los alquimistas. Espectacular. Y seguí:

—Pero hay muchos más portmanteaus o acrónimos, como se llaman en español. Por ejemplo Spanglish, de Spanish e English o portuñol, de portugués y español. También, aunque con deformación, pichinglis, de pidgin e English. Otra: autobús, que viene del francés, está formado por auto y por omnibus (dativo plural de omnis, ‘todo’), que en latín significa ‘para todos’. Hay muchísimas. A partir de ahora te las vas a encontrar por todas partes: ofimática (oficina + informática), los Beatles (de beat y beetle). Y todos los escándalos que terminan en –gate, a partir del escándalo del Watergate. Por ejemplo, en España el EREgate, formado por ERE o expediente de regulación de empleo más –gate. Si nos volvemos a ver algún día seguro que te ha salido alguno nuevo. Por cierto, ¿cómo te llamas?

No hay nada mejor que dejar deberes a las chicas durante la semana. Así te garantizas que, por lo menos, se acuerden de ti, aunque les dé rabia, unos días. Para eso está bien decir palabras que vayan a utilizar seguro. Autobús es una apuesta segura. Y además así les dejas que se luzcan delante de sus amigos y te ven como algo positivo y enriquecedor: “Pues ¿sabéis de dónde viene ‘autobús’…?”».

En fin, espero que con este ejemplo veáis que no exagero a la hora de describir a mi hermano. Yo la verdad es que siempre había pensado que discoteca estaba formada por disco y el sufijo –teca, que significa ‘caja’ en griego y de ahí ‘lugar en el que se guarda algo’. De hecho, mi hermano muchas veces nos ha hablado de las muchas palabras que hay en español con este sufijo, que las sabe porque ha mirado en el diccionario inverso, que es un diccionario en el que las palabras están ordenadas alfabéticamente a partir de su terminación, muy útil para hacer rimas. Por ejemplo, si uno quiere buscar palabras acabadas en –teca tiene que hacer como si buscara acet y encontrará ejemplos como los que nos ponía mi hermano como gliptoteca, que es el lugar donde se guardan esculturas o piedras grabadas, oploteca, el de armas antiguas, donde oplo significa precisamente ‘arma’ (como se ve también en panoplia ‘conjunto de todas las armas’ o en hoplita, que es un soldado griego, con una h que mosquea a mi hermano, porque no sabe que también se puede escribir hoploteca); o también una más fácil como pinacoteca. Incluso, hipoteca viene de este sufijo –teca y significa ‘lo que se guarda debajo’. Ah, y también hemeroteca, el lugar donde se guardan los periódicos, donde hemero significa ‘día’, que también ha dado efímero, por ejemplo, que es ‘lo que dura solo un día’, o Decamerón, el título del libro de Boccaccio, que significa ‘diez días’. Esta etimología de algo relativo al tiempo le gusta mucho a mi hermano, tanto como la de procrastinar, que está formada a partir de cras, que en latín significa ‘mañana’, en el sentido de ‘día siguiente’, hodierno, que significa ‘relativo al día presente’ y viene de hodie en latín, a partir de hoc die, ‘este día’, de donde viene hoy; también hebdomadario, que significa ‘semanal’ y viene del griego hebdomas que significa ‘siete años’ y de ahí ‘semana’; o sesquicentenario que es lo relacionado con un conjunto de ciento cincuenta unidades, formado a partir del prefijo sesqui- que significa ‘unidad y media’. Una sesquihora es una hora y media, por ejemplo. También la ya mencionada hipopotomonstrosesquipedaliofobia o simplemente (entre comillas) sesquipedaliofobia, que es el miedo a las palabras largas y cuyo nombre se deriva del de una palabra que tiene pie y medio de largo, lo cual debe ser mucho (como un pie de Gasol, más o menos).

Como veis las palabras que le gustan a mi hermano son de extrema utilidad por su habitual uso.

Pero bueno, de vuelta a las andanzas en el metro, mi hermano escuchó por enésima vez eccétera, palabra en la que creo que hay una asimilación del sonido de la t en el sonido de la c. Mi hermano decía:

—¡Con lo bonita que es la etimología de etcétera!

Y se ponía a explicar el origen.

Etcétera viene de et, que se sabe que significa ‘y’ y de cetera, que significa ‘las cosas restantes’. Es el neutro plural de ceterus. En una famosa cita aparece el adverbio ceterum, relacionado con ceterus. La cita es lo que se supone que decía Catón el Viejo al final de sus discursos, en plenas Guerras Púnicas, alentando a la destrucción de Cartago «Ceterum censeo Carthaginem esse delendam», que significa ‘Por lo restante, considero que Cartago debe ser destruida’.

Y sin parar, saltando de una cosa a otra, mi hermano seguía:

—Y este delendam es un bonito gerundivo en latín. El gerundivo es el participio pasivo futuro, es decir, más o menos el que significa ‘lo que debe ser hecho’. En español tenemos algunos otros bellos restos del gerundivo como hacienda o agenda que son las cosas que deben hacerse. También reprimenda, por ejemplo, que es cosa que debe ser reprimida, o vivienda, que es el lugar que debe ser habitado. Y también es curioso —nuevo brinco de mi hermano a otro tema, demostrando lo excitado que estaba— el participio futuro pero activo, es decir, el que significa ‘el que debe hacer algo’, no ‘el que debe ser hecho’. Este participio termina en turus, que en masculino plural aparece en el clásico morituri de «Ave, Caesar, morituri te salutant» que significa ‘los que van a morir’ y que es error común creer que le decían los gladiadores a Julio César, pues, en verdad, parece que se lo dijeron unos condenados a Claudio. También tenemos restos de este participio de futuro en español. Sin ir más lejos, la palabra futuro es un participio activo futuro del verbo sum, que es ‘ser’ en latín, y que por tanto significa ‘lo que ha de ser’, pero también lo tenemos en aventura que es el participio activo futuro de advenire ‘suceder’, y que, por tanto, significa ‘lo que ha de suceder’, como la aventura que vamos a vivir ya nosotros. Eso sí, Arturo no es el que va a estar harto.

Lo de que futuro sea un participio futuro, por cierto, es muy bonito. Al final resulta que en español tenemos que pasado es un participio pasado, presente es un participio de presente y futuro, lo dicho, un participio de futuro.

Pues bien, estas y otras muchas anécdotas, deseos, sustos y curiosidades, trataron, pidieron, vivieron y escucharon mi hermano y Quero en sus incursiones lingüísticas. Dejo las no contadas para el futuro con la idea de volver a ellas cuando el texto me recuerde alguna de especial interés, que ahora me temo que urge acometer la tantas veces anunciada aventura, la cual me dispongo ya a empezar a contar, comprendiendo que por mucho que como aventura sea algo que está por suceder, estaréis ya impacientes por que empiece de una vez a fraguarse.

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